Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/06/26 00:00

El ají de la Hacienda Nápoles

En la Hacienda Nápoles germina un modelo de la alianza público privada con el que el gobierno busca darle una nueva dinámica al proceso de reincorporación de ex combatientes.

El proyecto de siembra y comercialización de ají picante está dirigido a apoyar la recuperación económica y social de 120 familias vecinas de la Hacienda Nápoles

Por José Monsalve

Por estos días el ají simboliza la esperanza de progreso en Puerto Triunfo (Antioquia). Con la siembra de este diminuto fruto el gobierno y la empresa privada esperan que 120 familias, entre desmovilizados y víctimas, cultiven reconciliación y progreso en la mismas tierras donde hace años la violencia dominaba.

47 hectáreas de la Hacienda Nápoles, que fuera la propiedad emblemática de Pablo Escobar, son el terreno asignado para desarrollar el proyecto productivo en pleno Magdalena Medio. La misma zona donde por años la guerrilla del ELN y el desmovilizado Bloque Central Bolívar libraron una guerra a muerte. Al ingreso de la hacienda ya no se ve la decorativa avioneta que según la leyenda rural fue con la que el capo ‘coronó’ su primer cargamento de droga en Estados Unidos. La Hacienda Nápoles es hoy un vasto terreno fraccionado en varios proyectos. En una extensa área se levanta una cárcel de mediana seguridad. Otro sector está asignado a un parque ambiental, mientras que en otras zonas la maleza consume los vestigios de la lujosa propiedad. Atrás quedó la época en que la hacienda era domicilio de 1.900 animales traídos de distintas regiones del mundo. El atractivo hoy es la siembra de ají, un producto que en su variedad picante es de amplia demanda y que germina rápido y de gran calidad en estas tierras, según los estudios hechos.

La iniciativa es resultado del enfoque empresarial y de cooperación que el Alto Consejero Presidencial para la Reintegración, Frank Pearl, quiere darle al proceso de reintegración de ex combatientes a la vida civil. La tesis del Alto Consejero sin duda muestra un quiebre interesante en la visión de la reincorporación. El funcionario está empeñado en que la reconciliación debe darse en un marco de múltiples esfuerzos: las empresas privadas se tendrán que meter la mano al bolsillo, las víctimas abrirse a la reconciliación y los ex combatientes tienen que trabajar con empeño en proyectos productivos y dinámicas de reparación. “No se trata de regalarles el pescado sino de enseñarles a pescar”, explica.

El proyecto de siembra y comercialización de ají picante en la Hacienda Nápoles es el primer paso concreto en este sentido. El plan arrancó con el contribución de 6 mil millones de pesos aportados por la cementera Argos y Cooperación Internacional USAID. Según el Alto Consejero éste es el modelo de negocio que el Estado colombiano quiere implementar en el resto del país en beneficio tanto de los desmovilizados, sus familias y las comunidades. Según el secretario de gobierno de Puerto Triunfo, Omar Castañeda, frente a la comercialización y venta del producto hay negociaciones avanzadas que pronto serán negocios concretos.

Araceli Cardona es una mujer con 44 años y dos hijos que desde niña ha vivido en esta zona de conflicto. Hasta hace un par de meses se ganaba la vida vendiendo cosméticos por catálogo. Dice que Puerto Triunfo, con su temperatura promedio de 33C°, no es la mejor plaza para esa actividad, por eso está muy alegre de haber sido invitada a participar del proyecto de la siembra de ají. Araceli es una de las más comprometidas con la naciente empresa, por eso asiste a todas las jornadas de capacitación y motiva a sus compañeras “Tenemos que aprender todas las mañas del ají porque este será el negocio que nos va a dar de comer”, dice mientras muestra las fotos que hizo en plantaciones de ají en la Costa Atlántica, adonde fueron los líderes del proyecto como parte la capacitación que les han brindado la oficina presidencial para la reintegración y los organismos vinculados.

El proyecto, aunque apenas está comenzando, sin duda resulta pequeño y requiere de mucho más apoyo para darle una dimensión capaz de lograr un mayor impacto en la zona. Si se tiene en cuenta que en enero del año pasado se desmovilizaron 2.523 hombres y mujeres pertenecientes al Bloque Central Bolívar, con influencia en todo el Magdalena Medio, es difícil imaginar que la siembra 47 hectáreas de ají signifiquen un cambio general en la situación de los ex combatientes y las víctimas. Sin embargo, como lo dicen su gestor, esta iniciativa puede ser el modelo a replicar en mayor escala en las distintas zonas del país donde los desmovilizados piden una oportunidad laboral que el gobierno por sí sólo no puede ofrecerles.

Frank Pearl, dice que la respuesta de la comunidad frente al modelo propuesto ha sido excelente y que el reto es crear 16 mil nuevos empleos con este esquema de trabajo mancomunado de la empresa privada, el gobierno, la cooperación internacional y el compromiso de las comunidades. “La gente tiene muchas ganas de trabajar, todos quieren aprovechar la oportunidad”, dice. Ya otras compañías como Isagén y las Empresas Públicas de Medellín han escuchado su plan de alianza público privada. Y mientras las juntas directivas de estas compañías estudian la manara sumarse a este plan de paz y reconciliación “rentable”, Frank Pearl espera tocar pronto la puerta de otras empresas mostrando el ají que se produce en la Hacienda Nápoles.

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