Sábado, 21 de enero de 2017

| 2004/09/05 00:00

El mundo bizarro de Colfuturo

Adolfo Meisel, Gerente del Banco de la República en Cartagena, escribe sobre las políticas discriminatorias de Colfuturo.

El mundo bizarro de Colfuturo

Para los colombianos que crecimos a fines de la década de 1950, historietas como las de Tarzán y Superman fueron de gran importancia para el avance en la habilidad para la lectura. En mi caso, la principal motivación para aprender a leer cuando tenía 4 años fue poder imitar lo que hacían mis primos, que eran un poco mayores que yo: treparse en un árbol en el antejardín de la casa de mi abuelo, en la carrera 53 de Barranquilla, leyendo durante largos ratos historietas o 'paquitos', como les decíamos. Mientras eso hacían mis primos, a unos escasos metros, quien para nosotros parecía un loco pintaba semidesnudo en la terraza de uno de los apartamentos del edificio La Perla. Años después supe que se llamaba Alejandro Obregón, el artista que inauguró la pintura moderna en nuestro país.

Ya ni mis estudiantes ni mis colegas economistas de menos de 40 años están familiarizados con los personajes de las historietas. Tal vez sus parcos hábitos de lectura estén relacionados con el hecho de haber crecido en la era de la televisión.

Pues bien, recientemente en un seminario sobre la historia económica de Colombia en el siglo XX realizado en Bogotá, y que convocó más de 900 personas, hice un rápido sondeo entre economistas para saber los de qué edad sabían qué era el mundo bizarro. En los de menos de 40 fue evidente que ninguno sabía. En contraste, los de más de 40 recordaron con entusiasmo que el mundo bizarro era un planeta en las historietas de Superman, en el cual todo se hacía al revés. Por ejemplo, la pasta de dientes se usaba para los zapatos y el betún, para cepillarse los dientes.

A mí me parece que los directivos de Colfuturo deben haber llegado subrepticiamente del mundo bizarro a bordo de una nave espacial, pues aplican una lógica contraria a la sabiduría del planeta Tierra. Para la muestra un botón: la Universidad de Yale, una de las mejores de este mundo, hace algunos años anunció en forma tajante que no otorga becas por mérito académico. Su filosofía es clara: para entrar a Yale el criterio que se usa es el mérito y para acceder a la beca se usa sólo el criterio de necesidad económica. Por lo tanto, si la persona no necesita recursos no se los otorgan. En contraste, y como tal vez hacen en el mundo bizarro, en Colfuturo el criterio para otorgar la beca-crédito es lo que ellos definen como mérito, sin importar que la persona posea recursos o no. Si usted es rico, pues sea más rico. Lo cual no está mal. Lo malo es que lo hacen con nuestras exenciones tributarias.

Durante el mes de julio salió publicada en los principales periódicos del país la lista de los 136 beneficiarios en 2004 de la beca-crédito de Colfuturo. Me voy a referir en este breve artículo a un aspecto de los resultados publicados y del cual he sido crítico desde hace varios años: el de la falta de un balance regional en la selección de becarios.

Las cifras son de un marcado sesgo regional. El 54,4 por ciento de los beneficiarios son de Bogotá; el 15,4 por ciento, de Antioquia y el 7,4 por ciento, del Valle. Es decir, el 77, 2 por ciento de tres entes territoriales que sólo representan el 37,9 por ciento de la población colombiana, el llamado Triángulo de Oro.

En la convocatoria de Colfuturo de 2003, esos mismos entes territoriales tuvieron el 75,8 por ciento de los beneficiarios, o sea que la tendencia es a una mayor concentración regional en la distribución de estos subsidios. En contraste con lo que sucede con el centro del país, a la Costa Caribe, región donde vive el 21 por ciento de los colombianos, sólo le correspondió el 6,6 por ciento de los beneficiarios. Como los departamentos más prósperos son los que tienen más beneficiarios per cápita, el subsidio implícito en la beca-crédito de Colfuturo es altamente regresivo territorialmente (como lo es también desde el punto de vista interpersonal).

Colfuturo está contribuyendo de esta forma a que la gente mejor preparada del país sea cada vez más homogénea social, económica, territorial y racialmente. Una tecnocracia muy diferente a lo que es este inmenso país con regiones muy diferentes en sus características culturales. De este modo, este programa destinado a mejorar el capital humano de alto nivel de Colombia contribuirá a que los desequilibrios económicos regionales, y los educativos, sean cada vez mayores. Quienes conocen esta problemática saben que en nuestro país cada vez hay más desigualdades entre las regiones (lo que los economistas definen como una ausencia de convergencia beta y sigma).

