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| 3/15/2007 12:00:00 AM

Ecuador, un país sin solución a la vista

El enviado especial de SEMANA, Santiago Torrado, hace un retrato desde Quito de la situación que se vive allí: destitución de más de la mitad del Congreso, sonido de balas, violentas amenazas, rumores de feriado bancario y caos. Y lo peor, nadie ve un camino para salir de esta crisis

¿Crisis institucional? ¿Violencia política? Para el presidente Rafael Correa, no hay tal en Ecuador. Así lo dijo a los corresponsales de la prensa internacional en Quito, y así lo ratificó en su discurso del jueves con ocasión del día de la función electoral. Para Correa, aquí no hay atentados de ETA o prisiones como la de Guantánamo, y las movilizaciones hacen parte de la democracia participativa. En su opinión, “no hay quiebre institucional, sólo un grupúsculo de legisladores que traicionaron el mandato popular”.

Correa también tuvo que dirigirse a los medios locales el miércoles para desmentir los fuertes rumores de un feriado bancario, una situación que Ecuador ya vivió durante el gobierno de Jamil Mahuad, en 1999, y ahora está formalmente prohibida por la ley. Correa aseguró que la versión ha sido difundida desde un call center y la atribuyó a los 57 diputados “defenestrados, irresponsables y antipatria” y a “las mafias políticas y económicas que se niegan a morir”.

Pero por más que Correa niegue lo evidente, que asegure que la actual disputa es entre el Congreso y el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y prefiera no inmiscuirse, las figuras para referirse a la actual coyuntura se están agotando. Turbulencia, caos y bloqueo político se han quedado cortas. En este momento, en Ecuador no hay división sino enfrentamiento de poderes.

Vale la pena recapitular. El anticipado choque de trenes entre el Legislativo y el Ejecutivo por cuenta de la Asamblea Constituyente, principal promesa de campaña del Presidente, terminó de involucrar al Judicial hace una semana, cuando las mayorías opositoras del Congreso trataron de destituir al presidente del TSE, Jorge Acosta, por haber aprobado la consulta sobre la Asamblea para el 15 de abril.

En represalia, este órgano, la máxima autoridad durante un proceso electoral, destituyó a los 57 diputados (de 100) y les suspendió sus derechos políticos por un año. Acto seguido, el gobierno envió a cientos de policías para cercar el Congreso e impedir el acceso a los opositores destituidos. Los diputados pertenecían a los partidos que se oponen al proyecto de Correa: el Partido Renovador Institucional de Acción Nacional (Prian), del derrotado rival de Correa en las elecciones, el magnate Álvaro Noboa; Sociedad Patriótica (SP) del depuesto ex presidente Lucio Gutiérrez; y el tradicional Partido Social Cristiano (PSC).

Miles de personas se congregaron para apoyar al gobierno y pedir la cabeza de los congresistas bajo lemas como “no más queso a las ratas del Congreso”. Cientos de ciudadanos agredieron a los legisladores. Correa, por su parte, espera que el Congreso, que había sacado a presidentes como Abdalá Bucaram y Lucio Gutierrez, sesione con los suplentes y califica a la oposición de irracional. “Ellos abusaron de su poder, se creyeron inmunes y les dieron de su propia medicina”, ha dicho.

La situación se agravó el martes, cuando a empellones y en medio de forcejeos con la Policía y agresiones de manifestantes, 20 diputados destituidos lograron entrar al edificio del Congreso. También hubo otros incidentes, el más grave de ellos un tiroteo en el hotel Marriot, donde quedaron heridos dos simpatizantes de la oposición.

Según los dirigentes de Sociedad Patriótica, el atentado se dirigía a ellos. Según la Policía, fue producto de un asalto callejero que pasó por el hotel. En medio del caos, el presidente del Congreso, Jorge Cevallos, tomó lista pero no instaló la sesión y el Congreso sólo está convocado de nuevo para el próximo martes a las 10 de la mañana. Pero el que los legisladores no asistan al Congreso hasta la próxima semana no implica una tregua.

Varios congresistas favorables a la Asamblea han manifestado que no piensan asistir a las sesiones si van los destituidos, a quienes califican de “cadáveres políticos”, y varios de éstos, a su vez, se niegan a darles paso a sus suplentes, la única fórmula que parece aceptar el gobierno. En la televisión han invitado a diputados de ambos lados que terminan cruzando insultos. Las diferencias lucen irreconciliables.
Como un último recurso, los diputados destituidos presentaron un amparo ante un juez de Manabi y el jueves, cuando varios de ellos asistían a una audiencia, manifestantes atacaron a piedra sus vehículos y no les quedó más remedio que huir despavoridos y refugiarse en una vivienda. Sólo un carro antimotines pudo protegerlos de la turba enfurecida. En cuanto al juez que recibió el amparo, también podría ser destituido por el TSE.

