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| 5/23/2004 12:00:00 AM

Defensor anónimo

Jorge Rojas acaba de recibir uno de los premios de derechos humanos más importantes del mundo. Aunque su lucha por los desplazados ha sido casi anónima, el galardón reconoce más de 15 años dedicados a la defensa de los derechos humanos y a la búsqueda de un país alejado del autoritarismo y la indiferencia.

Desde hace más de 10 año optó por ser defensor de los derechos humanos, una carrera desvirtuada en Colombia, que a menudo es comparada con la de comunista o intelectual que pasa días enteros creando utopías. Sin embargo, se ha dedicado a luchar por la causa de las víctimas del conflicto armado. Su pelea era conocida por unos pocos, hasta que la semana pasada recibió un reconocimiento -al que ningún latinoamericano había tenido alcance- que le dio nuevos bríos y más ganas de defender a todos aquellos que a diario tienen que dejar sus tierras huyendo de la violencia.

Pero Jorge Rojas no lo reconoce. Simplemente dice que el 'Humanitarian Award', un premio que entrega una organización de derechos humanos con más de 160 miembros en todo el mundo, es un homenaje para los desplazados y con la humildad e idealismo que lo caracteriza, advierte que nadie puede recibir un premio por cumplir con una obligación. "Creo que ese premio es un reconocimiento a la gente que está sufriendo en medio de la guerra. Mi caso es accidental, me asusta la idea de que a uno lo premien por hacer lo que tiene que hacer. Cada persona asume un compromiso y no debe esperar retribución", dice.

Pero hay razones de sobra para que él y todos lo que trabajan en la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes) sientan la satisfacción del deber cumplido. El premio es entregado por la organización American Council for Voluntary International Action de Estados Unidos a personas de todo el mundo que trabajan por las causas humanitarias, los derechos humanos y la paz. Graca Machel, de Mozambique, reconocida líder mundial por los derechos de la infancia y esposa de Nelson Mandela; Fredy Cuny, activista desaparecido en Chechenia cuando realizaba una labor humanitaria y Ela Bhatt, de la India, premio Nobel Alternativo de Paz, han sido algunos de los merecedores del galardón. Ahora Rojas hace parte de la lista. Aunque dice reiteradamente que su trabajo está lejos de buscar un premio, éste llego en el momento en el que cumple 15 años de lucha.

En ese tiempo, 1989, decidió pertenecer al reducido y desvirtuado grupo de defensores de derechos humanos. Estaba en Ecuador viviendo en el exilio, después de recibir amenazas por cuenta de su labor periodística en el Noticiero de las Siete. Luego hizo una gira por Centroamérica y conoció de cerca el drama de las personas desplazadas en El Salvador. En 1992 regresó al país para aplicar lo aprendido y fundó Codhes en compañía de profesores universitarios y otros profesionales con trayectoria en el campo que vieron en el problema del desplazamiento un asunto casi desconocido. "En ese momento solo se hablaba de víctimas de la violencia, pero no se manifestaba la existencia de una población desplazada, a la que se le vulneran sus derechos", explica. Entonces el primer propósito que tuvo la organización fue visibilizar e informar sobre el flagelo. Rojas cuenta que fue su formación como periodista la que lo impulsó, "mi preocupación era decirle al país y al mundo qué estaba ocurriendo".

A medida que pasó el tiempo y cada uno de los miembros de Codhes adquirió experiencia en la materia, comenzaron a investigar y denunciar el fenómeno con base en cifras y casos específicos. Esa fue la antesala a la ley 387 de 1997 que reconoce el problema y pretende darles garantías a las personas que lo padecen.

Pero la lucha no se quedó allí, sino que trascendió fronteras. "Ahora estamos trabajando en el Congreso de Estados Unidos para que haya un reconocimiento de la población que se desplaza en el marco de las fumigaciones". Si lo logran, explica, "podemos proteger a las personas que huyen de la fumigación en Colombia y que no tienen una opción diferente a cultivar coca".

Frente a ese tema y otros que tienen que ver con las políticas del gobierno y la intervención de Estados Unidos en el conflicto, Rojas es bastante crítico. De hecho, en su discurso en la ceremonia de presentación, a la que asistieron funcionarios del gobierno estadounidense, de la ONU y otros sectores, criticó el destino de la ayuda de Estados Unidos hacia Colombia, cuestionó las fumigaciones por sus consecuencias sociales y ambientales y el que casi la totalidad de recursos que entran sean empleados en armamentos y otros fines militares. "Nadie está pensando en serio en la paz", sentenció ese día. Después, con cabeza fría, sostiene que Estados Unidos no sólo debería dar dinero, sino aportar en el tema de los derechos humanos.

Sobre la administración de Álvaro Uribe Vélez, dice estar de acuerdo "con una autoridad del Estado, pero no con un Estado autoritario. Vamos a un modelo de Estado en el que cada vez se reconocen menos los derechos". Por eso asegura que uno de los propósitos de Codhes es hacerle entender eso al gobierno y a la ciudadanía.

El premio puede representarle un paso hacia la consecución de ese objetivo, pues ha legitimado su lucha y su visión democrática y social del conflicto. Mientras tanto, él sigue "trabajando para proteger a la gente involucrada en esta guerra absurda". Y espera que llegue el día que los colombianos sean conscientes de su obligación con el país, para que así, su trabajo no sea esfuerzo de unos cuantos. "Nuestro deber ético como colombianos es luchar por el fin de este conflicto", concluye.
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