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| 6/16/2006 12:00:00 AM

“El efecto teflón tiene algo de verdad pero no es regalado”

El asesor del presidente Jaime Bermúdez es uno de los pocos que sale del gobierno. Analizó para Semana.com el fenómeno de opinión pública en que se ha constituido Álvaro Uribe.

Con el cambio de gabinete, la salida de Jaime Bermúdez, asesor del Presidente, ha sido de las más comentadas. Durante cuatro años, Bermúdez definió los ejes centrales de la comunicación del gobierno y se convirtió en uno de los interlocutores y estrategas más importantes de Uribe. Muchos le atribuyen el ‘efecto teflón’ del Presidente, y aunque él lo desmiente, lo cierto es que este abogado uniandino de 39 años se convirtió en su mejor aliado para llegar al segundo período. Juanita León, editora de Semana.com, lo entrevistó antes de su partida a Buenos Aires, donde será embajador de Colombia.

¿Por qué decidió renunciar ahora, cuando más lo necesita el Presidente?
Porque ya llevo dos campañas y un gobierno entero. Siento que es tiempo de moverme y buscar otras cosas, quiero volver al sector privado. Pero fue una experiencia alucinante trabajar con este gobierno, aprendí mucho.

¿Cuál fue la estrategia de comunicación que definió el Presidente para este período?
Hay distintos momentos y escenarios. Lo primero es que el Presidente tiene un talante que va a acorde con su estrategia fundamental de comunicación: tiene una dedicación al trabajo muy intensa, lo cual estratégicamente es muy conveniente porque la gente ve que se la juega a toda hora por el país. Lo segundo es la importancia de legitimar su mandato cada día, ganarse la confianza de la gente cada día. Hacer presencia constante en las regiones, gobernar a Colombia, no desde Bogota, sino en las regiones y desde las regiones del país. Esto va unido a cómo se relaciona con la gente a través de los consejos comunitarios, de las emisoras populares de provincia. Y un tercer elemento, es poner la cara cuando hay problemas y asumir la responsabilidad frente a estos problemas.

¿Es cierto que usted se inventó los consejos comunitarios en Oxford, cuando conoció al Presidente?
Mentiras. Eso es un idea del Presidente Uribe. Lo practicó cuando fue gobernador de Antioquia y durante la primera campaña, cuando hizo sus talleres democráticos.

Uribe se refiere con diminutivos en sus alocuciones públicas pero no habla así en privado. ¿Le recomendó usted hablar así?
No. Es una forma de hablar de él, de su vocabulario, de su forma de ser paisa.

¿Ha tenido efecto la estrategia de hablar con las emisoras comunitarias y no con la gran prensa escrita?
Como lo dije antes, es la importancia de hacer presencia en las regiones, de hablarle a la gente directamente.

¿A qué atribuye el efecto teflón de Uribe? Cree, como dijo Miguel Silva, que se debe a que actúa como intermediario entre los ciudadanos y el gobierno, como si no fuera él el gobierno?
Yo creo que el efecto teflón tiene algo de verdad, pero lo importante es considerar que existe por algunas razones, no es regalado. Un Presidente se gana la confianza de la gente en virtud de unos hechos, y de una forma de hacer las cosas. El efecto teflón surge de una voluntad y de una dedicación completa a resolver los problemas del país, a un percepción de que se la juega a todas horas por el país. Porque asume y pone la cara a los problemas y hay muchos ejemplos, como cuando asesinaron al gobernador de Antioquia y él salió a explicar todo, bajo otros tres principios, que es contar la verdad, aceptar la critica y darle continuidad a la política de seguridad. Y por supuesto, cosas como estar en contacto permanente con la gente. La hipótesis de Miguel Silva tiene sentido. El mismo Presidente ha dicho que él en el gobierno es visto como la oposición porque se fija no en lo bueno sino en lo que falta por hacer. Cuando hablo con él de cifras y encuestas, nunca me pregunta por lo que está bien, sino dónde hay problemas.

