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| 2/26/2008 12:00:00 AM

El nudo que rodea al Paramillo

En las estribaciones del Nudo de Paramillo, cuatro municipios: Caucasia, Tarazá, Montelibano y Tierralta, tratan de salir de un pasado marcado por el control paramilitar, ahora el narcotráfico y el miedo por el surgimiento de nuevos grupos delincuenciales son las nuevas pesadillas de una región que padece la paradoja de ser una de las más ricas del país y en donde sus pobladores viven y mueren en parte por el negocio de las drogas ilícitas.

Alrededor de las estribaciones del nudo del Paramillo, en el Bajo Cauca y el Alto Sinú, donde antes mandaban los paramilitares, se libra una guerra soterrada por el control del narcotráfico, la administración pública y la política de la zona. Allí los pobladores de estos municipios de Antioquia y Córdoba sólo saben callar por miedo.

Por estas ricas tierras, que fueron de control de las Autodefensas Unidas de Colombia, ya no se siente la presión armada que ejercían sobre la población civil. Ahora, frente a la entrega de los paras, nuevos grupos delincuenciales ejercen otro tipo de presión sobre los pobladores de la región, que sin armas igual intimida.

La zona vive otra realidad: El descenso de los cultivos ilícitos, por la presión de las autoridades, ha provocado nuevos escenarios entre las bandas que luchan por el control de los restos de un negocio que cada día es menos lucrativo en la región. Con esto también es evidente el impacto sobre las economías locales que se ven afectadas por el descenso en la actividad del narcotráfico.

En la pasada campaña electoral el apoyo de grupos de desmovilizados a varias campañas políticas, las amenazas a ciertos candidatos y los asesinatos en poblaciones como Tarazá y Tierralta denotan una nueva faceta de la guerra por un territorio que trata de salir del control del narcotráfico.Los desmovilizados fueron vitales en la pasada contienda y juegan un papel importante en el plano político de la zona, en donde su participación es vista con cierto temor por muchos de los habitantes de los municipios recorridos por Votebien.com.

Además, los pobladores tienen miedo por el surgimiento de nuevos actores delincuenciales que no se descarta tengan injerencia en las administraciones municipales. Aun así, es evidente que la menor presión armada generó una mayor participación tanto en las urnas como en las candidaturas.

Tarazá en el medio
En la parte alta de Tarazá, el padre Elkin en traje de fatiga supervisa las obras de construcción de bóvedas en el cementerio local. A un costado señala una hilera de tumbas con fechas del 2007, todas de cuerpos sin identificar que trajo el río.

En los últimos 10 meses, 15 cadáveres han aparecido en los bancos de arena que se forman a los costados de este afluente del Cauca, en donde volquetas levantan puñados de grava que sirven para construir sus tumbas. Es la señal de la lucha territorial que se libra río arriba entre narcotraficantes, bandas emergentes como las Águilas Negras y la guerrilla de las Farc. “En el pueblo se cree que son ajustes de cuentas entre narcos de Santa Rita, Ituango y La Caucana, en donde se concentran las plantaciones de coca”, explica el sacerdote.

Desde cuando se desmovilizó el bloque Mineros comandado por el paramilitar Ramiro ‘Cuco’ Vanoy, esta zona pareciera estar sin dueño y el vacío ha sumido al pueblo en la incertidumbre sobre quien la controla ahora. Este pequeño municipio, que se extiende sobre la margen izquierda del río Cauca y a lado y lado de la troncal de Occidente, lleva varios meses sufriendo las consecuencias de esta disputa y del declive del narcotráfico por las fumigaciones en las estribaciones del nudo del Paramillo.

“Muchos comerciantes se han ido y poco a poco, el comercio se ha visto afectado por las fumigaciones a los cultivos de coca”, explica un líder comunitario. Lo cierto es que la falta de empleo y dinero del narcotráfico podría ser una de las explicaciones para el auge de candidatos a corporaciones como el Concejo, al que se presentaron 100 candidatos, mientras tres se lanzaron a la alcaldía. Pero aun así, no fue una campaña tranquila. Según explica un viejo líder comunitario, éstas por tradición han sido violentas y disputadas, por eso se propuso una tregua. Hubo un pacto de no agresión que cumplían los aspirantes, mas no sus seguidores.

En Tarazá la presencia de los desmovilizados en algunas manifestaciones se vio como el visto bueno del antiguo bloque Mineros de las AUC a la candidatura de Miguel Ángel Gómez, un ex trabajador minero que ya había sido alcalde de la población y que en esta oportunidad le sacó más de 2.000 votos a Héctor Leonidas Giraldo, quien se postuló por un movimiento de firmas.

