Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/02/02 00:00

El hombre detrás del lente

Carolina Vegas de SEMANA tuvo oportunidad de entrevistar al fotógrafo y documentalista canadiense Gregory Colbert, quien por estos días está exponiendo su obra ‘Ashes and Snow’ en el Zócalo de Ciudad de México.

El hombre detrás del lente

El trabajo de Gregory Colbert no sólo es artístico, también busca crear conciencia acerca del trato que los humanos le dan a la naturaleza. Él piensa que nuestra sociedad utiliza los animales como objetos y no los trata como iguales. Su obra de vida es la creación de un bestiario universal en donde se rescata la imagen del animal totémico, sabio, del cual el humano puede aprender. Lleva 17 años viajando por todo el mundo para tomar las imágenes que hacen parte de su obra itinerante, que sigue en construcción y se renueva año tras año. Su primera exposición fue en el Arsenal de Venecia en 2002. Luego ideó el Museo Nómada y desde 2005 ha viajado con él y su exposición Ashes and Snow (cenizas y nieve) a Nueva York, Los Ángeles, Tokio y ahora Ciudad de México.

SEMANA: ¿Como ha sido la experiencia de presentar la exposición ‘Ashes and Snow’ en el Zócalo de México?
Gregory Colbert: El Zócalo es conocido tradicionalmente como un lugar de protesta y división. Es una experiencia mágica poder hacer algo que es tan pacífico y ver que es recibido con los brazos abiertos. Tuvimos más de 35.000 personas el sábado y 33.000 el domingo, así que todos los récord de exhibiciones que existían acá se han ido rompiendo día tras día. Es algo maravilloso ver personas que son tan agradecidas y tan pacientes, que esperan en una fila por tres o cuatro horas. Y ver que salen del edificio transformados. Es lindo ser parte de algo que puede inspirar a las personas.

SEMANA: ¿Cómo se construyen las imágenes, como es todo el proceso?
G. C.: Es un proceso de 17 años de expediciones. Hay tanto animales que son salvajes como animales que están acostumbrados a la presencia humana. En ambos casos es lo mismo, hay que crear un clima de confianza. Y cuando se logra la confianza se pueden crear cosas más específicas y creo que esa es la serie de milagros que han ocurrido durante estos años. Pero el proceso sólo puede funcionar cuando existen espacios compartidos. Los animales no siguen mis órdenes, son ellos mismos. Viven y siguen su propia voz. Así que es una colaboración entre las voces.

SEMANA: ¿Ha habido algún momento en que el animal no se ha sentido cómodo y ha tratado de atacar o de huir?
G. C.: Yo siempre he dicho que la reacción más peligrosa es la violencia, y el animal más peligroso es el ser humano. Eso lo proyectamos y la mayoría de los animales tiende a reconocerlo. Ellos son los que tienen que confiar en nosotros, porque tenemos una historia en la cual no nos hemos ganado su confianza. Tenemos una historia que nos hace dignos de habernos ganado sus sospechas, porque nuestro comportamiento es de dominación sobre el reino animal.

SEMANA: ¿Cuál es la reacción más sorprendente que tiene el público mientras mira sus fotos?
G. C.: Creo que tendría que decir que es el silencio absoluto. Hay casi siempre 500 o 600 personas en un salón que parecen trasportarse a otro lugar. El efecto más impresionante es ver que nadie se mueve. Son personas que están completamente inmersas de corazón, espíritu y mente, en la naturaleza.

SEMANA: ¿De donde viene su pasión hacia los animales y la naturaleza?
G. C.: Todo viene del mismo lugar, del corazón humano. Hay personas que están más abiertas a eso, hay otras que se enfocan más en su círculo social o en sus orígenes religiosos. Yo creo que la naturaleza de la emoción humana es amar algo sin ponerle límites artificiales. Yo creo que mi amor por los animales viene de mi amor por la vida, y la naturaleza es parte de la vida.

SEMANA: ¿Usted es vegetariano?
G. C.: No soy un vegano (alguien que no come ni usa nada que sea derivado del animal), como algo de carne, pero muy poco. No hay una ideología detrás de lo que hago, creo que simplemente es producto del sentido común. Por qué no celebrar la naturaleza si hacemos parte de ella. Por ejemplo, Colombia es un país hermoso, ustedes y Brasil tienen una de las bibliotecas vivientes más grandes del mundo. Ashes and Snow (Cenizas y nieve) nace de las cenizas de todas esas bibliotecas alrededor del mundo que se están quemando. Pero ahora las nuevas generaciones deben ser las que tomen la decisión de preservar esas bibliotecas.

