Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/01/29 00:00

Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario quieren entrar en serio a las FFMM

El Ministerio de Defensa lanzó una ambiciosa y necesaria Política Integral de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, un esfuerzo que, entre otros puntos, contempla la regulación de la fuerza en la guerra a través de la legitimidad y la eficacia.

Este año, los miembros de las Fuerzas Militares y de la Policía comenzarán a ser instruidos más profundamente en el tratamiento de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario. (Fotos: Archivo SEMANA)

El tema de derechos humanos y de Derecho Internacional Humanitario ha sido en la historia de Colombia el ‘coco’ de las Fuerzas Militares. A pesar de ser uno de los países más severos en sancionar su violación y ofrecer toda suerte de estudios a militares y asesores civiles para entender su significado, en la práctica los resultados no han sido positivos.

Casos como el de Cajamarca, donde miembros de la sexta brigada del Ejército asesinaron a cinco campesinos en abril de 2004 (entre ellos dos menores de edad), es uno de los tantos donde por desinformación y ligereza el Ejército violó el derecho a la vida al disparar contra los civiles que no respondieron al llamado de los militares.

Consciente de ese vacío, el Ministerio de Defensa acaba de lanzar la Política Integral de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, un esfuerzo que, entre otros puntos, contempla la regulación de la fuerza en la guerra a través de la legitimidad y la eficacia. Aunque esto podría sonar a un manual más con el que se intentan corregir errores irreparables, todo indica que su efectividad será gracias a que la norma se enseñará desde el entrenamiento y no como un curso teórico adicional a la carrera de militares y policías.

Hasta hoy, los cursos de derechos humanos se dictaban únicamente a los 500 ó 600 oficiales administrativos que nunca estaban en una zona de orden público. Los soldados, por ejemplo, recibían 140 horas de teoría sobre el tema. Con este modelo, ni los que debían saber sobre el mismo lo conocían, ni los que recibían la capacitación retenían bien el tema.

Ahora, se establecieron seis niveles de instrucción acordes con el rango y la labor de cada uno de los uniformados que estarán en las zonas de conflicto. Esto es que un teniente que está al mando de una compañía en el Guaviare recibirá información necesaria, pero diferente a la que debe saber el coronel que se desempeña como jefe de operaciones de una unidad, en el mismo departamento.

Por otro lado, será esencial el manejo de los escenarios para la capacitación. Hasta hoy se manejaban cuatro. Ahora serán más y diversos. Se plantearán dilemas que ocurren en una zona desértica en La Guajira con población indígena, o un obstáculo que se presenta en el pie de monte llanero donde hay un lote de ganado, otro que sucede en las montañas del Tolima y así sucesivamente, tratando de completar todos los escenarios posibles del país en el que ocurren a diario un sinnúmero de acontecimientos en el que los militares pueden violar el DIH.

¿Para qué sirve?

“The rules of engagement es el modelo de esta Política Integral y Colombia la emuló de los británicos para hacer efectiva la aplicación de los derechos humanos en la guerra. Son como ‘Las reglas del enfrentamiento’ que las entenderán desde los soldados hasta los generales. Este es un avance del decir al hacer”, asegura María Victoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz, al explicar de dónde viene el nuevo manual.

Uno de los retos más importantes de la Política Integral es cambiar el chip de que a mayor número de enemigos muertos (las famosas bajas en el lenguaje castrense), más cerca se estará de un ascenso, una medalla de orden público o el reconocimiento de un general de la República. En muchas ocasiones, el afán por acumular litros de sangre trascendió la frontera de la legalidad y terminó en ejecuciones extrajudiciales que hoy son investigadas por la justicia, muchas de ellas ocurridas en el oriente antioqueño.

Por eso organismos como la ONU habían hecho serias recomendaciones al gobierno nacional para frenar esos errores. Y Colombia, sin duda alguna, estaba en mora de organizarles a sus ejércitos algún mecanismo para que entendieran la utilidad de los DDHH y el DIH. Y durante mucho tiempo, en el inconsciente militar reposó la idea de que respetarlos eran una desventaja para ganar la guerra.

Hoy la intención del Ministerio de Defensa es que, por ejemplo, los uniformados lleven consigo un pequeño manual de lo que no se debe y lo que se puede hacer. Desde ya cada una de las divisiones del Ejército tiene un inspector delegado que vigila que todo el reglamento se cumpla; la Armada tendrá otros dos; y próximamente se creará un centro de entrenamiento en Tolemaida para fortalecer la compresión del tema.

Se cree que con la Política Integral, las Fuerzas Militares y la Policía entenderán mejor que la legitimidad del Estado se logra a través del respeto de los derechos humanos y no de lograr más muertos en la lista enemiga, por encima de lo que sea.

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