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| 10/6/2002 12:00:00 AM

El purgatorio español

Un estudio adelantado por la embajada en España revela el perfil de los inmigrantes colombianos en ese país. ¿Cómo viven y cuáles son sus mayores dificultades?

El rostro curtido por el sol revela ya una expresión cansada pero los ojos se mueven rápidos de un lado al otro, a la espera de que una patrulla de la Guardia Civil haga su aparición por la estación de Atocha en una de las zonas más concurridas de Madrid. Alberto Marín agarra la manta por las dos puntas por si es necesaria una carrera hasta la entrada del metro. Por fortuna para él y sus colegas de acera entre los que se cuentan ecuatorianos, peruanos y africanos, no hay moros en la costa. "Todos los días es la misma vaina pero uno ya se acostumbra. Ya me han quitado cuatro veces la mercancía pero aquí sigo", dice. Lleva 13 meses como vendedor ambulante en la capital española y no ha podido conseguir un trabajo estable ni regularizar su situación. El negocio de turno es el de las gafas y las camisetas y su profesión por el momento, la de "mantero". Tiene 41 años y vive en las afueras de Madrid. Todo lo que se gana lo gasta y hay meses en los que se queda en ceros por enviar dinero a sus familiares en Colombia. A pesar de sobrevivir en el difícil medio del comercio callejero, Alfonso está considerando la idea del regreso.

"¿Cuándo vuelvo? No sé, yo me vine sin saber nada. Tal vez si hubiera sabido cómo es la cosa aquí no me hubiera arriesgado pero ahora me toca camellar duro pa´pagar un préstamo por lo del pasaje y viajar el año entrante con algo pa´ montar otro negocito en Pereira porque vendí todo allá", dice. Al igual que miles de colombianos que han dejado sus negocios y profesiones por aventurar en España, Alberto Marín empieza a sentir en carne propia lo que significa ser uno de los casi 300.000 "sin papeles" que según un informe del diario español El Mundo, se rebuscan la vida en territorio español. En un esfuerzo por acabar con la especulación en torno al número, el perfil y las condiciones de vida de los colombianos que viven en España, la embajada colombiana en ese país contrató con las universidades Autónoma de Madrid y Comillas un estudio que arroja nuevas luces sobre la realidad de este fenómeno migratorio, el tercero en importancia después de la salida de compatriotas hacia Estados Unidos y Venezuela.

El estudio llamado "Perfil del inmigrante colombiano, sus orígenes y su futuro" que fue realizado durante los últimos seis meses y cuenta con 1.000 entrevistas personales aleatorias entre colombianos residentes en toda España, revela por ejemplo que la salida masiva de colombianos hacia la Madre Patria comenzó en el segundo semestre de 1999 y desde entonces se han regularizado 85.000 personas y otras 40.000 están en procura del mismo objetivo. La cifra de irregulares sigue siendo un completo misterio aunque fuentes no oficiales hablan de cerca de 90.000 compatriotas "sin papeles". Otro dato interesante es que se ha incrementado el número de personas que deja el país por cuenta de la grave crisis económica antes que por cuestiones de violencia o por vivir bajo amenaza en zonas de conflicto armado. "Eso significa que la gente que se está viniendo a España es gente de estratos 2, 3 y 4, en edades entre los 25 y los 40 años, con buena formación académica y con poder adquisitivo y de ahorro en Colombia. No se trata de gente desplazada por la violencia sino de personas de buen nivel golpeadas por la crisis en sectores como la construcción, el café y la industria en general. Lo grave es que quienes están haciendo el negocio redondo son los prestamistas que se aprovechan de esa urgencia y les negocian la casa de toda la vida a un precio irrisorio o les firman hipotecas que nunca pueden pagar. Ahí se trunca la unidad familiar de muchos colombianos que lucharon por años para echar raíces en su país y que estando aquí ya no tienen razones para volver" dice el embajador Villegas.