SEMANA: ¿Durante cuánto tiempo más planean seguir viajando con la exposición por el mundo?
G. C.: El tiempo en que los elefantes sigan siendo bienvenidos. Vamos a ir a Rio de Janeiro y seguiremos viajando a otros países que nos quieran acoger. Por ahora estoy enfocado en Latinoamérica porque creo que es importante que la gente entienda que ustedes tienen el equivalente al museo de Louvre, o al Museo Metropolitano, tienen una de las colecciones más increíbles y diversas dentro de su mundo natural. Quiero inspirar a la gente para que logre reconocer esto con dignidad y orgullo. Cuando a la gente se le cuestiona si está actuando de manera correcta, va a querer hacer lo que en verdad es correcto. Y ese es mi deber como artista, porque de mi pequeña manera puedo transformar la forma como la gente ve la naturaleza.

SEMANA: ¿Cómo va su proyecto de la fundación para los derechos de autor de los animales. (Animal copyright foundation)?
G. C.: Después de mucho tiempo de haberlo plantado, lo iniciamos acá en Ciudad de México. La campaña es a favor de los derechos de autor de los animales, todas las imágenes de la exposición tienen este logo. La idea es que el 1 por ciento de las ganancias del material en que se usan animales como modelos, tanto en medios impresos como en audiovisuales, sea donado a fundaciones de conservación en todo el mundo.

SEMANA: ¿Cuál es la idea detrás de museo nómada? En las exposiciones anteriores trabajó con Shigeru Ban y ahora está trabajando con el arquitecto colombiano Simón Vélez. ¿Por qué la necesidad de construir un edificio para luego desmontarlo y volver a armarlo de nuevo?
G. C.: No quería un edificio que fuera del cielo a la tierra, quería un oasis que aparece en Tokio y meses más tarde en el Zócalo. Es una idea basada en la noción de la danza, un edificio que se mueve, que no es estático, que es ágil y que tiene conversaciones de diferentes maneras con diferentes ciudades. Por eso empecé a trabajar en colaboración con Simón Vélez, que hizo casi todo en bambú. Es la estructura más grande que existe hecha en bambú, pero al mismo tiempo es como un poema épico escrito en bambú. Es un arquitecto maravilloso, un visionario.

SEMANA: Usted empezó haciendo documentales sociales en Francia. ¿De dónde vino la idea de tomar fotos de animales?
G. C.: La película, y las fotos, y las palabras, como hablamos antes, es algo por lo que siento pasión. Poder explotar esa pasión a diario, despertarme en la mañanas y saber que voy a hacer lo que me encanta, lo me eriza los pelitos de la espalda y mueve mi corazón. Me encanta dejarme asombrar por la naturaleza en todas sus formas. Además me di cuenta de que el universo que tenía en frente era uno que excluía y explotaba la naturaleza como un objeto y no como un igual. Yo quería entenderme con la naturaleza de igual a igual.

SEMANA: Usted aparece en algunas de las fotos y en algunos de los videos. Hay quienes han criticado esto como un acto de egolatría.
G. C.: Rembrandt se retrató a sí mismo durante toda su vida. No creo que fuera una obra literalmente sobre sí mismo, lo que trataba de mostrar era a un hombre con el paso del tiempo. En mi caso, las únicas veces en las que aparezco es cuando estoy bajo el agua con las ballenas y es porque ellas son carnívoras, son los carnívoros más grandes del mundo y nadie más estaba saltando ante la oportunidad de compartir con estos animales, que además pesan toneladas. Otras personas me han preguntado que por qué soy la única persona blanca al lado de toda esa gente exótica. Pero la verdad es que describir a otras personas como exóticas es una visión completamente colonialista y yo no describo a gente que no tiene la piel blanca como personas exóticas. Yo no estoy contando la historia del hombre blanco occidental.

SEMANA: Además de que pensar que los humanos ven a los animales como objetos, ¿qué más cree usted que está mal con el mundo?
G. C.: Debo decir que lo que está mal es la cultura que glorifica la violencia. De pronto podemos inspirar a la gente a no ver como héroes a las personas involucradas en los conflictos, sino a las personas que crean unión, como Nelson Mandela, Al Gore en su lucha por el medio ambiente, o a Martin Luther King. Yo no veo gloria en los ejércitos, no la veo en personas que lideran el conflicto. Quiero ver a las otras personas, esas son la historias que quiero contar.

SEMANA: Cuando era niño, ¿qué soñaba con ser cuando grande?
G. C.: Yo quería ser un elefante y creo que mi sueño se hizo realidad.



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