Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/04/25 00:00

¿El caballo de troya?

¿El caballo de troya?

La terna de candidatos para suceder al magistrado Alfredo Beltrán revela que la Corte Suprema de Justicia no quiso correr ningún riesgo: quiere un vocero en la Corte Constitucional. 

Los candidatos postulados por la Corte Suprema -Jorge Iván Palacio, Rafael Méndez y Nilson Pinilla- son abogados muy respetados, los tres son de filiación conservadora, provienen de una escuela de derecho formalista y todos ellos defienden la tesis de la no procedencia de la tutela contra sentencias. Representan la esencia de la alta Corte.
Los tres candidatos han sido vehementes opositores públicos a la tutela contra sentencias (ver artículo La terna de la Corte), con lo cual es claro que la Suprema no quiso asumir ningún riesgo diferente a nombrar un vocero suyo en la Corte Constitucional.

Por eso, por primera vez, nombró como candidatos a ex magistrados, reconociendo tácitamente que pasar de la Corte Suprema a la Constitucional es un ascenso. Si bien los magistrados Hernando Herrera y Jaime Sanín habían sido magistrados de la Corte Suprema antes de serlo de la Constitucional, en el primer caso se le reconocía más como constituyente y Sanín solo lo fue durante el período de transición recién creada la Corte Constitucional. Ninguno de los candidatos enviados después había sido magistrado.

La terna también refleja la tendencia política de la Corte Suprema, una institución de la que el público conoce muy poco: para reemplazar a un liberal como Beltrán, candidatizaron a tres conservadores.

En lo jurídico, la Corte postuló a tres representantes de la escuela formalista del derecho, que valora mucho los procedimientos y castiga severamente los vicios en los que incurra el Congreso al tramitar las leyes. Esta escuela jurídica tradicional rechaza posturas del derecho más contemporáneo y norteamericano, que consideran que la Corte Constitucional debe principalmente garantizar los fines y los derechos establecidos por la Constitución, sin ceñirse tan estrictamente a los procedimientos. Por eso no están de acuerdo con modular las sentencias, diferir sus efectos, etc.

En este sentido, el sucesor no diferirá mucho de Beltrán, quien es uno de los más formalistas de la Corte Constitucional. En casos importantes los magistrados no se dividen entre uribistas y no uribistas –como lo hacen en temas de alto contenido político- sino entre los formalistas y los partidarios del ‘nuevo derecho’. Beltrán termina votando con su opositor ideológico Rodrigo Escobar, por ejemplo.

¿Le conviene al gobierno?

Que los tres candidatos propuestos por la Corte Suprema sean tan formalistas podría no beneficiar al gobierno de Uribe, a quien esta Corte le ha salvado proyectos clave modulando sentencias como en el caso del referendo o difiriéndolas cuando tienen efectos económicos como la de la indexación de salarios de servidores públicos u ordenándole al gobierno hacer cosas para satisfacer los derechos fundamentales de los colombianos como en la sentencia de desplazados.

Sin embargo, en otros temas, el gobierno sí contará con un magistrado más cercano a sus posiciones que Beltrán. En lo moral, por ejemplo, mientras Beltrán es un liberal en temas como el aborto y homosexuales, posiblemente sus sucesores votarán de manera más conservadora.

En lo económico, también seguramente serán más prudentes que Beltrán, un abanderado de los derechos de los trabajadores. Y también en temas álgidos y clave para el gobierno como los de orden público, en los cuales el magistrado saliente siempre votó en contra del gobierno. Los conocedores del tema consideran que independientemente de quién salga elegido, el nuevo magistrado reforzará a los magistrados Marco Gerardo Monroy Cabra y Rodrigo Escobar Gil, cuyas posturas suelen coincidir con el gobierno. Jaime Araujo, quien se ha caracterizado por votar siempre en oposición al gobierno, perderá a su aliado más fiel. Aunque en el fondo es difícil predecir el comportamiento de un magistrado, pues una vez nombrados por ocho años y sometidos a la mecánica argumentativa de la Corte, tienden a evolucionar rápidamente en sus planteamientos.

Probablemente, porque la elección del nuevo magistrado no constituye ninguna amenaza para el gobierno, el Presidente Uribe se meterá muy poco en la decisión del Senado. Ya le fue muy mal el año pasado con la elección del magistrado Humberto Sierra, cuando fue derrotado con una candidata de su entraña como era Consuelo Caldas, hija de Tito Livio Caldas, un empresario muy cercano al primer mandatario. 






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