En segundo lugar, también se advierte un incremento importante en el número de inmigrantes provenientes de la zona del Pacífico, el Eje Cafetero y Antioquia. "De hecho, casi el 80 por ciento de la gente que ha llegado viene del occidente colombiano, concretamente de los departamentos del Valle del Cauca, Risaralda, Quindío, Caldas y Antioquia, en donde el terremoto de Armenia, la crisis del café y la mala racha de la industria azucarera provocaron una salida masiva de colombianos que no necesariamente estaban en regiones de violencia aguda en ese momento", aclara el embajador. En síntesis, una hipótesis apunta a que el mapa de la migración no concuerda con el de la violencia sino con el de la crisis económica y la crisis de las grandes ciudades.

Otro de los aspectos interesantes del estudio señala que a diferencia de otras nacionalidades, los colombianos que producen dinero en España lo envían a su país no solamente para pagar deudas y sostener a sus familias sino porque esperan que algún día la situación mejore y ellos puedan regresar teniendo alguna inversión fija. "Los cálculos hablan de que solamente en un mes, las compañías de giros sin incluir los bancos u otros medios, envían cerca de 20 millones de dólares en remesas hacia Colombia, una cifra que habla por sí sola", dice Villegas.

Cualquier parecido...

La historia de la mayoría de colombianos que quieren hacer una nueva vida en España comienza con el desencanto por su propio país y el anhelo de un mejor futuro para ellos y sus familias. Pero lo que no saben es que en España no encontrarán un panorama muy diferente. En una ciudad como Madrid, llena de historia, de museos únicos y epicentro del intercambio cultural iberoamericano, también hay colas, también hay explotación laboral, también hay ineficiencia estatal y tramitadores que se aprovechan del despistado, hay mendigos en los semáforos y atracadores en zonas turísticas. Ante la avalancha de inmigrantes, se ha disparado el número de locutorios, salas de Internet, casas de giros, restaurantes típicos y supermercados que importan productos nacionales, los negocios más prósperos entre los colombianos. Madrid, incluso en sus zonas más conocidas como la Puerta del Sol o la estación de Atocha, ofrece un panorama poco distinto al de una calle de Chapinero o una zona comercial en el centro de Bogotá, sólo que a la europea: decenas de marroquíes, africanos y suramericanos apostados en las avenidas alimentan esa economía ambulante, informal y a la vez cosmopolita que se ha tomado la capital española. Allí también hay mafias dedicadas a la quema de CD y tiraje de libros piratas. Ciudadanos de Rumania o Eslovenia piden limosnas en el metro y se ofrecen a limpiar los vidrios del carro en los semáforos. En las plazas y parques de la gran ciudad se escuchan las notas de los bandoneones argentinos que huyen del "corralito" financiero y los bailarines de ocasión no pierden el garbo y la destreza a la hora del tango que les da de comer. Músicos y músicas de todas partes del mundo animan las calles de Madrid.

Pero lo que más debería interesar al futuro inmigrante es que a julio de este año, España alcanzó la tasa de desempleo más alta de Europa con un 11.3 por ciento mientras que el promedio para la Unión Europea (UE) llega al 7.7 por ciento. Eso significa que los mismos españoles se ven a gatas para conseguir un trabajo estable y bien remunerado. Aquellos trabajos vacantes como los de camarero, vendedor, albañil, recolector de cosechas o el cuidado de personas, están en la mira de miles de inmigrantes, la mayoría de ellos marroquíes, ecuatorianos, rumanos o africanos que frecuentemente son víctimas de la explotación y los abusos por parte de sus patronos que los amenazan con delatarlos a las autoridades. Vistas así, las posibilidades de éxito se reducen todavía más cuando un colombiano que se va en busca de fortuna carga además con el lastre del narcotráfico y la violencia. Eso no solamente le cierra puertas a la hora de conseguir un trabajo o pedir un préstamo en un banco. También significa tener problemas para arrendar una habitación o montar una empresa. El "sin papeles" está prácticamente condenado a una muerte civil y financiera. El único privilegio que tiene es el de la seguridad social a través del empadronamiento. Según el embajador Villegas, "la vida del inmigrante irregular puede convertirse en un verdadero purgatorio pues no solamente carga la presión de luchar por ganarse la vida sino que no sabe a ciencia cierta cuál será su futuro y cuándo podrá legalizar su situación".

