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| 1/29/2008 12:00:00 AM

Dolorosa muerte de una niña después de pedir atención médica en cuatro sitios de Cali

La madre relata el ‘vía crucis’ para que desintoxicaran a su hija. Hospitales y clínicas dicen que cumplieron con su deber. El caso despierta indignación en una ciudad en la que su alcalde, el médico Jorge Iván Ospina, es un caracterizado defensor de la la salud pública.

El desayuno era quizás uno pocos placeres que disfrutó Gisel Luna, una pequeña de sólo 2 años y medio. Cada mañana, se deleitaba tomándose mínimo dos tazas de chocolate con su primera comida del día.

Nasly Luna, su madre, de 22 años, sabía que cuando la niña terminaba de tomarse la primera, le estiraba la mano para pedirle la segunda. Y eso Nasly lo veía bien. La niña estaba juiciosa con la comida y, lo mejor, la disfrutaba.

La mañana de el pasado lunes 28 de enero, no fue la excepción. Como a las 10 de la mañana, mientras desayunaba, la niña hizo su habitual gesto para pedirle más chocolate y la mamá fue a la cocina a prepararle otra taza.

Cuando volvió al cuarto, noto a Gisel muy extraña. Le decía que le dolía el estómago. “¿Qué te comiste?”, le preguntó. Pero no necesitó respuesta. En ese momento, vio el frasco de jarabe Lanitop en el suelo con su contenido bastante reducido. La niña había tomado gran cantidad de éste y se intoxicó.

El remedio era la medicina que Nasly le daba a Yasini, otra hija que tuvo, para un soplo que tenía en el corazón. La niña, de 5 meses, fue operada a mediados del año pasado, pero no soportó la cirugía y murió. Los médicos le dijeron que podía conservar el jarabe y ella lo guardó en su armario, como recuerdo de la pequeña.

Nasly no se percató de que el frasco no estuviera al alcance de Gisel, aunque sabía que una sobredosis de ese remedio podría ser fatal para la salud de la niña. Por eso, cuando notó la reducción del jarabe y la vio quejándose de dolor, la tomó en sus brazos y salió corriendo de su casa, ubicada en el distrito de Aguablanca.

Quería remediar su descuido ofreciéndole atención médica inmediata. Pero en medio del afán, olvidó sacar su carné del Sisbén. Pocos minutos después, eso se convirtió en el primer escalón para que la niña llegara a su muerte, de acuerdo con su testimonio.

Según cuenta, en el Hospitalito Niño Dios le pidieron el documento de la niña. No lo tenía. Entonces, corriendo, fue a la casa y sacó una copia que guardaba para este tipo de casos. Pero no sirvió. “No nos atendieron por eso”, cuenta.

Así que debió correr de nuevo. Llegó a la Clínica Versalles, donde, según dice Nasly, no atendieron a Gisel porque debían hacerle un lavado estomacal “y me dijeron que no se lo hacían porque yo no tenía con qué pagar”.

Entonces partió hacia el centro de salud Manuela Beltrán. Allí se encontró con una negativa más. No atendieron a la pequeña porque allí no hay servicio de urgencias. Para ese momento, ya había pasado el medio día. O sea que la niña llevaba cerca de tres horas sin atención después de haberse tomado el jarabe. Su organismo empezó a flaquear.

En un último esfuerzo por salvarla, Nasly llegó al Hospital Universitario Valle del Cauca. Pero en ese momento, la niña ya estaba convulsionando. “El médico me preguntó que por qué me había demorado tanto en llevarla, y le dije que anduve todo ese tiempo buscando quién me la atendiera”, cuenta. Minutos después, hacia las 3 de la tarde, la niña murió.

“Yo soy conciente de que todo ocurrió por un descuido de mi parte, pero eso no es excusa para que no me la hubieran atendido”, le dijo Nasly a Semana.com.

La muerte de esta pequeña se da en momentos en que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar da a conocer que en Colombia mueren cada año 15 mil niños por causas prevenibles, como este caso. Semejante situación impresiona más si se tiene en cuenta la posible tardanza para brindarle atención médica oportuna a la menor.

El caso despierta indignación, mucho más en una ciudad en la que su actual alcalde, el médico Jorge Iván Ospina, se ha caracterizado por su incuestionable gestión en la salud pública.

La voz de los médicos

Nadie quisiera cargar una muerte tan lamentable como la de Gisel. Por eso, contrario a lo que relata Nasly, los voceros de las clínicas y hospitales que visitó la desesperada madre dicen que sí la atendieron.

El padre Alexander Matiz, director del Hospitalito Niño Dios, le explicó a Semana.com que “la señora llegó con la niña a las 12 y 20 del día. La doctora que atendía urgencias a esa hora estaba con otro paciente. La enfermera le llevó el frasco de Lanitop y le dijo que había llegado una niña que se había tomado ese medicamento. Entonces la doctora notó la gravedad y dijo que eso era un caso de nivel 3 (que se encarga de atender urgencias graves)”.

Según el Padre, “la enfermera fue y le dijo a la mamá que debía buscar atención de nivel 3 y le explicó que el Hospitalito, de nivel 1, no tenía capacidad para atender la urgencia de la niña. La enfermera le dijo que se fuera para el hospital Carlos Holmes (que queda cerca). Pero la señora no fue a ese hospital, sino a otro más lejano. Cuando la doctora salió a ver a la niña, ya se habían ido”.

El religioso aclaró que “en Urgencias no se les pide carné a los pacientes antes de atenderlos, sino que cuando se les ha hecho el proceso, porque este hospital se hizo para los pobres de Aguablanca”.

Por su parte, la Clínica Versalles emitió un comunicado en el que explica su versión y lamentan la muerte de la niña. “La menor de edad Luna Portocarrero fue atendida en la Sede San Marcos de la Clínica Versalles ayer (lunes) a mediodía, al ser llevado por su madre por haber ingerido gotas de Lanitop. La Clínica Versalles le practicó de inmediato valoración médica y de enfermería en la Sala de Emergencias encontrándola en buen estado general con condición hemodinámica normal razón por la cual se procedió a remitirla a la Red de Salud Pública. La Clínica Versalles cumplió así con sus deberes éticos y legales”, dice el documento.

Mientras la clínica y el hospital explicaban cómo actuaron con la niña, este martes Nasly hacía los trámites pertinentes para que se le entregara el cadáver de su pequeña hija, que se intoxicó mientras ella se ausentaba para darle la habitual segunda taza de chocolate que tanto le gustaba.

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