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| 9/4/2008 12:00:00 AM

El caso Marino López

Varios ex paramilitares del bloque Élmer Cárdenas, al mando de Freddy Rendón, alias “El Alemán”, salpican al general Rito Alejo con la muerte de líder chocoano.

El caserío de Bijao-Cacarica, Chocó, quedó desolado en menos de una semana. Los rumores de que un centenar de paramilitares llegaría hasta la zona para quemar los ranchos y asesinar a las personas corrió de familia en familia en febrero de 1997. Más de 2.500 personas de las varias comunidades del Río Atrato huyeron hasta Turbo y otros municipios aledaños. Ha sido uno de los mayores desplazamientos en la historia de esta región. Sólo unos pocos decidieron quedarse o regresar al poco tiempo y presenciar el terror. Entre ellos estaba Marino López, el protagonista de esta historia.

El 24 de febrero de 1997, el comandante de la Brigada XVII, general Rito Alejo del Río Rojas, inició la Operación “Génesis” que tenía como propósito retomar zonas de la guerrilla, entre ellas las cuencas del río Cacarica, en Riosucio (Chocó) y las zonas aledañas. Hubo bombardeos y movimiento de personal por tierra. Las pocas familias que quedaron en la zona sólo atinaron a resguardarse en cambuches, mientras todo pasaba.

Dos días después, cuando pensaban que el horror ya había cesado, casi un centenar de paramilitares fuertemente armados pertenecientes al bloque Élmer Cárdenas de las AUC acordonaron a la zona. Juntaron a los habitantes y los amenazaron con insultos. A Marino lo obligaron a bajar unos cocos para beber su agua. Él, invadido por el miedo y presintiendo la muerte, se quitó las botas y se trepó a las palmeras. Al rato, dos paramilitares tomaron a Marino del brazo, le recibieron los cocos y le pidieron su documento de identidad. Lo tildaron de guerrillero. Él les dijo: “ustedes saben que yo no soy guerrillero”. Pero los ‘paras’ no le hicieron caso, desenvainaron un machete y comenzaron a perseguirlo.

Marino intentó huir arrojándose al río, pero los hombres de camuflado le gritaron: “Si huye le va peor”. Él decidió regresar pensado que le perdonarían la vida. Cuando llegó al bordo del río extendió su brazo izquierdo para salir del agua y, de un tajo, alias “Manito” le cortó la cabeza con el machete. Continuó con los brazos y las dos piernas a la altura de las rodillas. La gente del pueblo observó en silencio la carnicería. Algunos testigos, dentro de los que se encuentran los mismo victimarios hoy desmovilizados de las AUC, han relatado que la cabeza de Marino luego fue utilizada como balón de fútbol y cuando se cansaron de chutar, se dirigieron a la comunidad que estaba paralizada del miedo y le dijeron: “Esto no es nada... detrás de nosotros vienen más, pero a comer gente”.

Ha sido la mayor historia de terror que se recuerde en esta zona de Cacarica. Organismos de derechos humanos comenzaron a denunciar el hecho y la misma comunidad se movilizó para que la muerte de Marino no quedara en vano y se hiciera justicia. Algunos habitantes denunciaron la complicidad de la Brigada XVII con estos. Para ellos no se trató de casualidad el hecho de que dos días antes de la llegada de los “paras” y la muerte de Marino, hombres al mando de Rito Alejo bombardearan la misma zona. Las denuncias siempre fueron rechazadas por el gobierno.

Sólo hasta el año pasado, diez años después de lo ocurrido, fueron exhumados y reconocidos científicamente los restos de Marino López por la Fiscalía. La necroscopia confirmó que la cabeza había sido cercenada.

Además, cuatro desmovilizados del bloque Élmer Cárdenas: Diego Hinestroza, alias “el abuelo”, Luis Muentes, alias “el Calvo”, William Soto, alias “comandante Soto”, Rubén Darío Rendón, alias “el Lanero” y su comandante, Freddy Rendón, alias “el Alemán”, han confirmado en sus versiones libres de este año no sólo la horrorosa muerte del líder chocoano sino la complicidad del general Rito Alejo del Río en los hechos. “Se trató de una operación conjunta” relataron varios de ellos ante el Fiscal de Justicia y Paz. Se referían a lo que el comandante de la Brigada XVII denominó operación “Génesis” que tuvo como propósito tomarse la zona de Cacarica a sangre y fuego.
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