Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/11/22 00:00

El reto de la izquierda: sumar para crecer

Antonio Sanguino (foto) opina que Lucho, Angelino, Navarro, Carlos Gaviria y porqué no, María Emma Mejía, deberían unirse para hacer una izquierda más fuerte.

El reto de la izquierda: sumar para crecer

Por estos días, un doble y contradictorio movimiento pareciera estarse produciendo en la izquierda colombiana: unidad entre el PDI y Alternativa Democrática por un lado, y distancia de algunos de los que lideran las fuerzas comprometidas en esta convergencia y las agendas políticas de dirigentes como Lucho, Angelino y Navarro, por el otro.

Pero aunque lo parezca, el dilema que enfrenta la izquierda no es el de "unidad o fragmentación". El dilema más bien consiste en si su reagrupamiento fortalece los elementos más conservadores de su ideología o si le sigue abriendo paso a un ideario político fresco, unas prácticas renovadas y unos liderazgos más sintonizados con los veloces y complejos tiempos que corren. El dilema de la unidad estriba -de nuevo- en si produce una izquierda para sí misma o una izquierda para el país.        

La reivindicación de las formas democráticas y la incorporación en su agenda de derechos y demandas de nuevos actores sociales, constituyen dos rasgos de renovación del pensamiento político de izquierda. Una apuesta por la democratización de la globalización a cambio de su oposición absoluta, una actitud más pragmática y menos ideológica  en los asuntos macroeconómicos o la capacidad para conciliar intereses de los sectores sociales y sindicales que constituyen su base social natural con el interés público y con propósitos colectivos, han sido también las claves de esta "nueva izquierda".

En Colombia como en toda América Latina, la búsqueda del consenso y la concertación social a cambio del atizamiento de la lucha de clases o la promoción de las formas de acción civil en sustitución de la lucha armada como instrumento de acción política, establecieron también una línea divisoria entre la izquierda tradicional y las nuevas corrientes. La ruptura que lideró Bernardo Jaramillo en el interior del Partido Comunista en la segunda mitad de los 80 y el paso a la paz negociada liderada por el M-19 en los 90, constituyen referentes importantes de esta renovación.

Pero hay hechos más recientes de esta búsqueda. La campaña presidencial de Lucho Garzón de 2002 además de propiciar la creación del Polo Democrático, aglutinó un amplio espectro social y político alrededor de su eslogan "Reconciliémonos" y envió un mensaje de distancia y reproche radical a la guerra. Mensaje que luego fue ratificado con la suscripción del Pacto Antiterrorista del Polo con el gobierno del presidente Uribe y los demás partidos políticos, como reacción al atentado al club El Nogal en Bogotá. Con ello, la izquierda dijo que jugaba plenamente en la cancha de la institucionalidad. Como antecedente más inmediato estaba la gestión parlamentaria de algunos destacados dirigentes provenientes de distintas vertientes y el talante conciliador pero comprometido con la paz y los derechos sociales de Angelino Garzón al frente del Ministerio de Trabajo en el anterior gobierno.

Pero esta breve gesta tuvo en las elecciones de octubre de 2003 su clímax: La derrota del referendo promovido desde el gobierno y desde la otra orilla del espectro político y el triunfo electoral de una izquierda que como en Bogotá supo, de la mano de Lucho, interpretar las demandas ciudadanas, proponer una agenda social y mostrar un estilo desacartonado y un discurso sencillo, alegre y eficaz. Ahora en el gobierno, la izquierda ha dado suficientes muestras de liderazgo, responsabilidad y coherencia.       

Este recorrido, probadamente exitoso, no debe sacrificarse en este nuevo intento de reagrupamiento de estas fuerzas. Más aún, debería guiar el proceso unitario. Jalar la unidad hacia la izquierda más dura tiene el riesgo de romper los hilos que la conectan con el centro y ello sería una vuelta a la marginalidad o sencillamente un suicidio político. A no ser que quisiera resignarse a ser una mera constancia histórica.

Como nos lo advierte Norberto Bobbio, si la lucha por la igualdad es lo que distingue la izquierda de la derecha, el gusto por la moderación y la libertad es lo que diferencia la izquierda democrática de la autoritaria. Y para ponerlo en carne hueso, una mesa de unidad que defina los términos de un reagrupamiento de la izquierda colombiana debería estar conformada por Lucho, Angelino, Navarro, Carlos Gaviria y porqué no, María Emma Mejía.        

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