Terquedad vs necesidad

"Si otros pudieron, uno también", dice Nelson Marín un joven manizaleño de 24 años que lleva tres trabajando como vigilante y albañil en la clandestinidad. "Aquí por lo menos tengo la seguridad social y lo que me gano me alcanza para vivir y mandar algo a Colombia. Eso sí el costo es berraco porque uno nunca deja de ser extranjero y aquí decir colombiano es lo mismo que decir delincuente. Pero la calidad de vida es muy buena y por eso no me importa estar sin papeles, ya nos darán un chance para legalizarnos tarde o temprano porque nos necesitan". Olga Bermejo es una abogada española especialista en extranjería y derecho penal. Actualmente es la coordinadora del Proyecto de Cooperación entre el Colegio de Abogados de Madrid y la Defensoría del Pueblo en Colombia, entidades que vienen trabajando en la creación de un servicio de orientación jurídica para los colombianos que están pensando en irse a España. Conociendo las dos orillas del problema, asegura que el caso de Nelson "es el de cientos de personas que viajan motivados por sus amigos, conocidos o familiares. Creen que una vez aquí todo será más fácil pero ocurre todo lo contrario y nadie les advierte de las consecuencias jurídicas y sociales de su permanencia ilegal en España. ¿Y cómo si no han estado antes aquí? Pero es bueno decir que, por ejemplo, en este momento está prácticamente paralizado el otorgamiento de residencia y permiso de trabajo a personas irregulares a pesar de que tengan una oferta de empleo. También existen multas a quienes los contraten y la posibilidad de que una persona sea expulsada por estar ilegalmente en España. Pero lo que más preocupa es el clima de desestabilización social que todo esto conlleva: criminalización del inmigrante, brotes xenofóbicos y problemas con las autoridades. Las medidas no pueden esperar más y hay que atacar el problema desde todos los frentes, empezando por informar a las personas que todavía creen en el sueño español".

Las cuatro principales ONG creadas por compatriotas en Madrid intentan apoyar al colombiano que llega sin papeles y sin conocer a nadie. Sin embargo, la labor de orientación y asesoría no garantiza que una persona pueda legalizar su situación y "lo que vemos es un endurecimiento de las leyes de extranjería que hará más difícil la integración del colombiano a la sociedad y economía españolas", dice Alvaro Zuleta, coordinador general de la Asociación Cultural por Colombia e Iberoamérica (ACULCO), una de las más importantes asociaciones de colombianos en ese país. Otra asociación más pequeña y reciente como Acoma (Asociación de Colombianos en Madrid) funciona en la zona de Usera, uno de los guetos colombianos en la capital española. Allí se celebra el 20 de julio con multitudinarios conciertos y ventas de comidas típicas. Pedro Pablo Arias, su presidente, está en la lucha por un permiso para organizar ventas ambulantes en el Parque Pradopongo, un lugar que casi consideran propio. Sin embargo, los esfuerzos de las ONG resultan insuficientes para hacer frente al problema de los colombianos irregulares.

Pa' las que sea

¿Hay o no trabajo en España? Una fuente consultada por SEMANA en el Ministerio del Trabajo y Asuntos Sociales de ese país dice que "hay trabajo para quienes optan por buscarlo lícitamente desde sus países de origen y se acogen a lo establecido por los dos gobiernos para esos efectos. Hay un gran potencial en labores agrícolas, hostelería, cuidado de personas, enseñanza de español para extranjeros, y trabajos operativos en la industria, pero esas oportunidades se darán a personas calificadas que sean escogidas previamente y que entren legalmente a España de acuerdo a la demanda de trabajadores fijos o temporales que se tenga. En este momento, la mayor preocupación del gobierno español es romper esa cadena de inmigración irregular para que quienes vengan a trabajar no alimenten una problemática social que ya es común a la Unión Europea y sean recibidos en las mejores condiciones y con plenos derechos".