Lo grave de todo esto es que una situación de disparidades en los niveles de desarrollo económico relativo tan grande es terreno fértil para los populismos políticos. Basta mirar hacia la 'hermana república bolivariana' para ver las consecuencias adversas de una crisis política en la que la creciente antipatía cultural hacia la corrupta élite caraqueña es uno de los elementos más importantes, según los informados conceptos de varios de los más reconocidos intelectuales venezolanos.

El tema de fondo es un supuesto dilema entre diversidad y una definición arbitraria del mérito (que no es lo mismo que el talento). Realmente lo que mide Colfuturo no es el mérito personal, pues ¿qué mérito tiene haber nacido en la clase media-alta bogotana? Eso es sólo un accidente. ¿O es que los directivos de Colfuturo piensan seriamente que en Colombia el 54,4 por ciento del talento está localizado en los barrios de estratos altos de la capital? En Estados Unidos, algunos analistas piensan que la inteligencia de los afroamericanos está por debajo de la media del resto de la población y que por esa razón tienen un pobre desempeño intelectual (lo que se ha denominado el debate de la Bell Curve). ¿Piensan algo así sobre los costeños, los chocoanos, los nortesantandereanos o los caucanos los señores bogotanos que orientan Colfuturo?

¿Cuál es en mi opinión el problema? Si sólo se utiliza la excelencia académica para escoger a los beneficiarios, definiendo esa excelencia como la habilidad para ser aceptado a una buena universidad en el exterior, sin siquiera importar que no necesite un subsidio, entonces lo que se va a lograr es la escogencia de un limitado grupo socioeconómico y regional. Ello contribuirá a que Colombia sea cada vez más desigual en su desarrollo económico territorial y a que su élite académica sea cada vez más diferente al resto de los colombianos: muy Tercer Mundo.

¡Ah, pero no queremos rebajar los estándares de calidad! ¿Y quién ha hablado de eso? Lo que pretendemos los que hemos sido críticos de las políticas de becas de Colfuturo y Colciencias es que se entienda que este es un país muy heterogéneo en sus niveles de desarrollo económico, social y educativo. Por esa razón es necesario tener programas que no sólo beneficien la cúspide de la pirámide educativa sino a todos los niveles de ésta. Por supuesto, si algún colombiano es aceptado para hacer un doctorado en Yale o en Harvard debe ser apoyado independientemente de su región de origen. Eso sí, señores de Colfuturo, en caso de que tengan escasez de recursos para financiarse pero no si les sobran, como a menudo sucede en los programas de becas para el exterior en Colombia (y poner ejemplos sería odioso).

Es cierto que resulta poco probable que alguien de Sucre, de Chocó o de Norte de Santander sea admitido en un programa de doctorado en el Ivy League. Pero se podrían hacer programas orientados para que esas regiones logren mejorar su recurso humano de alto nivel. Por ejemplo, hace algunos años el programa de Laspau fue muy exitoso en lograr que muchos profesionales colombianos de provincia y que trabajan allí fueran a especializarse en Estados Unidos. Ese programa hacía tres cosas que le permitieron tener éxito donde ha fracasado Colfuturo: 1) ubicaba gente con talento académico en regiones rezagadas de Colombia que quisieran especializarse en Estados Unidos, 2) les financiaban hasta un año de aprendizaje de inglés en ese país en caso de que no tuvieran el dominio de ese idioma y 3) los ayudaban a ser admitidos en una buena maestría o doctorado de acuerdo con el perfil profesional que tenían. El éxito no es imposible. Laspau todavía existe, aunque ya no desarrolla programas en Colombia sino que se concentra en países menos desarrollados que el nuestro, como Bolivia, por ejemplo. ¿Podrían ellos ser asesores de Colfuturo? Estoy seguro que lo harían con gusto y tal vez a muy bajo costo.

En síntesis, no deben existir programas para la cúspide de la pirámide educativa, abandonando todo lo demás, pues ello lleva a que cada vez se hagan más grandes las brechas económicas entre las regiones de Colombia. Eso no es bueno para nadie, pues en el largo plazo ello afectará no sólo a la economía sino también la legitimidad de las instituciones y la gobernabilidad del país. Piénsese lo que sucede en Venezuela. Allí uno de los componentes más sobresalientes de la crisis es la reacción cultural y social en contra de la élite caraqueña. O para no ir tan lejos, ni ser tan dramáticos, recuérdese que el referendo de Uribe fue aprobado casi en su totalidad si se excluyen los siete departamentos de la Costa Caribe continental. Y no quiero pensar en un Chávez colombiano.

* Gerente del Banco de la República en Cartagena

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