Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/08/17 00:00

Diez y ocho años después del magnicidio de Luis Carlos Galán, el país aún no sabe quiénes lo mataron

Ya va para dos décadas y los colombianos todavía se preguntan: ¿Sí se conocerá la verdad? Aún no se conocen los nombres de todos los autores intelectuales de este crimen que conmocionó a Colombia.

Diez y ocho años después del magnicidio de Luis Carlos Galán, el país aún no sabe quiénes lo mataron

Después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, este puede ser uno de los hechos más trágicos de la historia política de Colombia: el asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento. Este 18 de agosto se cumplieron 18 años del sangriento hecho. Y la verdad judicial sobre lo ocurrido todavía no se conoce y lo convierte en uno de los tantos crímenes en los que a pesar de tenerse conocimiento de las circunstancias y los móviles, queda la sensación de que no se ha hecho justicia.

En una noche, en el municipio de Soacha, estaba Galán Sarmiento haciendo campaña para la Presidencia. En medio de los vítores, la alegría y la esperanza desbordada, en el parque principal se escucharon tiros de un arma de fuego. Los lentes de las cámaras y los ojos de quienes estaban allí registraron cómo caía un líder político como pocos ha dado el país. Con su muerte también se iba la esperanza de una generación azotada por la violencia que produjo el narcotráfico, y se reponía de la violencia bipartidista.

Galán, como lo llamaban en el escenario político, había nacido el 14 de septiembre de 1943 en la ciudad de Bucaramanga. Cuando apenas era un estudiante, ya dejaba ver su espíritu libertario: en el colegio Antonio Nariño fue líder del movimiento estudiantil contra las dictaduras.

Su trabajo y su pensamiento merecieron respeto de su generación, admiración de sus mayores y miedo de sus enemigos. En su juventud temprana se destacó por ser un estudiante con las mejores notas. Cuando estudiaba Derecho en la Universidad Javeriana de Bogotá, fundó la revista Vértice y luego pasó a ser periodista de El Tiempo, cuando apenas tenía 22 años, allí llegó a escribir cerca de 150 editoriales.

A los 27 años pasó de la sala de redacción al Ministerio de Educación, durante el gobierno de Misael Pastrana. Dos años más tarde fue nombrado embajador en Roma y en 1978 llegó a ser elegido senador de la República.

Fue un hombre preocupado por el escepticismo político de los jóvenes de su época y siempre tuvo claro que su misión sería llevar al país a una renovación política que combatiera la maquinaria heredada del bipartidismo obtuso y clientelista. En 1979 fundó el Nuevo liberalismo, en aras de una transformación a su partido, y en 1982 se presentó a las elecciones presidenciales. Aunque no tuvo éxito, sus aspiraciones se vieron alentadas por la votación que obtuvo, sin duda, una fuerza que merecía respeto.

Pero el Nuevo Liberalismo se acabó en 1989, después de la derrota en la que Galán retiró su candidatura para darle fuerza a la unidad del partido liberal. Cuando el país vivía uno de los períodos más críticos debido a la violencia causada por el narcotráfico, la deslegitimación del Estado y la apatía de la gente, Galán formuló nuevamente su candidatura en el partido que lo había abrigado en el pasado.

El cabello despeinado, bigote, camiseta roja, seño fruncido y la forma de agitar los brazos le daban la imagen de un líder revolucionario salido del Mayo del 68. Galán, sin embargo, creía en la democracia y que las instituciones había que transformarlas desde adentro.

Este se opuso de manera tajante a la corrupción, al narcotráfico y al clientelismo. Para muchos llegó a representar, al momento de su candidatura, la esperanza que sacaría al país y a las instituciones del adormecimiento, mientras la mafia filtraba todos los estamentos.

Sin embargo, el 18 de agosto de 1989, mientras hacía campaña en el parque de Soacha, de entre la multitud, las balas de un sicario apagaron su vida. El plan, orquestado por narcotraficantes y presuntamente por otros poderes, había dado resultado: sacó del camino a quien amenazaba con extraditar a los que traficaban con droga y que seguramente sería el próximo Presidente.

