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| 5/5/2003 12:00:00 AM

El mosquito mutante

Aunque llegó a pensarse que ya estaba controlada, la malaria mata hoy en África a 3.000 niños diariamente. Y a pesar de que en Colombia las cifras no son tan desalentadoras el problema parece estar creciendo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el pasado viernes 25 de abril, en el marco de la celebración del Día de la Malaria, un informe en el que indica que la enfermedad sigue avanzando a tal nivel, que mata a un niño cada 30 segundos en Africa y sigue siendo la amenaza más grande para mujeres embarazadas y para recién nacidos. Y, aunque en Colombia la cifra es menor, también se presenta un incremento substancial, causado especialmente por los cambios ambientales y por el desplazamiento causado por el conflicto armado. En el último tercio del siglo XX, la comunidad científica del mundo pensó tener controlada la malaria, enfermedad que se transmite por la picadura de un mosquito y que puede causar la muerte. En ese entonces, en Colombia se hablaba de la creación de una vacuna sintética que dio las mejores expectativas a nivel global y además, se estaba utilizando el Chloroquine, un medicamento empleado para tratar y prevenir la enfermedad que estaba dando muy buenos resultados. Quince años después, la esperanza y el éxito en el tratamiento están reducidos a su mínima expresión. Desde mediados de los años 80, se detectó que el medicamento ha perdido su utilidad, puesto que los mosquitos portadores de la enfermedad se han vuelto inmunes a éste. Y, por otro lado, la vacuna creada por el científico colombiano, Manuel Elkin Patarroyo, no ha acabado de probarse y desarrollarse, razón por la que no alcanza a ser suficientemente eficiente. En ese aspecto, la medicina ha retrocedido unos cuantos pasos. Cuando fue creada en 1984 por el doctor Patarroyo, se determinó que la respuesta inmunológica que proporciona la 'vacuna preventiva sintética' (SPF 66) estaba entre un 40 y 60 por ciento en adultos y hasta un 77 por ciento en niños mayores de un año. Pero ahora el diagnóstico es diferente y se ha determinado que es mucho inferior. Y a pesar de que Patarroyo no estuvo dispuesto a hablar del tema le atribuye el estancamiento del desarrollo de su creación, al bajo presupuesto que le brinda el gobierno a sus estudios. La versión de éste último es totalmente opuesta e indica que los recursos para sus investigaciones es bastante alto y que después de 18 años el grupo no ha dado ningún resultado. Pero ello no significa que todos los elementos para combatirla sean inútiles o inexistentes. La OMS asegura que parte de la responsabilidad del aumento de la malaria, recae en los gobiernos y organismos médicos que siguen utilizando el Chloroquine por su bajo costo, pese que ya existen otros recursos más eficientes y modernos. "Se ha puesto un mayor énfasis en ver la manera de ahorrar dinero y no salvar vidas", reconoce el informe. Y asegura que ya existe el ACT, una combinación con un derivado de artemisina, que es el más efectivo que existe actualmente, pero que no es utilizado en las proporciones correctas por su elevado costo. Una dosis de ACT cuesta 1,05 dólares, mientras que una dosis de Chloroquine cuesta 50 centavos de dólar. Así mismo se enumeran otros recursos que colaborarían con la disminución de casos. "Debería haber conciencia al respecto. La gente que se contagia, o que está en peligro de hacerlo, necesita un tratamiento pronto y efectivo para prevenir el desarrollo de la enfermedad y del riesgo de muerte", reitera el informe. "Desde los 80 los mosquitos han desarrollado inmunidad al Chloroquine. Incluso en algunas zonas ha perdido su efectividad clínica. Lo peor es que hay otros elementos que pueden salvar vidas y no son empleados". La ITN (red tratada con insecticida, por sus siglas en inglés), es otro recurso que, a pesar de ser más económico y simple que el ACT, no es alcanzado por toda la población en riesgo de tener la enfermedad. Es un mosquitero que tiene mejor resultado cuando está impregnado de insecticida y se pone en las ventanas de las casas y rodeando las camas, para evitar el contacto con el mosquito anopheles, que transmite distintas