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| 12/26/2004 12:00:00 AM

El cine colombiano renace

Después de películas como El Rey, Jacklyn Rojas explica a qué se debe el renacimiento del séptimo arte

En Colombia se hace cine como purgando penas, con esfuerzo y sacrificio; arriesgando todo con la conciencia de que se puede perder más de lo que se puso en juego. Los realizadores tienen que llenarse de una infinita paciencia, creer fervientemente que la película va a tener por lo menos 300.000 espectadores, el promedio de lo que hace una película colombiana en taquilla, y por encima de todo deben ser tercos. Porque el cine en Colombia es el oficio de los tercos.

Antonio Dorado ganó en 1998 el premio del Ministerio de Cultura al mejor guión de opera prima, que le cubría sólo el 20 por ciento del presupuesto requerido para hacer El Rey. Felipe Aljure se embarcó en un préstamo de 300 millones de pesos al iniciar, en diciembre de 2002, el rodaje de El Colombian dream, y en 1999 Luis Ospina hipotecó su casa para hacer Soplo de vida. Solo era el inicio de sus proyectos y estaban sorteando apenas uno -la falta de plata- de los tantos obstáculos que enfrentan los realizadores colombianos.

Pese a lo sinuoso del camino, hay gente que se la está jugando por el cine colombiano. En lo que va del año se han proyectado en el país cinco largometrajes de ficción y dos de documental. María llena eres de gracia y el documental Los diarios secretos de Pablo Escobar se presentaron en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, y en octubre se estrenaron las películas El rey y Colombianos un acto de fe.

La dirección de cinematografía del Ministerio de Cultura estima que para finales de 2004 se estrenarán las películas Sumas y restas, de Víctor Gaviria y Perder es cuestión de método, de Sergio Cabrera, basada en el libro del escritor colombiano Santiago Gamboa; esto, sumado a las 19 películas que se encuentran en desarrollo y las 14 en etapa de posproducción, hace pensar en un renacimiento del cine nacional luego de 10 años de baja producción.

La industria vivió su época más activa durante los 80, cuando se realizaron aproximadamente 67 largometrajes. Pero la época dorada no duró mucho. Con el cierre de Focine en 1993, se estancó la producción de proyectos nacionales y todo el medio cinematográfico del país quedó desamparado. De la extinta Focine solo quedó un personaje que atendía, en los pasillos del Ministerio de Comunicaciones, a los que se acercaran en busca de información. Sin el respaldo estatal, la producción nacional cayó en picada.

Entre 1990 y 1999 se realizaron en el país sólo 20 películas, de las que se destacaron La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera y La gente de la universal, de Felipe Aljure, que fueron rodadas prácticamente con las uñas y consiguieron un moderado éxito internacional.

Durante esos años el cine colombiano estuvo a la deriva. "No había apoyo y la legislación existente era muy dispersa y a veces contradictoria", dice Catalina Samper, productora de El Colombian dream. "Desde que empezó la dirección cinematográfica en 1995, Felipe Aljure y Claudia Triana, actual directora de Proimágenes en Movimiento, fundación encargada de cuidar el patrimonio fílmico del país, lideraron un proyecto para unificar los miles de decretos que había sueltos y recopilarlos en una ley de cine". Durante tres gobiernos se luchó por la aprobación de la ley, que en junio del 2003 fue declarada constitucional.

"Esta ley puede llegar a ser la más importante en la historia de la cinematografía en Colombia", dice el folleto La ley de cine para todos, que la dirección de cinematografía puso a circular este año para informar de forma sencilla a los interesados en la industria cinematográfica del país sobre sus mecanismos y beneficios. La ley se sostiene sobre tres pilares: la creación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, el otorgamiento de beneficios tributarios para inversiones y donaciones a proyectos cinematográficos y la titularización de los proyectos en la bolsa de valores.

El fondo funciona como una especie de banco que guarda el dinero recaudado por los impuestos que se les cobra a exhibidores y distribuidores; Proimágenes en Movimiento, una fundación sin ánimo de lucro, se encarga de administrar el dinero, pero la entidad encargada de dirigir el fondo y asignar el dinero es el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura Cinematográfica, compuesto por un representante de cada uno de los sectores vinculados al cine en Colombia.

Hasta octubre el fondo recaudó aproximadamente 7.000 millones de pesos, de los cuales el consejo ha asignado un poco más de 5.000 millones en las tres convocatorias que ha abierto durante el año. Una de las modalidades de la tercera convocatoria fue proyectos de desarrollo de largometrajes. De 87 que se presentaron a la convocatoria fueron premiados 10 proyectos, entre los que se repartieron 250 millones de pesos.

