Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/05/22 00:00

Dos necesidades distintas

Liverpool y Milán se enfrentaron este miércoles 25 en la final de la Liga de Campeones, el torneo de clubes más prestigioso del mundo. Adolfo Zableh Durán escribe sobre el esperado encuentro.

Lea la crónica posterior al partido

Parte de la gloria del fútbol inglés se malogró en ese mayo de 1985 en el estadio Heysel de Bruselas. Antes de esa tragedia, los equipos de ese país obtuvieron 21 copas continentales; después, sólo cinco de ellas fueron a parar a sus vitrinas. Hermosa es la historia que le permite al club responsable de la masacre belga recuperar parte de esa grandeza perdida.

Liverpool y Milan. Inglaterra e Italia. Imposible encontrar dos formas tan opuestas de vivir el fútbol. En ambos países los hinchas se enloquecen de pasión y hacen fila para suicidarse si su equipo pierde, pero en Inglaterra el sol siempre sale después de la derrota y los entrenadores mantienen su puesto pese a los reveses. Para los italianos es otra la regla. Años de entrenamiento con la ópera los han convertido en expertos en la tragedia, y todos sabemos que las grandes catástrofes dejan siempre más de un muerto atrás.

Albo d´Oro

No podría haber una final más encopetada, salvo que la UEFA enloqueciera y permitiera jugar el partido con un tercer club, Real Madrid. Milán tienen nueve finales a su haber, seis de ellas selladas con victoria. Para Liverpool la historia es más "modesta": cuatro trofeos en cinco finales.

Bob Paisley y Bill Shankly son los entrenadores que más gloria le han dado al club de Anfield. Ellos dos estuvieron en 22 de los 40 títulos que tiene el equipo (21 como entrenadores, uno como jugador) y son responsables de haber forjado la leyenda que corona el escudo del club: "You´ll never walk alone" (Nunca caminarás solo). Otros equipos ingleses tienen también su lema (Aston Villa tiene "Prepared", mientras que el de Blackburn Rovers  reza "Arte et Labore"), pero ninguno tan famoso como la promesa de un camino siempre lleno de amigos.

Ambos estarán desde el cielo -si es que existe uno y de casualidad es una cancha de fútbol, alentando el próximo 25 de mayo a esta camada de jugadores, muchos de los cuales no habían nacido cuando ya ellos se revolcaban en laureles.  

Los héroes milanistas aún viven. Giovanni Trapattoni, presente en la final del 63 ante Benfica, dirige precisamente al equipo portugués. El brasileño José Altafini -rebautizado "Mazzola" por el gran parecido con el crack Italiano- autor de dos goles en dicho juego, goza de su retiro. Pierino Prati, verdugo del Ajax en la definición del 69 con tres tantos, enseña fútbol a juveniles en el célebre Milan Junior Camp.

Caso aparte es Paolo Maldini, referente histórico y realidad vigente. El defensor ha besado cuatro copas de Europa (89, 90, 94 y 03) y va por su quinta este miércoles. A sus 36 años ha superado con creces a su padre, Cesare, que como capitán alzó el trofeo en el palco del Bernabéu en 1969.

Media España estará presente

Hasta hace un par de años no se concebía ninguna fase final de un torneo europeo sin equipos españoles. La Champions de este 2005 expulsó a dos en primera fase y a los dos restantes en octavos de final. Sin embargo la Iberia no estará huérfana de representantes en esta gran cita.

Seis elementos de Liverpool oriundos de España estarán en el Ataturk de Estambul. Desafortunadamente, el más ganador de todos, Fernando Morientes, no podrá jugar por haber comenzado la temporada vistiendo los colores del Real Madrid, con el que jugó algunos partidos de Liga de Campeones. Rafa Benítez, ganador de dos Ligas españolas y una Copa UEFA, no podrá pisar la cancha por ser el técnico, y entre los cuatro jugadores de campo restantes (Josemi, Xabi Alonso, Luis García y Antonio Núñez) no suman ningún título profesional. Así, la experiencia y los títulos estarán afuera; las ganas, adentro.

Estandarte de este último atributo es el ya mentado Luis García. El ex Atlético Madrid y Barcelona se ha convertido junto a Steven Gerrard en el alma y cuerpo de este grande en horas bajas.

El elenco de españoles aumentaría a siete si el árbitro Manuel Mejuto González es designado por la UEFA para dirigir la final.

¿Ahora o cuándo?

Inter de Milan y Liverpool, delgada pero significativa hermandad. Los dos son grandes venidos a menos. Los italianos no nos incumben, al menos por ahora. El equipo del puerto inglés es el más ganador en la historia de su país, tanto por ligas locales (18), como por las cuatro Copas de Europa y las tres UEFA.

