Domingo, 22 de enero de 2017

| 2007/05/02 00:00

“De nuestra organización no se burla nadie”

Semana.com revela cómo fue que los paramilitares empezaron amenazando y luego controlando a la alcaldesa de Soledad, Rosa Stella Ibáñez Alonso. Una muestra de cómo llegó el dominio de este grupo armado en municipios como este de 500.000 habitantes.

La fiscal Deicy Jaramillo Rivero, Edgar Ignacio Fierro Flórez, alias don Antonio, y Camilo Bocanegra Bernal, su abogado durante la última audiencia ante los fiscales de Justicia y Paz, hace dos semanas. FOTOS: CORTESÍA DIARIO EL HERALDO

El encuentro fue en un lujoso edificio a orillas del mar en El Rodadero en medio de estrictas medidas de seguridad. Edgar Fierro se le presentó y le dijo: “Alcaldesa yo soy don Antonio”, se quitó las gafas y las puso sobre una mesa de centro, después desenfundó el revólver y lo puso allí tambíén. La entonces alcaldesa, Rosa Stella Ibáñez Alonso, entró en shock.

A Rosa Stella las AUC le habían asesinado a su esposo, José Castillo Bolívar, el 30 de septiembre de 2003 en la terraza de su casa. Castillo era candidato a la Alcaldía de Soledad y la señora Ibáñez una anónima ama de casa. Ese hecho cambió su vida para siempre.
 
A la semana siguiente tomó la candidatura de su difunto esposo y aunque no se pudo inscribir, el periódo ya se había cerrado, resultó elegida el 30 de octubre de 2003 con la foto y el nombre de él en la papeleta. Casi tres años después y en medio de detenciones y denuncias de ser colaboradora de los paramilitares, el Consejo de Estado sentenció la nulidad de su elección por haber sido elegida y posesionada sin haberse inscrito.

Su gobierno fue muy polémico. Estuvo plagado de desaciertos y hechos de corrupción. Y muchos le critican haberse rodeado de un extraño personaje que había sido alcalde de Fosca, Cundinamarca, y diputado por el mismo departamento, Édgar Riveros Rey, también preso hoy por los mismos hechos.
 
Este personaje, según la mayoría de personas en Soledad, era su consejero de cabecera y el autor intelectual de la corrupción que vivió el municipio durante sus tres polémicos años. Pero lo más grave fue haber comprometido los recursos de la educación para colaborar al grupo de paramilitares que operaba en Barranquilla y Soledad bajo el mando del jefe del frente José Pablo Díaz, Édgar Ignacio Fierro Flórez, alias ‘don Antonio’ y del comandante político Carlos Mario García, alias ‘Gonzalo’.
 
En Soledad las autodefensas llegaron a controlar los recursos de la salud y la educación y se presume que pudieron haberse apoderado de más de 9.000 millones de pesos.

Seis meses después de posesionada, Rosa Stella Ibáñez fue convocada a una reunión en El Rodadero con alias ‘don Antonio’. En esa reunión estuvieron presentes Whiler Cobo (q.e.p.d.), alias ‘Gonzalo’; alias ‘don Antonio’ y su asesor y compañero sentimental Riveros Rey.
 
Se dice que éste, a quien conoció en una reunión de alcaldes en Bogotá, se lo recomendaron. Luego de trabar amistad, se enamoraron; y con el tiempo, Riveros terminó pasando largas temporadas en Soledad.
 
En noviembre del mismo año hubo otra reunión en una oficina del Congreso de la República, ninguno de los asistentes precisa en cuál, en la que estuvieron presentes el ex secretario de Educación Alfredo Noya (detenido), Rosa Stella Ibáñez (detenida), alias ‘don Ramón (q.e.p.d) y alias ‘Gonzalo’.
 
En esa reunión deciden que el 20 por ciento del total de la contratación de Soledad se repartirá en cuatro partes: 5% para las AUC, 5% para la administración de Soledad, 5% para los concejales y 5% para que Rosa Stella le pague al ex alcalde Alfredo Arraut (2000 – 2003, hoy prófugo), una deuda por valor de 300 millones de pesos.