Los liberales fueron los ganadores de las elecciones: además de la alcaldía, tienen siete de las 13 curules del Concejo; Alianza Social Indígena logró dos, mientras Cambio Radical, Colombia Democrática, Alas Equipo Colombia y Colombia Viva lograron una curul cada partido. Un concejal del grupo Miguelista –como se hacen llamar los seguidores del nuevo alcalde– desestima los comentarios que se hacen de su líder político y asegura que buena parte de los habitantes del pueblo ha tenido alguna relación con los paramilitares y que la presencia de desmovilizados en las campañas no puede ser interpretada como un apoyo de Vanoy.

Caucasia río abajo
En Caucasia los políticos mantienen un pacto de silencio. “Hay que ver y callar”, sentencia un ex candidato al Concejo. Lo cierto es que este municipio de 100.000 habitantes, de donde salió la polémica ex representante a la Cámara Rocío Arias, mantiene una calma aparente.

Después de las elecciones de octubre en las que el candidato por el partido Convergencia Ciudadana, el médico Jorge Iván Valencia, se alzó con la alcaldía, nadie quiere hablar de las elecciones y de la injerencia de grupos armados en el debate político, ni mucho menos de la guerra territorial que existe en la región por el control del tráfico de drogas en el Bajo Cauca.

Las amenazas a ciertas candidaturas hicieron temer entre los habitantes de Caucasia que detrás estas fueran motivadas por intereses de otras campañas que contaran con la complacencia de lo que era las autodefensa del Bloque Central Bolívar.

José Nadim Arabia denunció que “muchos líderes nos decían que llegaban desmovilizados exigiendo: hay que votar por el médico”, refiriéndose a Valencia, que en los últimos años se desempeñó como gerente del hospital de El Bagre, otro municipio del Bajo Cauca controlado por el Bloque Central Bolívar. Aun así se sabe que el candidato Arabia, derrotado en las elecciones, participó activamente en la marcha de respaldo a las AUC, que organizaron ganaderos y campesinos en Caucasia.

Un ex asesor del bloque Mineros de las AUC señala que los dos candidatos punteros fueron respaldados por personas cercanas a los paramilitares en la zona. Valencia rechaza cualquier vinculación con paramilitares y asegura que su campaña fue respaldada por un grupo de ciudadanos y profesionales de Caucasia, sin embargo, dijo que no conoce si desmovilizados o ex lugartenientes de los paramilitares participaron en sus manifestaciones. “Es muy difícil distinguir a todos los que apoyaron mi campaña”, agregó.
Aquí, el partido liberal conservó el poder en el Concejo con cinco curules –dos de ellos en la lista del movimiento Unidos por Caucasia que consiguió cuatro–, mientras los recién llegados de Convergencia Ciudadana lograron cuatro concejales, el resto de las 15 curules se las repartieron los partidos Conservador, La U, Colombia Viva y Colombia Democrática.

Para el alcalde electo, tanto la problemática del narcotráfico como el surgimiento de nuevos paramilitares son asuntos del resorte del gobierno nacional y él apoyará todas las medidas que adopte el presidente Uribe.
En la región se asegura que alias el ‘Flaco’ o el ‘Primo’ manejaría la parte operativa de las nuevas bandas, mientras alias ‘Cuéllar’ mueve los hilos dejados por ‘Macaco’ en municipios como Bagre, Saragoza y Nechí, en donde narcotraficantes intentan retomar el vacío territorial del desmovilizado Bloque Central Bolívar.

En Nechí, a 45 minutos de Caucasia en lancha, se siente la baja de la producción de coca y los avances de la guerrilla y grupos de narcotraficantes. “Hay amenazas a la gente en San Pablo, San Pedro arriba y Trinidad, sitios cocaleros por tradición de control repartido entre la guerrilla, paras y narcos entre otros, que operan en la región”, señala un sacerdote que conoce la zona.

En este municipio ganó el candidato del partido Alas Equipo Colombia, Miguel Ángel Franco, de quien se asegura fue apoyado por la administración municipal en su campaña electoral. “Estamos en un medio en donde cualquiera abre la boca y le puede costar”, dice un político de la región que fue amenazado durante la campaña electoral.

Territorio Mancuso
Córdoba, Montelíbano y Tierralta son municipios que habían sido tradicionalmente feudos de Salvatore Mancuso, pero también de dos caciques liberales: Salomón Arana y Juan Manuel López. Aquí, en las estribaciones del nudo de Paramillo, aún persiste la sombra del temido líder paramilitar, en donde se dice que ganó en Montelíbano y perdió en Tierralta.