De otro lado, las empresas que inviertan en proyectos cinematográficos recibirán beneficios tributarios. "En lugar de pagarle a la Dian", dice Catalina Samper, "la empresa lo invierte en una película y se le da un certificado que la Dian acepta en lugar de plata. Eso incentiva a la industria, pero sobre todo no se está mendigando.

En este caso todo el mundo gana, porque el inversionista no está ahorrándose la plata, que igual la hubiera gastado en impuestos. Está también invirtiendo: si a la película le va bien, a él le va bien".

El Colombian dream, con un presupuesto inicial de 600 millones de pesos, fue uno de los primeros proyectos en utilizar los beneficios tributarios. "Ya tenemos 12 certificados", afirma Catalina. "Pero, para hacer eso hay que cumplir con una serie de requisitos".

La titulación de proyectos en la bolsa funciona -según la Dirección de Cinematografía- "como la venta de apartamentos por planos". Las películas se autofinancian antes de estar en las salas y las ganancia obtenidas, cuando la película sea proyectada, son divididas entre los accionistas. Este punto de la ley aún no ha sido reglamentado.

La ley, al unificar todos los decretos que había sobre cine, logró darle fuerza, coherencia y buena imagen al sector, pero es apenas el comienzo; para Jairo Serna, productor de Colombianos un acto de fe, una película sobre las dificultades de tener un hijo en Colombia, la ley de cine es muy importante para producir, pero no para distribuir ni promocionar las películas. "Nada se saca con que se produzcan muchas películas si no están bien promocionadas y bien distribuidas".

En María llena eres de gracia, una coproducción entre Colombia y Estados Unidos, rodada en Ecuador, se vio este fenómeno. La película dirigida por Joshua Marston y premiada en festivales como Sundance y Berlín consiguió en Estados Unidos aproximadamente 2 millones de espectadores y en Colombia, sólo 110.000, tal vez por falta de publicidad.

La ley ha servido como incentivo para impulsar la industria cinematográfica en el país, pero el cine sigue siendo una apuesta arriesgada. En 2003 bajo el sol más inclemente, unos 40 grados centígrados, se filmaba en Girardot El Colombian dream, la próxima película de Felipe Aljure, que trata sobre el vicio del dinero fácil. Mientras filmaban unas tomas, al medio día y cerca de una piscina desocupada, una de las dos cámaras que se encontraba de cabeza, grabando desde un camión, se fundió. Al revisar los requerimientos para su utilización, el equipo de producción descubrió que la cámara estaba a punto de derretirse.

Durante el rodaje de La estrategia del caracol, en la filmación de una de las escenas más importantes de la película, en la cual se utilizaban explosivos y se tenía que filmar en una solo toma, Sergio Cabrera y su equipo se dieron cuenta, al terminar la actuación y cuando el set estaba destruido por la explosión, que la cámara principal no había grabado.

Historias como estas se repiten en la mayoría de las producciones. Muchas veces se resuelven con recursividad: Cabrera utilizó las tomas de las cámaras de soporte para construir la escena, pero en otros casos implican un gasto que no estaba calculado en el presupuesto, como sucedió durante el rodaje de la nueva película de Felipe Aljure.

Los incentivos entregados por la dirección cinematográfica están pensados para ayudar a los realizadores a sortear las dificultades, como las de La Estrategia del caracol y El Colombian dream, que se presentan durante las diferentes etapas de la producción de una película, para evitar que por falta de presupuesto las producciones se estanquen, como ha sucedido con Juana tenía el pelo de oro, de Luis Fernando Bottía. Cuando iniciaron grabaciones, la protagonista tenía 8 años; hoy tiene 20.

Para Agusto Bernal, crítico de cine, el Ministerio de Cultura está cumpliendo con entregar los incentivos estipulados por la ley. Ahora viene la contraparte: mirar cómo los realizadores responden a los premios y hasta dónde la serie continua de premios va a tener un final feliz para todos. "La ley fue un gran triunfo, pero no podemos gritar victoria cuando nos faltan todavía muchos escollos por saltar; sobre todo falta un mayor compromiso del espectador, falta hacer que se arriesgue más. En la medida en que el espectador se arriesgue podemos tener un cine de propuestas. Es un proceso bastante largo al cual aspiro podamos llegar".
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