La siguiente es una narración que hace el ex asesor y compañero sentimental de la señora ex alcaldesa, Riveros Rey, ante el fiscal que lleva el proceso, de la reunión que tuvo lugar en El Rodadero.

Pregunta el fiscal: ¿Sírvase manifestar como conoció usted al señor alias Antonio, hace cuánto tiempo y dónde lo conoció?

EDGAR RIVEROS REY: No tengo una fecha precisa, creo que fue a mediados del año 2004. Encontrándome con la señora alcaldesa Rosa Stella Ibáñez en el centro Comercial de Barranquilla Buenavista, en el lugar frente de las comidas, se acercó un señor de contextura medianamente obeso, no muy alto, quien dijo identificarse como Cobo, que él era un lugarteniente de un comandante Antonio. De una forma muy sutil se acercó y se sentó en la mesa, manifestando las siguientes palabras:

“Señora alcaldesa ya estamos cansados de buscar por todos los medios que usted nos colabore, que usted apoye a nuestra organización. Usted se ha hecho la de las orejas sordas y no ha querido –me miró y me dijo–, y lo mismo para usted compadre.
 
Yo le manifesté que a qué se estaba refiriendo y me contestó:
“No se haga el hp hermano que a usted lo ha estado tratando de ubicar el señor Gonzalo (Carlos Mario García).
 
La alcaldesa intervino y le dijo que si no se iba, ella llamaba a sus escoltas. El contestó: “No hay ningún problema señora alcaldesa, pero le dejamos constancia que quisimos acordar con usted a las buenas su apoyo y su colaboración, le aconsejo mejor que renuncie a su hp cargo, porque lo que va a venir es bala ventiada.
 
Yo me dirigí a él y le dije cuál es el problema que hay, y él me contestó:

“Compadre usted no sabe muchas cosas, dígale a esta señora que ella no sabe quién es Antonio, que la única manera en éste momento de evitar una tragedia era que ella los apoyara. De todos modos piénselo, porque la demora es que el comandante nos dé la orden. Y no se descuide usted, porque también puede venir para usted”.

Yo le pregunté a qué se refiere y me contestó:

No se haga el pendejo que usted sabe de que le estoy hablando.

El señor se retiró. Unos días más adelante, la señora Rosa Stella Ibáñez me pidió que la acompañara a una reunión a la ciudad de Santa Marta, la noté bastante preocupada, muy preocupada. Le pregunté qué estaba pasando, cual era el problema y me contestó:
“Tengo que ir donde los mismos señores que nos abordaron en el Centro Comercial, quiero manifestarles que ahí les dejo su cargo y que hagan lo que quieran”.
 
Efectivamente, ella le pidió a sus escoltas que no la acompañaran. Personalmente conduje las camioneta. Ella me pidió que nos parqueáramos en el sitio denominado El Rodadero, en un restaurante al aire libre, no recuerdo el nombre. Tenía un parasol azul y los pisos eran de madera y las sillas de madera y tela azul. Esperamos unos quince minutos, se acercó un señor de contextura alta, moreno, nariz aguileña, cabello negro, por su descripción no puedo determinar de dónde era.
 
El preguntó: ¿Señora alcaldesa?

Ella lo miró y le dijo sí.
 
El dijo: por favor acompáñenos.

Seguimos un vehículo, no recuerdo si era Mazda o Chevrolet, Monza azul de vidrios oscuros. Conduje hacia la parte derecha de El Rodadero y a los cinco minutos llegamos a un edificio que estaba frente al mar, tenía parqueadero al aire libre, era un parqueadero en piedra de gravilla. Allí nos hicieron señales de que paráramos y nos bajáramos. Es un edificio que tiene dos torres de blanco con azul. En ese momento se cercó un señor de contextura obesa, como con una cicatriz en el ojo. Saludó a la señora:
 
Señora alcaldesa, por qué todas las cosas tienen que ser así, si no es a las malas no nos podemos ver. Pero no importa, tranquila, no se preocupe, sigamos que arriba está el señor.
 
Este señor me saludó muy amablemente, tenía acento costeño. Subimos unas escaleras de concreto, llegamos a una garita de un vigilante. Allí había hombres armados, con chalecos negros, supongo que antibalas, tenían radios de comunicaciones, armamento, pistolas, otros portaban metralletas y autorizaron el ingreso nuestro.
 