En Córdoba, de 28 alcaldías, 14 fueron conseguidas por el partido liberal, manejado por Juan Manuel López Cabrales, preso en la Picota por nexos con la para-política. López, un reconocido cacique liberal, respaldó la candidatura en Tierralta de Aníbal Ortiz.

Lo que parece ocurrir en esta zona del departamento, con una guerrilla debilitada y las AUC en una posición de reconstruir fuerzas políticas, sin una presión armada evidente, es que los antiguos jefes paramilitares o sus antiguos socios intentaron mantenerse en el poder financiando campañas. “En la medida en que tienen poder, tienen aliados”, señala un analista de una de las universidades de la región que ha estudiado el vínculo entre paramilitares y el poder local. La mayor preocupación en Tierralta es el aumento de la criminalidad. En lo corrido del año han sido asesinados 30 desmovilizados, al parecer por ajustes de cuentas entre ellos mismos, el último fue el de alias ‘Paco Paco’, un ex miliciano cercano a Mancuso, al parecer por negocios con narcotraficantes.

Ante la ola de asesinatos, entre algunos desmovilizados hablan de rearmarse o enrolarse con los grupos emergentes como los llamados Traquetos o las Águilas Negras. “Es mejor morir con un fusil, que en la calle vendiendo mercancía”, masculla un desmovilizado en la plaza del pueblo donde con frecuencia se reúnen a hablar de la inseguridad.

En la región se habla de un rearme en sitios como Crucito, en pleno nudo de Paramillo, del que se dice es el epicentro de comercialización de coca de esa zona. Un líder de Crucito señala que es evidente la presencia en la parte alta de Paramillo, en especial de un grupo comandado por los ‘Mellizos’. “Se dice que alias el ‘Pollo’ Lizcano es uno de los nuevos comandantes de la zona; alias ‘Franco’ y Alias ‘Juancho’, el nuevo jefe para en el nudo de Paramillo sería alias el ‘Chivo’. Todos ellos están con los ‘Mellizos’”, explica.

En esta zona cada día se siente una mayor presión sobre el campesino con la fumigación y la erradicación. “Acaban hasta con los cultivos de pancoger”, lo que ha hecho que en el pueblo se sienta el descenso en el negocio de la coca, precios altos, desempleo y una ola de robos a plena luz del día. “El pueblo está cada día más inseguro”, dice un mototaxista.

En Tierradentro, uno de los mayores centros de comercialización de droga, una líder comunitaria asegura que sus habitantes sienten el recrudecimiento de las acciones entre narcos, guerrilla y la fuerza pública, por el control de la zona. Desde cuando la guerrilla asesinó a 21 policías el primero de noviembre de 2006, las Farc han continuado su hostigamiento a la población civil, en especial por las fumigaciones y la erradicación manual. Un sacerdote señala que cada vez los campesinos denuncian que, con las fumigaciones y las presiones de los sectores armados, son muy pocas las opciones que tienen para salir del círculo vicioso del conflicto marcado por los cultivos ilícitos. “Hay que saber leer las señales de lo que pasa, esta es una tierra buena pero no hay opciones para el campesino”.

En el panorama político, en Tierralta el candidato ganador, Aníbal Ortiz, no ha sido ajeno a lo que ocurre en su entorno. Desde cuando ganó las elecciones, por un estrecho margen de 306 votos frente a Carlos Arturo Cogollo, de La U, tiene que andar con escoltas, mientras aún no se sabe si se podrá posesionar el primero de enero, por una serie de demandas interpuestas por Cogollo.
De este último se asegura que fue respaldado por la actual administración. Sin embargo, la población habría elegido a Ortiz como una señal clara a los antiguos caciques del municipio. En esta población el partido liberal de Juan Manuel López logró cuatro curules; La U, Cambio Radical y Convergencia Ciudadana lograron dos cada uno; Alas Equipo Colombia, el Partido Conservador y Colombia Democrática obtuvieron una curul, respectivamente.

Con todo esto, es evidente que en la zona se registra un marcado declive de las economías dependientes del narcotráfico, también ha habido una mayor participación democrática en varios municipios, aunque se teme que, por el derroche de recursos en algunas campañas y un cambio de perfil de los antiguos financiadores de las AUC, algunas administraciones aún sigan en manos de intereses oscuros y que al final la zona no haya recuperado la libertad que perdió bajo el control de los paramilitares.
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