¿Fallaron en no saber vender el tema social?
Yo no creo. Yo creo que es una posición que se asume en ciertos sectores con intención política, y en otros donde creo que les falta información y conocer mejor qué piensa la gente del común. Si uno mira las encuestas, de manera recurrente, la política social se la reconocen a Uribe, hay formas de medir cómo han visto los colombianos la política social frente a gobiernos anteriores. Eso explica que hubiera ganado con un 62 por ciento. La gente ha visto resultados concretos en temas evidentes: el desempleo bajó del 17 al 11 por ciento, la pobreza, que venía con una tendencia terrible, bajó 9 puntos, aunque sigue siendo muy alta, pero la gente siente que sus vidas han mejorado. Se afiliaron más de 7,5 millones de personas al régime subsiado de salud, etc.

¿Valió la pena invertir tanto esfuerzo en convencer al país que no había guerra para luego reconocer que sí la había para complacer al ELN?
Yo creo que sí. Uno de los papeles importantes del Presidente es que crea doctrina, eso es muy importante para los países porque la doctrina orienta las acciones de la gente. El Presidente dijo que no había conflicto porque no reconoce legitimidad a esos llamados actores armados, pero nunca se desconoció la gravedad de la amenaza terrorista. Cuando el Presidente reconoció la existencia de un conflicto frente a la exigencia del Eln para avanzar en la negociación, dijo que anteponía sus convicciones personales en este tema si eso permitía avanzar hacia la paz.

¿Fue idea del Presidente no asistir a los debates con los demás candidatos?
Eso fue algo que se definió en la campaña del 2002 luego del primer debate, y en esta existía consenso al interior de la campaña, empezando por el mismo Presidente, de no hacerlo. Lo cual no quiere decir que el presidente no estuviera dispuesto a discutir los temas que preocupan a los colombianos en otros tantos escenarios públicos y en los medios de comunicación.
 
La gente tiene la percepción de que el Presidente es muy malo para resistir a los opositores. ¿Tuvo usted algo que ver con eso? La estrategia fue muy clara: no hacer ataques personales con nombre propio. El Presidente nunca tuvo un comentario haciendo alusión personal a ninguno de los otros candidatos. Nuca tuvo referencia personales ni a Carlos Gaviria, ni a Antanas Mockus ni a Horacio Serpa. Eso fue deliberado. Pero en ciertas intervenciones había alusión a lo que los otros candidatos representaban, eso hace parte del juego político.
 
La idea del vocero de Palacio no funcionó. ¿Fue eso grave?
Nunca se ha ensayado, nunca se decidió que lo hubiera. En ocasiones, el jefe de prensa Ricardo Galán ha leído comunicados, es importante para TV que haya un registro televisado. Pero no bajo el esquema de un sólo vocero para todos los temas del gobierno.

¿Filtró usted lo de la supuesta pensión alta de Carlos Gaviria que fue luego desmentida?
Pro supuesto que no. Nunca tuve que ver con eso ni con esa información. Ese no es mi estilo de hacer las cosas, ni mucho menos el del Presidente Uribe.

Uribe saca mil cifras cada vez que habla. ¿Por qué?
Eso surge porque el Presidente tiene muy claro que los gobernantes tienen que ganar credibilidad, él hace una gestión orientada a los resultados. Las cifras sirven para que a uno lo evalúen y para que de una manera no retórica la gente pueda reconocer dónde hay avances y dónde no.

¿Cuál fue su mayor desafío en estos cuatro años?
En dos frentes: un tema que siempre es complicado, es la capacidad de coordinar las entidades y ministerios alrededor de la comunicación que surge de Presidencia y del Presidente. Y en su momento, en ciertas coyunturas, hubo momentos difíciles que son muy retadores. Uno, es comunicar la política social del gobierno, otro el TLC, otro el referendo en el cual hubo muchas equivocaciones del equipo de gobierno, y momentos delicados como la crisis de Venezuela con el caso Granda.




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