Siguen otras escaleras de concreto, venía un muchacho bajando por esas escaleras, con un maletín de cuero en la mano, gafas oscuras, una camisa blanca, un pantalón beige. Unos zapatos en mocasín, color miel. Me fijé bastante en él, porque vi la manera como el señor que nos acompañaba lo saludó, con bastante reverencia y respeto y le dijo:
 
Señor, acá le traje a la alcaldesa de Soledad.

Entonces no se podía ver la expresión de sus ojos porque tenía gafas oscuras, pero la miró, se río y dijo en un tono bastante sarcástico e irónico:
 
Sigan y se toman un refresco, que ya los atiendo.

Nosotros seguimos subiendo escaleras, abordamos un ascensor, pero antes de subir al ascensor había más personal armado que se comunicaron por radio. Un muchacho nos dijo tomen el ascensor, un ascensor panorámico, no recuerdo el piso al que llegamos, si fue cuarto o quinto piso. Al salir del ascensor nos encontramos con personal igualmente armado y tomamos a mano derecha y nos hicieron ingresar a un apartamento, más o menos pequeño. Nos brindaron dos sillas, había más personas dentro del apartamento, unos se encontraban armados, otros eran personas común y corriente. Esperamos más o menos unos quince minutos y al rato llegó éste señor que había conocido a la entrada del edificio, dijo:
 
Señora alcaldesa, me le presento, soy Antonio.

Vi a la alcaldesa demasiado nerviosa, la noté pálida, vi que su estado no era el mejor. Nos hicieron pasar a una sala, unos diez metros al fondo a mano izquierda, había unos sofás amarillos, una mesa en el centro de la sala, detrás de nosotros llegó el señor que se identificó como Cobo y que nos había abordado en el Centro Comercial Buenavista. Utilizó estos términos:
 
Compadre, aquí las cosas funcionan a las buenas o a las malas y soltó la risa.
 
Al rato este señor Antonio se sentó al lado de nosotros con un señor al cual él se refería como Gonzalo. Este señor Antonio se retiró sus gafas, las colocó en la mesa del centro, sacó su pistola y la colocó también allí. Dirigiéndose a la alcaldesa le dijo:
 
Nosotros no hemos querido hacerle daño a usted alcaldesa ni a su compañero – refiriéndose a mí– , pero casi nos obligan. Debe agradecerle a Gonzalo, porque por mí, seguramente ya ni nos hubiéramos conocido.
 
La alcaldesa donde estaba sentada se tomaba por las rodillas y se mecía. Comúnmente nosotros lo llamamos desmayo o trastorno, no sé si me haga entender. Se recostó sobre la silla demasiado pálida.
 
Gonzalo le preguntó: ¿alcaldesa le alcanzo un vaso con agua, se siente bien?
 
Yo mismo le dije tráigale un vaso de agua y le dije a Gonzalo, présteme una cama donde ella se pueda recostar. Présteme una cama, me ayudó este señor Gonzalo, nos dirigimos al fondo del apartamento, por entre un pasillo el último cuarto a mano derecha.
 
Había una cama semidoble no muy ancha, ahí se recostó. Yo me quedé con ella y Gonzalo se retiró. La acompañé mientras se tomó su vaso de agua. El cuarto tenía un ventanal grande con vista al mar. Le pregunté a la alcaldesa qué hacemos.
 
Ella me contestó: Yo me siento muy mal.

Le dije espéreme, yo hablo con ellos y les digo que esperen un momento mientras te mejoras.

Ella me contestó. No, no, ve tú y hablas con ellos.

Volví al sitio en dónde estábamos en la sala. Este señor Antonio, dirigiéndose a Gonzalo dijo:
 
Qué chicharrón tan hijueputa con esta señora. Me dijo Siéntese hermano. Y me dijo: usted es el hp que no deja que ella nos colabore y que además se la come. Compadre nosotros necesitamos que esta señora nos ayude.
 
¿Yo le pregunté, en qué quiere que ella les ayude? Me causó tanta curiosidad que éste señor Gonzalo, al momento de hablar con ese señor Antonio me corrigió y me dijo que cuando le fuera hablar me dirigiera a él como Señor o Don Antonio.
 
