Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/11/08 00:00

El doloroso drama del alcoholismo fetal

¿Qué es el Síndrome de Alcoholismo Fetal? ¿Cuál es el número de casos que se presenta en Colombia? Todo lo que usted quería saber sobre los niños afectados por el alcohol. Un informe de Diana Marcela Tinjacá.

El doloroso drama del alcoholismo fetal

Miguel* nació con su piel azul. Llegó al mundo entre dolores, carreras y angustias porque a su madre, una habitante de la calle sin cédula, sin registro de nacimiento y sin un certificado de indigencia, no la querían atender en el hospital. Nació con la piel azul, resultado de una malformación en el corazón, una dificultad mecánica que no le permitía a su minúsculo organismo oxigenarse como es debido. “Síndrome de ventrículo izquierdo no desarrollado; causa probable: Síndrome de Alcoholismo Fetal”, aparece en la historia clínica. Con apenas dos horas de nacido, Miguel mostraba cianosis, su piel se volvía más azul, su organismo no estaba recibiendo sangre oxigenada.
 

Han pasado apenas tres décadas desde que el Síndrome de Alcoholismo Fetal (SAF) fue identificado. Hasta ese momento, se creía que la placenta era capaz de aislar al feto de la exposición a agentes dañinos y, por eso, miles de recién nacidos eran atendidos y tratados por malformaciones congénitas y por otros síntomas discapacitantes que, probablemente, estaban relacionados con la exposición prenatal al alcohol, pero que no tenían un diagnóstico específico.

Sin embargo, luego de una serie de estudios y experimentos neuroquímicos, se descubrió que los fetos no eran inmunes a las condiciones externas. Se supo también que una de las sustancias que frecuentemente lograba penetrar la placenta era el alcohol y que éste, por ser un teratógeno (químico que produce deformidades), era uno de los principales causantes de anomalías congénitas como deficiencia mental y malformaciones como paladar hendido, microcefalia y defectos del corazón.

Los primeros estudios fueron alentadores porque revelaron que algunos de los efectos del síndrome se podían tratar. Por ejemplo, algunas cardiopatías congénitas, como la de Miguel, se lograban corregir con intervención quirúrgica; malformaciones, como el paladar hendido, era posible tratarlas con cirugía plástica; y el retraso mental y las discapacidades de aprendizaje se podían atender en centros de educación especial. Pero, con el tiempo también se confirmó que las secuelas del consumo de alcohol en la etapa prenatal acompañan a los niños afectados, de una u otra manera, durante toda la vida.


Mal para toda la vida

Miguel es uno y es muchos. Aunque en Colombia no existen cifras oficiales, cálculos de la Organización de Síndrome de Alcoholismo Fetal de Estados Unidos revelan que entre uno y dos niños por cada 1.000 recién nacidos vivos son víctimas del SAF y al menos nueve de cada 1.000 padecen consecuencias asociadas a este tipo de exposición, como discapacidades físicas, mentales, conductuales o de aprendizaje.

Ese podría ser el caso de Michel, que sufre problemas de aprendizaje. “Tiene 10 años. Desde los primeros meses de nacida manifestó problemas de atención. Cuando cumplió 5 años tratamos de integrarla a la vida escolar. Como los centros de educación especial son muy costosos, conseguimos que la aceptaran en un colegio para niños con desarrollo normal; pero, con el tiempo, no veíamos avances. Ella repetía una y otra vez el mismo grado. Ahora, intentamos incorporarla en programas artísticos”, relata la madre de Michel, Mariela, una ‘bebedora social’ que conoce de cerca las consecuencias del SAF. “La ignorancia es no saber que con el más mínimo trago consumido durante el embarazo se puede afectar al niño para siempre”, asegura.

Expertos, como Walter Lambert, profesor Asociado de Pediatría Clínica de la Universidad de Miami, coinciden en que estas realidades clínicas esconden tras de sí consecuencias permanentes, que abarcan no solo defectos físicos, sino también deficiencias cognoscitivas y hasta problemas de conducta. En algunos casos, la severidad de los daños limita prometedores proyectos de vida a crecer y desarrollarse en salones de servicios de educación especial o en centros de atención médica institucional, donde muy pocos niños logran obtener la capacidad de llevar una vida independiente como adultos.