18 años y nada

La semana pasada se conoció la decisión del juez Jesús Antonio Lozano de absolver a al ex oficial Carlos Humberto Flórez Franco, encargado de la red de inteligencia del B-2 en el momento del magnicidio. La noticia preocupa a la familia que está a la espera de un precedente jurídico para que este hecho no quede impune.

Flórez ya había sido condenado por el homicidio del dirigente sindical Teófilo Forero. También la Fiscalía había presentado pruebas de la relación que tuvo con Gonzalo Rodríguez Gacha, el ‘Mexicano’, quien también tuvo parte en el asesinato de Galán. El ex oficial, prófugo de la justicia, estaba acusado de ser quien proporcionó carnés del B-2 a los sicarios, para que se mimetizaran entre la multitud ese día.

Una carta escrita por José Éver Rueda, uno de los hombres que dispararon contra Galán, publicada por SEMANA hace tres años, contaba cómo se había planeado el crimen. En esta escribió Rueda, quien un mes después sería asesinado: “Nuestro enlace principal, ordenado por el ‘Mexicano’ y Henry Pérez, era el teniente Flórez, quien dirigía la red de inteligencia del B-2... Por eso tuvimos éxito en la muerte del doctor Galán, del doctor Teófilo Forero y de Antequera, la bomba de ‘El Espectador’ y la muerte del hijo de Víctor Carranza”.

Sin embargo, incongruencias en los testimonios de un testigo y falta de evidencias contundentes, como dijo una fuente judicial a El Tiempo, fueron los argumentos para declarar absuelto a Flórez. “Me parece preocupante que el juez hubiera desestimado todo el acervo probatorio que hay”, dijo Juan Manuel Galán Pachón, hijo de Luis Carlos Galán.

La familia apelará la decisión del juez y en caso de no hallar una respuesta, acudirán a una instancia internacional. Además, están a la espera del fallo del caso del ex congresista Alberto Santofimio Botero, quien estuvo preso por haber recibido dinero del narcotráfico para financiar su campaña presidencial.

A Santofimio la Fiscalía lo capturó el 12 de mayo de 2005. Se le acusó de haber concertado el homicidio junto con miembros del cartel de Medellín, por considerar a Galán un peligro para sus aspiraciones políticas Los testimonios de John Jairo Velásquez, alias ‘Popeye’, brazo derecho de Pablo Escobar, jefe de los sicarios del Cartel de Medellín y responsable de la logística del asesinato de Galán, determinaron una nueva investigación en su contra. El 7 de julio de 2006 terminó el juicio, sin embargo, inexplicablemente, todavía no se conoce el resultado. El juez que tiene en sus manos la decisión final sobre el destino de Santofimio es el mismo que acaba de absolver a Flórez.

El frente de la investigación que está más crudo todavía es el de la responsabilidad del Estado. Aún no se esclarece qué pasó con los encargados de brindar seguridad; a qué se debió el cambio, días antes, del jefe de la escolta de Galán, Jacobo Torregrosa; por qué no estaba acordonado el parque, como se suponía que debía estar; por qué el DAS y la Policía desviaron la investigación al culpar a supuestos autores del crimen que luego fueron liberados, mientras los culpables confesos iban muriendo.

Diez y ocho años después, el saldo de la investigación no es alentador para un país que reclama verdad y justicia: la mayoría de los autores materiales están muertos; los autores intelectuales, Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, están muertos; el teniente Flórez fue absuelto; la acusación de Santofimio está por definirse; el único condenado hasta ahora es Velásquez.

No obstante, la familia confía en que algún día se conocerá la verdad, no sólo del asesinato de Galán, sino de todos los casos de víctimas. “Entonces habrá paz y no un apaciguamiento. Pero tiene que darse un proceso de verdad, justicia y reparación reales”, dijo Carlos Fernando, el hijo menor de Galán.

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