Me manifestó: Necesitamos plata para mantener la tropa y el único hp municipio que no ha querido colaborar es Soledad.
 
Le contesté, pero de dónde quiere, hasta dónde yo conozco o lo que me ha comentado la alcaldesa es que ese municipio está quebrado y prueba de ello es que estaba en la 550 y se les había caído, que la cantidad de embargos hacía imposible que se les pudiera ayudar.

A lo que él contestó: No se me haga el mentiroso, porque tras de ladrón, bufón. Se dirigió en un tono fuerte al señor Gonzalo y le dijo:
 
Donde está lo de la contratación de Soledad y Gonzalo le pasó una hoja de papel, no recuerdo. Me dio la impresión que habían impreso información de la página web del municipio y se dirigió nuevamente a mí en estos términos: Y todos estos hp contratos de dónde han sacado la plata.
 
Mi respuesta fue: Seguramente estos son recursos con destinación específica. Del municipio no hay nada.
 
Me contestó: Sí, pues de estos contratos ustedes nos tienen que entregar un 5 por ciento que es para nuestra organización.

Le contesté: Cómo se puede acceder a lo que usted está pidiendo si todos y cada uno de esos contratos, yo tengo el conocimiento que se están ejecutando, o por lo menos es lo que yo he podido evidenciar y que me ha comentado la señora alcaldesa.
 
Se dirigió nuevamente a Gonzalo y le dijo: Se da cuenta que a usted le ha faltado mano dura.
 
Después se dirigió a mí y me dijo: Compa, de nuestra organización no se burlan y más que éste municipio cuántas canas nos ha sacado. Gonzalo, no puede ser posible que el alcalde de Barranquilla nos haya cumplido, que el alcalde de Malambo también nos haya cumplido. Inclusive, continúo el señor Antonio, está la gente de acá de Santa Marta donde nos acaban de entregar la malla vial y a nosotros en Soledad lo único que hemos hecho es matar guerrilleros, acabar con la delincuencia común y de parte de ustedes no se recibe nada.
 
Haciendo caso de la observación que me hacia Gonzalo, le dije: estas situaciones se me salen de las manos, porque no puedo hacer absolutamente nada.

Me contestó: dentro de la relación que está (me mostró la hoja impresa), cuál es esta cooperativa CONALDE?
 
En ese momento intervino el señor Cobo diciendo: Como así, esa cooperativa hp de la vieja gonorrea Otilia está trabajando en Soledad? Esa vieja es una hp, a mí me tocó amarrarla en Sucre, dura como ella.
Dijo Don Antonio: Vamos a ver si es que nos va a quedar grande, dígame en dónde es la dirección y en dónde la puedo ubicar.
 
Yo le contesté: no sé dónde la puede ubicar.

Intervino el señor Gonzalo diciendo: ¿Quién está al frente de esa obra?

Le contesté: Lo que he escuchado es que uno de los contratistas de esa obra es Tarsicio Gómez.
 
Y de los demás, preguntó Gonzalo. No sé le dije. Intervino nuevamente Gonzalo para decir yo sé más o menos quién es él, déjeme yo me encargo de eso.
 
Después este señor Antonio dijo: me da mucha pena, pero tengo más gente esperando. Lo que sí les quiero decir, Gonzalo téngalo muy claro, que si sus tales contratistas no nos cumplen o nos ayudan, este señor, dijo refiriéndose a mí y la vieja, nos tendrán que responder.
 
Posteriormente se retira ese señor, me paro afanadamente hasta el cuarto donde estaba la alcaldesa le pregunté cómo se sentía y me dijo que muy mal. Le dije vámonos de acá lo más pronto posible, la ayudé a parar y salí de una forma apresurada y rápida del edificio, no sin dejar en claro que bregué con la alcaldesa para ayudarla a caminar y llegar hasta el carro. De esta manera señor fiscal pude distinguir a estos personajes.

Nota de la Redacción: Las autoridades investigan el caso. Algunos de los personajes de esta historia, hoy son figuras centrales del escándalo de la parapolítica.

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