Además de los llamados contingentes mediante los cuales los empresarios españoles y los gobiernos de los dos países acuerdan el flujo de cierto número de personas para ocupar plazas vacantes, hay colombianos que se han ido a estudiar antes de que se apretaran las tuercas a la Ley de Extranjería y hoy están bien ubicados laboralmente. Llegaron a España para adelantar estudios superiores y realizaron prácticas en compañías o instituciones que vieron su proyección profesional. Pero no todos los que viajan a estudiar corren la misma suerte por más preparados que estén y optan por trabajos inferiores a su formación. Es el caso de Pilar Escobar, una joven bogotana que terminó un máster en marketing en la Universidad Complutense y trabaja como teleoperadora. "Para los estudiantes, la posibilidad de encontrar un buen trabajo es una verdadera lotería y un título español no es garantía de éxito en el mercado laboral", dice. Por último, están los colombianos que llegan a España por traslados de multinacionales que tienen oficinas en el país y quieren formarlos al más alto nivel, especialmente dentro del sector financiero. Pero una vez más, los elegidos son pocos y salen con puesto fijo desde Colombia.

"Sea cual sea la preparación de quien se viene a buscar trabajo sin papeles debe saber que aquí no valen los títulos ni los apellidos. Aquí llega mucho doctor que termina de camarero o albañil y hay gente que no tiene ni la primaria pero después de muchos años de partirse trabajando levanta un negocito y logra establecerse. Lo que yo le diría a la gente que se quiere venir es que aquí la cosa no es como la pintan y aunque se vive bien, esto no es para todo el mundo. Hay que estar dispuesto a trabajar en lo que sea y por lo que le paguen a uno", dice Lina Piedad Zapata, una joven manizaleña de 25 años que lleva más de 10 en Madrid y ha visto el fenómeno de la migración colombiana de cerca. Después de trabajar como camarera, empleada doméstica, estilista y vendedora de libros, abrió su propio locutorio hace dos meses y es ejemplo de superación entre la comunidad latina.

Justos por pecadores

En el trayecto hacia Zaragoza, Guillermo Barragán un joven mercadotecnista de 28 años que dejó su puesto en una importante compañía de televisión por cable y ahora lleva mercancías desde Aranjuez a toda España en un camión, escucha la noticia de un colombiano que asesinó a un policía español. "Mierda, otra zancadilla", dice. Mira el retrovisor y continúa: "Por eso estamos como estamos, la semana pasada fue una joyería y ahora esto. Los perjudicados somos la mayoría, los colombianos de bien que trabajamos honradamente y nos jodemos por culpa de unos pocos". Y son esos pocos los que se roban la atención de la prensa y las autoridades españolas cada vez que hay un muerto por ajustes de cuentas entre narcos o un asalto a una joyería. El impacto negativo de estas noticias hace casi imposible que las calidades del colombiano de bien sean reconocidas y el nombre del país no quede manchado a pesar de que Juanes, Shakira o Carlos Vives se toman la televisión casi todas las noches y contagian a los españoles la alegría de nuestra música. Por desgracia, las cifras del gobierno español no son nada alentadoras: a septiembre de 2002 se han registrado 46 bandas o asociaciones criminales dedicadas al tráfico de cocaína, 24 al lavado de activos, 12 a la falsificación de documentos y nueve a la trata de blancas. Igualmente José María Seara, portavoz de la Policía de Madrid, confirmó a SEMANA que después de los marroquíes, los colombianos componen el mayor número de extranjeros detenidos en las prisiones españolas. "Contrario a lo que se cree, la llegada de la delincuencia colombiana a España se agudizó en este último año, aunque la imposición del visado a partir de enero de 2002 ha frenado el flujo de personas no deseadas. Sin embargo, lo que se ve aquí es reflejo de la sociedad colombiana con sus caras buenas y sus caras malas. La embajada española en Bogotá debe extremar su cuidado a la hora de entregar visados y estar alerta frente a las mafias que trafican con ellas", dice Olga Bermejo.

