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| 3/1/2003 12:00:00 AM

El Referendo entre una Campaña electoral o una campaña educativa: la diferencia es Colombia

Los colombianos no tenemos referentes vigorosos para votar el referendo y el Gobierno Nacional tiene la responsabilidad de ofrecer las garantías formativas e informativas que permitan a los ciudadanos construir los criterios para tomar una decisión. Por eso, antes que avanzar hacia una campaña en pro de los votos matemáticamente necesarios, es preciso que Colombia emprenda una campaña pedagógica para alcanzar los ciudadanos necesarios. Así las cosas, estamos entre una campaña electoral y una campaña educativa que no son precisamente lo mismo, aunque podrían llevar al mismo fin en términos de la toma de decisiones, pero con diferentes implicaciones a largo plazo para la salud de la democracia.

Resulta casi una nebulosa el panorama de problemas del país. Ante esto, es apenas obvio que el interés del Ejecutivo esté en buscar la aprobación del referendo de acuerdo con sus propuestas para avanzar en la solución de nuestra problemática. Pero el Gobierno Nacional no puede olvidar que tan importante como solucionar los problemas es enseñar a solucionarlos, así como prevenir nuevos problemas que pueden desprenderse de los actuales y plantear remedios que incidan en el largo plazo y sean por tanto más que paños de agua tibia. Es por eso que la campaña gubernamental, antes que buscar un "sí" a toda costa, debe enfocarse en una campaña pedagógica que permita a los colombianos concienciarnos de nuestra situación, del papel que cada uno de nosotros juega aquí; que nos lleve a indagar por nuestros deberes y derechos constitucionales y a examinar nuestras posibilidades en este momento de la historia patria.

El Presidente Uribe y su equipo se encuentran en el partidor para una ardua campaña proreferéndum; pero también lo están quienes abogan por el no y quienes proponen la abstención. En estas circunstancias todas las posiciones deberían ser defendidas desde argumentos educativos y antes que inducir la decisión de los colombianos, defensores de una y otras posiciones deberían comprometerse con un ejercicio formativo que ofrezca elementos de análisis, que explique, sustente las posiciones, de manera que se eleve la capacidad comprensiva de los colombianos. Esta pedagogía sería, entonces, un ejercicio por la verdadera cultura democrática y política antes que una carrera propagandística por un sufragio en particular.

Estamos en un momento en el cual Colombia debe marcharse -marchar hacia sí misma- tras la oportunidad de mejorar en los colombianos el criterio político, la responsabilidad ciudadana, la participación democrática, la defensa de la institucionalidad, la comprensión de los problemas sociales y el compromiso con el bien común como caminos para la paz. Es un momento propicio para crecer como ciudadanos. El referéndum debe movilizar la esencia de la ciudadanía más que de las maquinarias de la promoción propagandística y electoral. Necesitamos más educadores que caciques políticos y negociantes de coaliciones. Es tiempo de que afloren los estadistas, los pensadores, los intelectuales, los verdaderos líderes dispuestos a cumplir con una labor que podríamos llamar docente.

Tanto en lo que se refiere al referendo como a la campaña pedagógica no se puede exigir al Gobierno que subsane en pocas semanas los vacíos de criterio político y democrático que tenemos, pero sí es menester que siembre las semillas de nuevos rasgos culturales. Ésta será una oportunidad para que los colombianos, aquí y ahora, iniciemos o fortalezcamos nuestra formación política. El Gobierno y sus oponentes deben comprometerse con esta oportunidad formativa; pero el Presidente y su equipo están llamados a tomar el liderazgo "docente" y señalar el rumbo educativo del proceso.

De otra parte, si alguien cumple la responsabilidad del rol docente en este proceso es porque algunos deben desempeñar el papel dicente. Los colombianos no podemos ser inferiores al reto y nos corresponde hacer la tarea del buen estudiante: estar atentos, despertar y hacer las preguntas necesarias, imaginar escenarios, criticar constructivamente, dudar, revisar el pasado, volver la mirada a nuestra Constitución y a nuestras normas, analizar la situación de forma activa, estar comprometidos como sujetos de la labor pedagógica antes de tomar la decisión de votar y, finalmente, ejercer el derecho ciudadano de ejecutar libremente nuestra decisión, cualquiera que sea.

Así las cosas estamos al inicio de lo que parece será una campaña más por los votos; pero necesitamos una campaña pedagógica por Colombia. En la primera se busca que el ciudadano se acerque a la urna y vote por una propuesta especifica y particular. En la segunda se buscaría fortalecer en el sujeto el valor democrático del voto para invitarlo a tomar libre y autónomamente su decisión.

La campaña simplemente "electoral" segmenta el tipo de público ideológicamente frente a un programa para comprometerlo con una posición según sus simpatías; la campaña pedagógica englobaría un universo de ciudadanos colombianos tras el conocimiento y defensa de una carta constitucional, unas normas valor y un interés común.

En la campaña electoral se recurre al entusiasmo y a la sugestión del momento, a la efervescencia; mientras que en una campaña educativa debería privilegiarse una decisión fruto de la razón y el análisis de las consecuencias e impacto del voto. En la primera el voto es el objetivo final; en la segunda debería implicar la continuidad del ejercicio y participación democrática de un ciudadano que toma conciencia de su participación crítica.

La campaña por el voto se fundamenta en la persuasión para llegar a una cifra que respalde una propuesta. La campaña educativa llegaría a esa elección después de propiciar la reflexión y elevar la capacidad del sujeto para tomar libremente sus decisiones y las de su país. La primera se construye de proposiciones, la segunda debería privilegiar los interrogantes. La una cuantifica, la otra cualificaría. La una va tras un elector; la otra, tras un ciudadano. La primera busca autorización para actuar; la segunda debería buscar un actuante que apruebe acciones y se comprometa en trabajar para hacerlas realidad con su propio esfuerzo. La campaña electoral puede convertirse en un asunto de bandos y posiciones; la campaña educativa debería ser un asunto de sano debate entre los colombianos.

Una campaña pedagógica no es una renuncia -cualquiera que sea la posición- al legítimo interés en el resultado de la votación del referendo. Por el contrario, puede ser el más eficaz de los esfuerzos pues llevaría finalmente y del mejor modo al acto del voto; pero le daría vigor, formaría ciudadanos. La campaña pedagógica sería un esfuerzo fino por mejorar el conocimiento y la formación de los colombianos, en tanto colombianos. Es el momento de dar referentes a los ciudadanos, es el momento de dar un paso para formarnos como ciudadanos en medio del debate sobre asuntos vitales para Colombia.

*Profesor de la Universidad de Medelín

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