Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/12/2008 12:00:00 AM

Demandantes apelan pruebas del caso Molano

Este martes era la cita de la audiencia preparatoria del juicio contra el columnista Alfredo Molano, acusado de injuria y calumnia. Antes del medio día se terminó para que un juez examine si aprueba los testimonios de Carlos Gaviria, Ramiro Bejarano y Juan Manuel Roca.

La libertad de expresión en Colombia está en vilo. Este martes se presentó la audiencia preparatoria del juicio contra el sociólogo Alfredo Molano por supuestamente haber calumniado e injuriado a la familia Araujo de Valledupar. La diligencia empezó a las 9 de la mañana, cuando ya en el juzgado había varias organizaciones sociales rechazando la demanda, considerada como un atropello a la libertad de expresión.
 
Algunos de los asistentes tenían la boca tapada con espadarapo, insinuando que la libertad de opinión se acabaría si el juez le da la razón a los Araújo. El juez les pidió que se destaparan la boca, que suspendieran su manifestación y que respetaran su independencia. Antes del medio día fue suspendida la diligencia porque la parte demandante apeló que la defensa de Molano presentara como prueba los testimonios de Carlos Gaviria, Ramiro Bejarano y Juan Manuel Roca. 

Según había propuesto la defensa del sociólogo, Carlos Gaviria daría su testimonio para explicar los límites y las relaciones entre la libertad de expresión y la calumnia. Ramiro Bejarano daría un contexto social y político del Cesar. Y Juan Manuel Roca hablaría sobre el lenguaje literario. Pero los demandantes apelaron esas pruebas, que el juez había validado. Ahora, habrá que esperar que un juez de una instancia superior apruebe o no estos tres testimonios. Sólo después de eso se fijará una fecha para el juicio.  
 
La historia del lío que tienen temblando la libertad de la expresión es la siguiente. Alfredo Molano, sociólogo, investigador y crítico analista, publicó una columna en El Espectador el 25 de febrero de 2007 titulada ‘Araújos et al’, en la que critica a notables familias de la Costa Caribe.

Fue implacable y duro. Entre muchas cosas, dijo que “los notables de Valledupar nacieron todos en la misma cuadra y se conocen los trapos íntimos desde niños. Han vivido del contrabando de café y ganado con Venezuela por Puerto López –el de Tite Socarrás–, después, sin duda, contrabandearon maracachafa por Bahía Portete; han escriturado, con parientes notarios, haciendas y predios urbanos a sus reconocidos nombres y les han quitado toda la tierra que pueden a los indígenas de la Sierra Nevada y sobre todo, a los Kankuamos”.

Sobre los políticos de esa ciudad, comentó que “las campañas electorales de estos prohombres son –hoy todavía – un espectáculo deprimente: suben sus delegados en camión a la Sierra, digamos a Atanques, y llevan a los indígenas enchirrinchados a donde necesitan inclinar a su favor la votación. Una vez que, abrazo de por medio, los indígenas votan, los empujan en cualquier esquina para que amanezcan botados, vomitados y sin saber cómo devolverse a su tierra. El espectáculo se repite con la regularidad del Festival Vallenato. Con el mismo procedimiento los llevan a firmar escrituras. Lo que hace Jorge 40 no es más que repetir la historia”.

Después de publicarla,  armaron "cipote" lío cuatro Araújos de Valledupar. Andrés Alfredo Araujo Ariza y Andrés Alfredo Rafael Molina Araujo, cuyos apoderados son Hernán Felipe Araujo Ariza y María Mecedes Molina Araujo, denunciaron a Molano ante la Fiscalía por injuria y calumnia. Sintieron que su apellido había sido lastimado con su artículo. Y se inició un pleito formal. La pregunta del caso es si la opinión es rectificable. Molano escribió una columna en la que dice lo que opina, y hasta ahora en Colombia, la opinión se ha considerado libre, sin importar si la gente está o no de acuerdo.

En un comienzo, los denunciantes dijeron que la única manera de conciliar era que se publicara una rectificación en el diario El Espectador, donde se publicó la columna de la discordia. Pero antes de imprimirse la nueva columna, ellos, los Araujo, debían aprobarla. Obviamente, Molano se negó porque consideró que se trataba de una censura previa, algo prohibido por la Constitución. 

Entonces Molano puso sus condiciones y dijo que sólo precisaría su opinión consultando sobre la conducta de los notables de Valledupar a los ciudadanos de esa ciudad. Obviamente, los Araujo rechazaron esa idea.

El 6 de mayo pasado, se hizo la audiencia pública de formulación de imputación. La defensa de Molano explicó que no todos los notables de Valledupar son Araujo. Claramente, en el aparte de la columna donde se habla de las personalidades de esa ciudad no aparece aquel apellido. La crítica es general para todos, pero sin referirse directamente a ninguno. Finalmente, Molano tuvo que presentar pruebas ante un juez este martes 12 de agosto. Y el juicio va para largo.

Muchos argumentos jurídicos se han mencionado durante este proceso. Quizá uno que se ajusta perfectamente al caso es el que hace la Corte Constitucional en sus sentencias T-263/98, T-213/04 y T-437/04. Allí dice que “la materialización del derecho a la libertad de opinión comprende la manifestación tanto de señalamientos positivos como de opiniones negativas sobre las personas o sus actuaciones. Sin embargo son inadmisibles las expresiones que alcancen niveles de insulto o aquellas que estén dirigidas a personas específicas y que resulten absolutamente desproporcionadas frente a los hechos, comportamientos o actuaciones que soportan la opinión, de tal manera que, más que una generación del debate, demuestre la intención clara de ofender sin razón alguna o un ánimo de persecución desprovisto de toda razonabilidad”.

Pero el debate no se centra sólo en el caso de Molano. El Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas (Ceso-FIP), que representa a 600 mil periodistas en 120 países, ha detectado lo que considera “una perversa modalidad de restricción a la libertad de expresión y de información: el acoso judicial”. En Colombia, ha notado constancia en la “intimidación a los periodistas por medio de acciones judiciales”.

El caso de Molano podría ser un buen ejemplo. Pero, ¿por qué escribió lo que escribió?
En el blog http://molanosomostodos.blogspot.com/, el periodista Javier Darío Restrepo explica seis características de los columnistas. Uno, el columnista de opinión expresa, más que teorías, actitudes ante los hechos y ante otras opiniones. Dos, una columna refleja más que una simple impresión, pero menos que una prueba científica sobre algo. Tres, en las columnas suelen encontrarse las expresiones de partes en controversia. Cuatro, por eso la columna suele estar a favor o en contra de algo. Cinco, en la columna quedan expresadas las conclusiones o los juicios de alguien sobre los temas del momento. Y seis, una columna es la posición intermedia entre la certeza y la duda. Eso explica lo que los opinadores escriben a diario en los medios.


¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.