“Ya tengo novio, se llama Nicolás, y estudia conmigo. A él le gusta pintar y a mí bailar”, dice Normita, quien sufre de retraso mental y problemas de lenguaje, dos de los efectos asociados al consumo de alcohol durante el período gestacional. A sus 26 años, y contra los pronósticos de los médicos, que aseguraron que no superaría la adolescencia, Normita vive con sus padres y asiste a un centro de educación especial. Sin embargo, nunca podrá tener una vida independiente.

Ni una sola copa

Aún no se sabe qué cantidad de alcohol se requiere para afectar al feto, varios estudios indican que los mayores estragos tienen lugar cuando la madre consume más de 80 g al día, aproximadamente de seis a ocho tragos. Otras investigaciones señalan que incluso las ‘borracheras’ ocasionales pueden ser perjudiciales. “Creemos que un solo sorbo de alcohol puede penetrar la placenta, haciendo estragos en las células y en las que están en plena formación”, dice Jairo Tovar, investigador en ciencias neuroquímicas de la Universidad Javeriana de Bogotá.

El especialista señala que, además de la cantidad de tragos, la severidad del daño también depende de otros aspectos, en especial del momento en el que se ingiere el alcohol, ya que existen períodos críticos en los que el feto es más susceptible: por ejemplo, durante el primer trimestre de gestación, etapa en la los órganos apenas están en plena formación.

Como no hay datos claros al respecto, el ideal es que no se beba ni una sola copa durante el embarazo. Por eso, las autoridades sanitarias mundiales se han centrado en la implementación de estrategias de prevención, con componentes de educación hacia la comunidad, en especial a las futuras madres, para evitar este desafortunado problema cuyas consecuencias requieren, por lo general, tratamientos muy costosos ya que los niños afectados sufren las secuelas por largo tiempo, sino toda la vida, y, en muchos casos, las perspectivas de lograr el control autónomo de sus propias vidas son escasas.

En países como Francia las medidas han sido radicales. Este mes, por ejemplo, se obligó a las comercializadoras de alcohol a incluir un mensaje o un logotipo que prevenga sobre el riesgo que su consumo por mujeres embarazadas supone para la salud del feto: “Incluso en poca cantidad, el consumo de alcohol puede tener consecuencias graves para la salud del niño”, dice el mensaje sanitario que deberán llevar las bebidas alcohólicas.

En Colombia se han creado programas de prevención para frenar el alcoholismo en la mujer. Una de las iniciativas más ambiciosas es el proyecto “Bebés sanos y deseados”, liderado por la Alcaldía Mayor de Bogotá, que busca conscientizar a las futuras madres, específicamente a las mujeres de escasos recursos, sobre cómo el consumo de alcohol durante el embarazo repercute gravemente en sus hijos. El proyecto consiste en el acompañamiento e instrucción sobre hábitos saludables, integración familiar, desarrollo gestacional y prevención de consumo de sustancias sicoactivas. “La idea es reducir a cero los riesgos durante la gestación y asegurar, desde el vientre materno, la salud de los bebés”, señala Maurín Rodríguez, coordinadora del proyecto.

Romper la cadena

El secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana para el control del abuso de drogas de la Organización de Estados Americanos, James Mack, quien visitó recientemente el país, recomendó la implementación de acciones de prevención dirigidas a quienes ocasionalmente abusan de la bebida, con el fin de reducir el consumo, antes de que las lleve a la dependencia; y también aseguró que es necesario que las personas alcohólicas tengan acceso a un tratamiento para evitar que el consumo se extienda de generación en generación.

En ese último grupo se encuentra Sandra*, la mamá de Miguel. Durante 25 años, ha sido habitante de la calle o indigente, como le dicen muchos. Y desde los 14 es alcohólica. Pero, a diferencia de otras madres de la zona, que abandonan a sus bebés en el mismo hospital, una vez que saben que están enfermos, Sandra decidió rehabilitarse y sacarlo adelante

Luego de que le explicaron los estragos que había provocado el alcohol en su hijo, resolvió participar en los programas de rehabilitación del Departamento Administrativo de Bienestar Social (DABS), de la Alcaldía de Bogotá. Allí recibió atención terapéutica especializada para superar las limitaciones generadas por el grave deterioro físico y mental causado por el consumo crónico de alcohol.