Para complicar aun más el panorama, el Tribunal Constitucional descartó la posibilidad de dirimir el conflicto, pues consideró incompleta la demanda de los diputados acusados de interferir en el proceso electoral por el TSE. Aunque, sobre el papel, se trata de un conflicto de interpretaciones jurídicas, nadie en realidad lo cree así.

Cada quien busca interpretar la ley a su favor. Se trata de un problema político, de un pulso de fuerzas, y en los titulares y las columnas de los periódicos ecuatorianos abundan referencias a la ley de la selva o la ley del más fuerte. Y es el Presidente quien tiene la mejor mano. Aunque no presentó candidatos propios al Congreso, es el mandatario con mayor respaldo popular desde cuando se inició el actual periodo democrático, en 1979, y más del 90 por ciento de los ecuatorianos, según las últimas encuestas, respalda la Constituyente. El Congreso, por el contrario, está profundamente desprestigiado y apenas un 8 por ciento de los ecuatorianos lo respalda.

Para la diputada Wilma Andrade, de Izquierda Democrática, una de las fuerzas partidarias de la Asamblea, ha habido de parte de los opositores “una acción absolutamente sistemática de bloqueo a la consulta. No entienden que es un proceso histórico irreversible, que no viene de este momento. Que la gente en Ecuador ha estado planteando la necesidad de cambios profundos, no cambios de maquillaje”. Sin embargo, también censura el discurso “beligerante e intolerante” del gobierno.

Andrade agrega que el país no puede llegar dividido y enfrentado a la asamblea y se necesita una gran concertación para asegurar que esa Constitución sea respetada. En su concepto, la única salida es que el martes se presenten los suplentes o, de lo contrario, “el Congreso puede morir por inanición”.

Para la oposición, Correa lo que está haciendo es pavimentar un camino hacia el autoritarismo y la concentración de poderes, siguiendo el libreto de su amigo, el venezolano Hugo Chávez. “Correa pretende conseguir en dos meses lo que a Chávez le ha costado ocho años”, dijo a SEMANA.COM Federico Pérez, uno de los destituidos diputados del Prian, y el primero en renunciar públicamente este jueves.

“Los llamados a la sensatez, a la cordura y al mínimo respeto a la institucionalidad, caen en un absoluto vacío porque los dos actores principales de nuestro medio político convergen perversamente porque les conviene”, explicó a SEMANA.COM el analista y catedrático César Montúfar. “Gobierno y oposición coinciden en que el caos es en este momento la vía para ganar la asamblea, por un lado, o boicotear su legitimidad, por el otro. Mientras mayor demolición institucional exista, el peligro de una salida autoritaria también es mayor”, advierte.

En el medio, está el conflicto en Guayaquil, donde se concentra gran parte del poder económico ecuatoriano, una parte del cual se resiste al proyecto de Correa, como quedó reflejado este jueves. Los miembros de las llamadas “fuerzas vivas” de la provincia, que son principalmente sectores empresariales, salieron a las calles a respaldar al alcalde Jaime Nebot, de oposición, quién aprovechó su discurso para criticar fuertemente el modelo socialista del presidente.

El oficialista movimiento Alianza País, por su parte, también organizó una movilización a la que finalmente no asistió el presidente, aunque no desaprovechó su discurso con ocasión del día de la función electoral para atacar desde Quito a “los grupos que quieren tomar el nombre de ciudades enteras”. Correa, que es oriundo de Guayaquil y ha dicho que las “fuerzas vivas” son más bien las fuerzas de los vivos, enfatizó que “mi ciudad no tiene dueño”.

Las dos concentraciones estuvieron distanciadas por pocos minutos y pocos metros, pero no hubo ningún choque. Ya prácticamente nadie se atreve a anticipar escenarios. Por cuenta de la presión popular, la consulta, y la Asamblea, parecen incontenibles, pero todo puede pasar en el camino. Por lo pronto, el próximo martes se podrían repetir, aumentados, los incidentes de esta semana si los diputados destituidos persisten en llegar hasta el congreso. 
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