Sin embargo, desde 1990 la peste negra ha carcomido sus cimientos. Entre ese año y hoy, Liverpool sólo ha podido obtener trofeos poco significativos para su encopetada historia. Salvo la UEFA de 2001 y las Copas FA de 1992 y 2001, las tres copas de liga y la Supercopa de Europa saben a poco.

La Liga Premier, que hasta hace poco lo tuvo como amo y señor, no lo ve triunfar desde hace quince años. Manchester United y Arsenal se han encargado de recoger el testigo. Hasta Everton, su más acérrimo rival, quedó por encima suyo esta temporada en la Premiership (cuarto contra quinto).

Vaya paradoja. Aun ganándole al Milán, Liverpool podría no jugar la Champions venidera, ya que la UEFA da sólo cuatro plazas a los equipos ingleses y esos asientos ya tienen dueño: los tres equipos mencionados arriba, además del  campeón, Chelsea. 

Un inocente condenado

Carlo Ancelotti tiene una guillotina a punto de rebanarle el cuello. Se llama Silvio Berlusconi y es el primer ministro de Italia, pequeño detalle que no es tan importante como el hecho que sea presidente del Milán. Este hombre, multimillonario y arrogante, se ha atrevido a afirmar desde su cargo político que  la cultura occidental es superior a la oriental. Desde el palco del San Siro no le ha ido mejor: alguna vez dijo que era él y no los entrenadores quien hacía las alineaciones del Milán. ¿Sacchi? ¿Capello? ¿Quiénes son esos?

De nada vale que el entrenador tenga a su haber tres títulos con el Milán en igual número de campañas completas (todo repartidito: una Copa, una Liga y la Champions de 2003), Berlusconi ha dictado sentencia: o gana o se va. Juventus ganará la Serie A esta temporada y es muy probable que Inter de Milán se quede con la Copa de su país. Entonces, ¿es justo que el otro grande de Italia se quede con las manos vacías? Para el dirigente, más que injusto sería humillante.

El descontento del presidente del club viene después de ver la forma horrorosa en que se jugó la fase semifinal ante PSV, donde un gol de Ambrosini sobre la hora los salvó de una humillación.

La increíble eliminación en cuartos de final de la Champions de la temporada pasada -victoria 4-1 sobre la Coruña en casa y goleada en contra 4-0 en Riazor- ya había levantado ampolla, pero bueno, ahí estaba un nuevo Scudetto para secarse las lágrimas.

Sin embargo, la reciente derrota 0-1 en casa frente a Juventus hizo que Berlusconi alzara la voz. ¿Cómo es posible que un hombre que tiene a su disposición a jugadores como Shevchenko, Crespo, Kaka, Rui Costa, Cafu, Maldini, Pirlo, Tomasson o Inzaghi haga jugar tan feo a un equipo y pierda con rivales en apariencia inferiores? Lo mínimo que puede pedir una persona que ha sacado del bolsillo algo más de 150 millones de euros es que utilice adecuadamente los recursos que tiene.

Antecedentes

Eso es lo chistoso: no hay antecedentes. Dos equipos de semejante calibre  nunca se han visto las caras de forma oficial. Si le sirve de consuelo, Liverpool venció 2-1 al Milán en 2002 para quedarse con el tercer puesto del cuadrangular del centenario del Real Madrid.

La hora de la verdad

No pocos accidentes ocurrieron en este camino a Estambul. Mientras el árbitro checo Lubos Michel sigue insistiendo que ese famoso balón de Luis García si traspasó la línea en aquella semifinal frente al Chelsea, la cadena Sky Sports probó hasta el hartazgo con un programa llamado "Virtual Replay" que la jugada no fue gol.

No existió la polémica en el camino del Milán. Apenas el incidente de las bengalas ante el Inter y aquel gol sobre la hora de Massimo Ambrosini -un volante de recuperación y además suplente- ante un PSV que lo había superado ampliamente en fútbol durante 180 minutos. El gigante no es invencible

Hermosa es la historia, se dijo al comienzo de este artículo, pero cruel es el fútbol. De todos los hinchas ingleses que verán el juego a la espera de una victoria de su equipo, nadie tan ilustre como Michel Owen, que el pasado verano dejó atrás ocho temporadas en Anfield cansado de no ganar nada importante. Ahora desde las toldas del Real Madrid -que lleva ya dos años en blanco- no podrá serle útil a su ex equipo.

*Periodista independiente. Colaborador de las revistas Fútbol Total, Soho, Rolling Stone y Capital Club. Columnista de Futbolred.com.

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