Desde que asumió la opción de cambio, el proceso ha sido lento y difícil. En lugares como en el que creció Sandra, la problemática social avanzó tanto, que la atención se centró en la recuperación de la población alcohólica y drogadicta, antes que en la prevención. Se trata de lugares de vicio, que a veces se camuflan en paredes pintadas y en fachadas limpias. Estas ‘ollas’, como se les conoce popularmente, son lugares históricamente miserables, como los hay en todos los países del mundo, donde se venden y consumen sustancias sicoactivas y que, como en el caso de la desaparecida calle del Cartucho, en Bogotá, llegaron a ser espacios extremos de pobreza, que se mueven entre los límites de la vida y la muerte. Se sabe que muchos de sus habitantes no tienen la voluntad o el interés de salir de allí, ni de sus vicios; otros no conocen el cómo; y a otros no les alcanza la vida.

“Yo empecé a trabajar en estas calles, vendiendo chance y la lotería. Ahí fue que aprendí a tomar. Muchos me compraban solo si, a cambio, aceptaba una cerveza. Así, al final del día había vendido todo, pero llegaba borracha a mi casa. A los 12 años dejé mi hogar y a los 14 era alcohólica. No quiero eso para mi hijo”, explica Sandra.

Para James Mack, estas son las cadenas que hay que romper para reducir el índice de madres alcohólicas ya que, por lo general, son los propios padres de familia, con el ejemplo, los primeros en cultivar el consumo entre los hijos. En otros casos, lo fomentan de manera indirecta al promover prácticas como el maltrato, el abuso sexual, el abandono o, como en el caso de Sandra, el trabajo infantil.

Lo que viene

Poco a poco, Sandra y Miguel han dejado atrás los terrenos derruidos, que sirven de resguardo para cientos de familias, muchas descompuestas por el alcohol. Después de pasar por un alojamiento transitorio de la Alcaldía, Sandra se capacitó en contabilidad y ahora vive con su hijo. “Antes del programa de rehabilitación solamente bebía, no tenía mis papeles al día, para mí no existían los sueños. Ahora tengo un hijo que me acompaña en la recuperación, porque este es un proceso que nunca termina”.

En el hospital se hicieron cargo de Miguel por un tiempo. Las enfermeras de turno estuvieron a su lado, pendientes de cada jadeo, de cada respiración. Y, aunque los médicos lograron cerrar esa pequeña válvula que el alcohol que ingirió su madre afectó, apenas comienza el largo camino para conocer las consecuencias del alcohol en el desarrollo motor e intelectual del niño.

Miguel ya no es un ‘bebé azul’, pero Sandra sabe que los efectos del alcoholismo fetal durarán toda la vida. Los problemas cambiarán a medida que el niño crezca, le dijeron los médicos, y, aunque ella guarda la esperanza de que las manifestaciones no sean graves, entiende que de un niño hiperactivo en la infancia, se puede pasar a un escolar con dificultades de aprendizaje y dar lugar a un adolescente con problemas de conducta agresiva. Todo depende de la evolución del SAF, cuyos criterios clínicos aún no son muy claros.



Píldoras

Los científicos han comprobado que el consumo de alcohol durante la gestación podría elevar la frecuencia de anomalías en el sistema nervioso y de cardiopatías congénitas –cerca del 26% de los bebés pueden desarrollar soplos o comunicación interauricular, y del 1% al 25% comunicación interventricular o anomalías de los grandes vasos–.

****
Un estudio publicado recientemente en Public Library of Science, señaló que la nicotinamida, un medicamento indicado para ciertas patologías autoinmunes, serviría para la prevención del síndrome alcohólico fetal.

En el estudio, realizado por científicos del Weill Medical College of Cornell University, de Nueva York (Estados Unidos), se administró alcohol en las crías de ratones, justo después de nacer. Como el desarrollo del cerebro de los ratones ocurre un poco más tarde que en los humanos, el cerebro de los ratones recién nacidos es equivalente al de los fetos humanos en el tercer trimestre de embarazo.
Se pudo comprobar que el alcohol causó la muerte de células cerebrales en el cerebro de los ratones recién nacidos, quienes manifestaron una serie de anormalidades cuando se volvieron adultos.
En otro grupo de ratones recién nacidos, se administró nicotinamida dos horas después de la inyección de alcohol. En ese grupo de ratones, la cantidad de células cerebrales que murió no fue tan numerosa y los ratones tampoco mostraron anormalidades en el comportamiento de adultos, dijeron los científicos.

*Nombres cambiados

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.