variaciones del parásito capaz de infectar al ser humano y llegar a causarle la muerte si no es tratado a tiempo. Sin embargo, "se ha detectado que sólo el 15 por ciento de los niños africanos duermen bajo un mosquitero y sólo el 2 por ciento de esas redes han sido tratadas con insecticida. Es decir, que no están siendo protegidos efectivamente", le explicó a la OMS, la directora ejecutiva de la Unicef, Carol Bellamy. Tal vez una de las constantes de la situación en Africa y que se sufre sobre todo en la zona subsahariana, es que la gente no tiene acceso a estos elementos. La OMS propone repartir medicamentos y elementos como las redes en las casas y las droguerías locales. Pero en la mayoría de ciudades y pueblos esto no es posible por los elevados costos que la iniciativa supone. Africa en cifras El informe reconoce que la quinta parte de los niños se mueren en Africa víctimas de la malaria y que ésta ha logrado convertirse en el mayor impedimento para el desarrollo en varios países del continente. Además el 90 por ciento de las muertes ocurren en la región subsahariana y la mayoría de los niños que mueren tienen menos de 5 años. En esta zona la cifra de enfermos nunca parece disminuir e incluso ha aumentado con relación a la década anterior, mientras que en otras ha habido ciertos períodos en los que la enfermedad permanece constante e incluso ha disminuido. Un ejemplo de ello son los países Burundi, Zambia y la provincia de Zanzíbar en Tanzania, en donde, por el uso de ACT, la muerte por malaria se ha reducido en un 80 por ciento. Así mismo, en Tanzania la muerte de niños se ha reducido en un 25 por ciento por el uso de los mosquiteros o redes con insecticida. La enfermedad en Colombia En Colombia el panorama no es tan desalentador. Sin embargo se ha detectado que los casos se han incrementado después de que se creía que la enfermedad estaba controlada. Cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indican que en menos de cuatro años, el número de enfermos reportados se duplicó: de 71.012 casos en 1999, se dio un salto a 139.542 en el 2002. El Ministerio de Protección Social le atribuye el fenómeno al cambio de las condiciones ambientales del continente, sobre todo en el Pacífico, y a las migraciones y desplazamientos internos que se han incrementado en los últimos años debido al conflicto armado. "La gente con malaria se está moviendo por todo el país. Si un mosquito sano la pica, inmediatamente se infecta y comienza a transmitir la malaria", indicó Ana González, directora general de salud pública del Ministerio. Aunque son casi 140.000 los enfermos de malaria reportados en el último año, la población que hoy está en riesgo de contraer la enfermedad es de 5.027.427 personas. Los departamentos y zonas más afectadas por el fenómeno son Chocó, Córdoba, Orinoquia, Antioquia, Nariño y Amazonia. Al respecto, reportes del Sistema de Vigilancia de Salud Pública (Sivigila), indican que sólo en Antioquia, que es el departamento que presenta mayor número de casos, existen algo más de 1,6 millones de personas con alta vulnerabilidad frente a la enfermedad. En el Caquetá, más de la tercera parte de los habitantes está en peligro, al igual que en Putumayo y Chocó. Las cifras anteriores indican que la enfermedad en Colombia se incrementó desde el 2000 en un 91,6 por ciento. El Ministerio de Protección Social ha reconocido en numerosas ocasiones que no ha habido un control constante de la enfermedad y por ello hay propósitos claros al respecto. "En el Ministerio nos hemos trazado metas claras para combatir la malaria. Al finalizar el año debemos haber disminuido la mortalidad en un 50 por ciento", señaló González. La malaria es sólo una de las enfermedades y motivos por lo que mueren personas en el mundo, sin embargo este es uno de los casos que se podría combatir, si no en su totalidad, sí en su mayoría. Falta que se le dedique más dinero y atención a las medidas de control para que dejen de morir niños y mujeres embarazadas víctimas de un mosquito que, como las cucarachas, ha ido desarrollando defensas en contra de los poco efectivos y mal utilizados avances que ha dado la ciencia en contra de la enfermedad.
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