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| 4/25/2007 12:00:00 AM

El asesinato de Judith Vergara siembra la zozobra en la comuna 13 de Medellín

La comunidad cree que el crimen de la integrante del Colectivo ‘Madres de la Candelaria’ presagia el violento regreso de los paramilitares. La Alcaldía, por su parte, no acepta dicha versión y prefiere esperar a que las investigaciones avancen. ¿Qué hay detrás de esta muerte?

Tras el asesinato de Judith Astrid Vergara, de 32 años y madre de cuatro hijos, volvieron a soplar los vientos de incertidumbre en la comuna 13 de Medellín. Eso quedó en evidencia durante el entierro en la tarde del martes. No sólo porque se trataba de una de sus más queridas líderes. No todo era una simple expresión de rabia y dolor por un crimen más. Sino también porque éste es un mal augurio de los días por venir: los paramilitares estaban de regreso a una de las zonas más sufridas de la ciudad.
 
Ya en agosto pasado, tras el asesinato de otro líder social, Hayder Ramírez, la ciudad tenía campanazos de alerta sobre lo que está ocurriendo en esta zona del occidente del Valle de Aburrá.
 
Pero, después de ocho meses de ocurrida la muerte de Hayder, las autoridades aún no tienen respuesta frente a quién ni por qué lo mataron. A pesar de ello, la Alcaldía de Medellín confía en que los resultados de las investigaciones puedan ayudar mejorar la situación que hoy vive la comuna. El problema es que mientras esperan estos resultados por la muerte de Hayder, el asesinato de Judith les recuerda que los matones no dan tregua.
 
Judith fue asesinada hacia las 9:30 de la mañana del lunes. Iba en un bus que transitaba por el barrio San Germán, al occidente de la ciudad. Dos hombres se subieron al vehículo y le dispararon a sangre fría. El hecho ocurrió a una cuadra de la sede de la IV Brigada del Ejército.
 
De inmediato el temor se apoderó de todos las personas defensoras de derechos humanos. Así, por ejemplo, esta semana personas allegadas a Judith como Fernado Quijano, presidente de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades) –de la cual ella también hacía parte–, ya han sido amenazadas, y en barrios como Las Independencias I, II y III, Veinte de Julio y El Salado, la presencia de actores armados ilegales ya fue denunciada hasta por la Defensoría del Pueblo.
 
Esta entidad presentó un informe el pasado 21 de marzo sobre algunos barrios de la Comuna 13, a través del cual le solicitaba al Comité Interinstitucional de Alertas Tempranas (Ciat) la declaración de una alerta temprana para que se tomaran medidas que protegieran la vida de sus líderes barriales. Pero no hubo tal alerta temprana.
 
Según este informe, “los mecanismos de participación y autonomía organizacional se han constituido en un factor de amenaza ante la hegemonía de actores armados ilegales. Riesgos que recaen principalmente en los líderes y representantes comunitarios, los cuales, ante la negativa de sometimiento ante el nuevo poder barrial, están siendo declarados objetos de ataque”.
 
La Alcaldía de Medellín, por su parte, no consideró que las cosas fueran así. En un documento enviado el pasado 30 de marzo al Ciat, llamado “La comuna 13 de Medellín: Del miedo a la esperanza, observaciones al informe de riesgo No 009 de 2007”, manifestó que “nada más alejado que las apreciaciones del informe en relación con los peligros y las graves amenazas que se ciernen sobre el liderazgo social de la Comuna”. Los hechos de esta semana son más que elocuentes. El miedo se sigue escribiendo con mayúscula en la comuna 13.
 
Semana.com le preguntó al secretario de Gobierno de Medellín, Gustavo Villegas, sobre dicho informe y manifestó que el documento no menciona riesgo alguno para los líderes en el barrio el Pesebre, de cuya Junta de Acción Comunal era presidenta Judith. Y agregó que no se puede generalizar a toda la comuna, “el informe sólo menciona unos cuantos barrios”.

Pero otra cosa piensan algunos habitantes de la zona. Carlos Cifuentes vive en el barrio Eduardo Santos, uno de los que no fueron mencionados por el informe de la Defensoría, y manifiesta que nuevos grupos de paramilitares tienen el control de algunas zonas: “Ya no hay nada que hacer… al que no está con ellos, simplemente lo van desterrando o matando”, afirma.
 
Algunos analistas políticos de la ciudad consideran que el asesinato de Judith tiene raíces políticas. Ella era candidata del Polo Democrático Alternativo a la Junta Administradora Local de la Comuna; también hacía parte de Redepaz, Asapaz Antioquia y las Madres de La Candelaria. Lo que la convertía un blanco fácil para los otros poderes interesados en las Juntas. “No creo que este vaya a ser el último asesinato –dice el analista–. Tristemente, hay que reconocer que los paras quieren quedarse con las presidencias de las juntas y para ello hacen lo que mejor saben hacer, matar”.
 
El clima está tenso en Medellín. La Alcaldía no quiere que todo el esfuerzo en el proceso de desmovilización en la ciudad y la esperanza de que las cosas en la Comuna 13 pueden cambiar se vayan a pique. Pero es un error seguir negando que nuevos grupos ilegales están apoderándose de buena parte de la zona. La gente de los barrios lo sabe y lo comentan de puertas para adentro. Los líderes no son los únicos amedrentados. El panorama del martes en el Cementerio San Pedro demostró que el miedo es de todos.

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