El futuro

A modo de conclusión, la situación de los colombianos en España impone tres grandes retos: uno es atacar el problema de la irregularidad antes de que la gente se vaya. Lo que se observa es que hay más represión que prevención en las políticas europeas frente a la inmigración y eso sólo contribuye a crear un ambiente más hostil para los extranjeros que llegan a España completamente desinformados. El segundo es estimular la demanda de mano de obra colombiana en España acelerando la puesta en marcha de los acuerdos vigentes entre los dos países como el Convenio de Migraciones Laborales de diciembre pasado que poco a poco va despegando. En este frente es indispensable que los procesos de selección de contingentes de posibles trabajadores sean transparentes y hay que mejorar la información en consulados y medios de comunicación. El propio embajador Villegas se mostró preocupado por el caso de un contingente que llegó a España a desempeñar labores agrícolas sin tener la capacitación y experiencia para hacerlo y sugiere que se ejerza algún tipo de seguimiento por parte de los organismos de control para evitar que estos casos se repitan y se malogren las vías más adecuadas para la migración.

Mayor atención merece la selección de las personas que aspiran a un trabajo en España pues el Sena concentra demasiado poder al ofrecer residencia y trabajo en el Viejo Continente. "Me presenté con unos amigos a las convocatorias del Sena en Bogotá para trabajar como recolector o camarero en España pero nos rechazaron dizque por falta de plazas. Pero yo he oído que hay gente cobrando millones por un puesto aquí. Ante eso me vine de ilegal porque no tenía como pagar la corrupción en mi país. Creo que las autoridades deberían investigar ese tema a fondo", dijo a SEMANA un joven colombiano que atiende un locutorio en Madrid y pidió reserva de su nombre. Finalmente, lo más importante es que quien esté a punto de dejarlo todo por irse a España se ponga la mano en el corazón y piense en lo mejor para el país, para sí mismo y para su familia. Porque una vez cerrada la puerta del jumbo ya no hay marcha atrás.

¿Un mal necesario?

Mientras que la UE anuncia medidas drásticas contra la inmigración ilegal las voces de protesta no se hacen esperar. El problema de la inmigración sigue generando intensos debates entre las corrientes de derecha y las oposiciones de corte socialista que abogan por el respeto de los derechos de las personas que se encuentran en el limbo de la ilegalidad. El gran temor del gobierno español, en boca de su presidente José María Aznar, es que si acoge a los irregulares se genere un gran "efecto llamada", es decir, que todos se lleven a sus familias a vivir a España. Pero por el otro lado, el país necesita gente que esté dispuesta a hacer lo que los mismos españoles no quieren hacer. ¿Cómo articular la necesidad de mano de obra extranjera con una política europea de mano dura contra la inmigración? He ahí el gran reto para una Europa que derrumba las fronteras entre sus Estados, acoge una moneda única y anuncia mayor integración comercial pero cierra las puertas al resto del mundo. Según un informe de la Revista Cambio 16 de España, los inmigrantes aportan el doble de lo que el Estado les ofrece y en 2002, España busca el doble de trabajadores inmigrantes de temporada que fijos. También un informe de la ONU señala que de aquí al 2050 se necesitarán unos 44 millones de inmigrantes para evitar que la economía europea colapse. Para no ir más allá basta preguntarse: ¿Cuánto pagan en impuestos los colombianos regularizados al Estado español? Y ¿Cuánto deja de ganar la economía española por este mismo concepto al no solucionar la situación de los irregulares que son potenciales contribuyentes? ¿Cuántas nuevas empresas se crearían y cuántas personas sin empleo tendrían una opción de vida? Estas y otras cuestiones explican ese "letargo comunitario" frente al tema a pesar de que la UE se empeña en mostrar los colmillos y anunciar la expulsión de personas, la creación de una policía de fronteras y una estricta política común de visados.





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