Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2003/04/28 00:00

El cambio de avión que mató a Pedro Infante

por Leonel Fierro*

Como si se tratara de cumplir el presagio de que moriría en un accidente aéreo, el actor y cantante resolvió tomar a última hora el puesto de copiloto en un avión carguero, cuando ya tenía tiquete para un vuelo comercial.

"Se que yo también voy a morir en un accidente de aviación", le dijo Pedro Infante a su productor cinematográfico Ismael Rodríguez, cuando la actriz Blanca Estela Pavón -una de sus principales coprotagonistas-, se mató en un vuelo comercial en septiembre de 1949.

El trágico vaticinio no habría alarmado a Rodríguez, que además era uno de sus mejores amigos, si para entonces el actor y cantante no hubiera sufrido, desde que le había entrado la ventolera de hacerse piloto, dos serios percances. El primero en Guasave, población de su natal estado de Sinaloa, una madrugada de 1947, cumplidos los 30 -era el 18 de noviembre de 1917-, cuando se empecinó en despegar del aeropuerto local, luego de una presentación con el Trío Metropolitano, cuyos integrantes lo acompañaban. No le importó que la pista careciera de luz, les pidió a los amigos que la iluminaran con las farolas de sus automóviles, sin hacer caso a sus advertencias, y terminó incrustado en una cuneta. Resultado, una herida en el mentón que le dejó una molesta cicatriz. El segundo accidente fue mucho más grave. Tanto que algunos medios radiales lo dieron por muerto. Regresaba de Acapulco en una avioneta Cessna bimotor con la joven bailarina Lupita Torrentera, ganadora del concurso 'La Estrella Mexicana', quien habría de darle tres hijos, dos niñas -una de ellas muerta al año y medio de nacida, mientras él realizaba la primera de tres visitas a Colombia- y un varón, Pedro Infante Jr, hoy de 53 años.

En pleno vuelo la brújula se descompuso. Voló sin rumbo, agotó el combustible, aterrizó en un potrero de Michoacán, recién arado, dio varios tumbos y se estrelló contra un árbol. Recibió una herida tan profunda en el lado izquierdo superior de la frente, que solo su complexión atlética de gimnasta disciplinado, su fortaleza física -dijeron los médicos-, lo salvó de morir. Su reacción ante la emergencia tuvo ribetes de heroísmo cinematográfico. Ensangrentado, sin reparar en la gravedad de su estado, sacó a Lupita de la cabina, inconsciente, y camino con ella en los brazos casi dos kilómetros hasta encontrar ayuda. Esto sucedía en mayo de 1949. Cuatro meses después, cuando conoció la noticia del accidente de Blanca Estela Pavón en las faldas abruptas del cerro de Popocatepetl, no vaciló en viajar al lugar y colaborar en el penoso rescate. Se trataba de un vuelo comercial, que ella y su padre, un senador y dos periodistas habían abordado en Oaxaca, donde la actriz y el cantante habían hecho una presentación reciente. El accidente dejó un total de 25 muertos y privó al público latinoamericano de una de las mejores y más queridas estrellas del cine mexicano. Junto a Pedro Infante, que aún convaleciente ayudó a cargar el féretro hasta el panteón El Jardín, donde también sería sepultado, dejó películas memorables de la filmografía azteca. En una de ellas, Nosotros los pobres, se estrenó el célebre bolero ranchero Amorcito Corazón, primera grabación de Pedro Infante con acompañamiento de mariachi. En 16 años de vida artística, entre 1940 y 1956 grabaría 366 canciones y 59 películas que lo convertirían en una de las figuras más representativas de la llamada época de oro del cine mexicano, que tanta influencia ejercería en la cultura de los pueblos latinoamericanos.

Rodríguez tenía entonces suficientes motivos para preocuparse y tomar en serio su inquietante premonición. Convencido de que el fatal desenlace podría darse en cualquier momento, dada su forma temeraria de pilotear y de actuar -no aceptaba dobles en los papeles peligrosos- , lo emplazo drásticamente a dejar de volar. So pena de romperle el contrato.

Mira -le replicó Pedro Infante-: sabes que en la vida me gusta actuar y cantar. Pero hay algo que prefiero sobre todo: ¡volar! Si quieres ¡rómpeme el contrato, no voy a dejar de volar!

El presagio se cumple

El presagio de Pedro Infante sobre el final de su vida se cumpliría siete años y siete meses después, el lunes 15 de abril de 1957. Una extraña coincidencia de sietes que algo podría decirles a quienes creen en la astrología -recordemos que había nacido en 1917-, y que habría de sorprender al famoso, carismático y querido cantante en la plenitud de sus 39 años de edad.

Todo lo que había sucedido hasta entonces parecía apuntar a ese fin. No solo había seguido volando, sino que en 1955 se había hecho socio de Tamsa -Transportes Aéreos de México S.A.- y ahora lo hacía en aviones de carga más grandes, no siempre bien mantenidos. Uno de ellos, que según estableciera después de su muerte, ya había registrado fallas, se encontraba casualmente ese día en el aeropuerto de Mérida tanqueando y listo para despegar, cuando el artista llegó al terminal con la aparente intención de tomar un vuelo comercial de Mexicana de Aviación. Una decisión de la Corte Suprema de México, anulando el matrimonio civil que había realizado tres años antes con la con la actriz Irma Dorantes -compañera de actuación en nueve películas- , sin separarse legalmente de su esposa María Luisa León, lo había forzado a interrumpir el descanso en su mansión veraniega de la Península de Yucatán para ir a enfrentar el problema en la capital federal. Inexplicablemente a última hora resuelve tomar el puesto del copiloto en el fatídico avión carguero.

La única versión que se conoce sobre los motivos de este cambio de avión que habría de costarle la vida, es la que Lupita Torrentera le comentó a una periodista en el libro Un Gran Amor, que narra la historia de sus relaciones con Pedro Infante. "A mí me contaron -sostiene- , que Pedro ya tenía boleto para viajar en avión de línea, pero hubo un incidente que cambió el destino". Fueron a decirle que no dejaban salir el avión de Tamsa si él no intervenía. Y no lo dejaban salir según Lupita, porque iba cargado de manteles y pañuelos, encargados por un hermano de Antonio Matouk, socio mayoritario de Infante en la empresa. "No era negocio de Pedro -advierte Lupita-; él ganaba mucho dinero como artista y tenía bastante prestigio como para meterse en problemas que no le correspondían".

El avión, un Libertados de cuatro motores, utilizado en la Segunda Guerra para el transporte de tropas, no pudo tomar altura. A los dos minutos de despegar -serían las 7:45 de la mañana de ese lunes 15 de abril-, comenzó a sacudirse y fue a caer invertido en las calles de un barrio popular de Mérida. Toda la ciudad escuchó la explosión.

*Periodista

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