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| 2/12/2006 12:00:00 AM

El soldado muere por la bragueta

Domingo 30. El comportamiento sexual de soldados y policías se está convirtiendo en un factor de malestar en las regiones y en uno de los mayores obstáculos para afianzar la relación entre la Fuerza Pública y la población. Natalia Carrizosa recogió casos en todo el país

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con Amnistía Internacional, el mismo año en que Sara fue violada por este soldado, varias mujeres, entre ellas una llamada Matilde que tuvo el coraje de denunciar, fueron violadas, presuntamente por militares de la IV Brigada del Ejército en el marco de la operación Marcial en el municipio de Granada, Antioquia. El informe denuncia otros siete casos de violaciones por soldados, soldados campesinos y miembros de la Policía.

Inocencia Pabón, una de las víctimas, cuenta en el informe que después de que oyó el disparo con que uno de los hombres del batallón de contraguerrillas 46 mató a su marido, uno de los soldados la obligó a acostarse en la cama, la violó e hizo que se quedara toda la noche acostada sin moverse mientras el cuerpo de su marido yacía en el piso.

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al presentar el informe sobre Colombia en 2004, denunció además que miembros de esa misma brigada violaron a dos niñas en Sonsón, Antioquia, y que soldados del Batallón Alfonso Manosalva desnudaron e intentaron violar a dos indígenas Embera en el Chocó.

La Mesa de Trabajo sobre Mujer y Conflicto Armado que reúne a varias organizaciones de mujeres y derechos humanos, en su

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con Amnistía Internacional, el mismo año en que Sara fue violada por este soldado, varias mujeres, entre ellas una llamada Matilde que tuvo el coraje de denunciar, fueron violadas, presuntamente por militares de la IV Brigada del Ejército en el marco de la operación Marcial en el municipio de Granada, Antioquia. El informe denuncia otros siete casos de violaciones por soldados, soldados campesinos y miembros de la Policía.

Inocencia Pabón, una de las víctimas, cuenta en el informe que después de que oyó el disparo con que uno de los hombres del batallón de contraguerrillas 46 mató a su marido, uno de los soldados la obligó a acostarse en la cama, la violó e hizo que se quedara toda la noche acostada sin moverse mientras el cuerpo de su marido yacía en el piso.

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al presentar el informe sobre Colombia en 2004, denunció además que miembros de esa misma brigada violaron a dos niñas en Sonsón, Antioquia, y que soldados del Batallón Alfonso Manosalva desnudaron e intentaron violar a dos indígenas Embera en el Chocó.

La Mesa de Trabajo sobre Mujer y Conflicto Armado que reúne a varias organizaciones de mujeres y derechos humanos, en su

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con Amnistía Internacional, el mismo año en que Sara fue violada por este soldado, varias mujeres, entre ellas una llamada Matilde que tuvo el coraje de denunciar, fueron violadas, presuntamente por militares de la IV Brigada del Ejército en el marco de la operación Marcial en el municipio de Granada, Antioquia. El informe denuncia otros siete casos de violaciones por soldados, soldados campesinos y miembros de la Policía.

Inocencia Pabón, una de las víctimas, cuenta en el informe que después de que oyó el disparo con que uno de los hombres del batallón de contraguerrillas 46 mató a su marido, uno de los soldados la obligó a acostarse en la cama, la violó e hizo que se quedara toda la noche acostada sin moverse mientras el cuerpo de su marido yacía en el piso.

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al presentar el informe sobre Colombia en 2004, denunció además que miembros de esa misma brigada violaron a dos niñas en Sonsón, Antioquia, y que soldados del Batallón Alfonso Manosalva desnudaron e intentaron violar a dos indígenas Embera en el Chocó.

La Mesa de Trabajo sobre Mujer y Conflicto Armado que reúne a varias organizaciones de mujeres y derechos humanos, en su

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con Amnistía Internacional, el mismo año en que Sara fue violada por este soldado, varias mujeres, entre ellas una llamada Matilde que tuvo el coraje de denunciar, fueron violadas, presuntamente por militares de la IV Brigada del Ejército en el marco de la operación Marcial en el municipio de Granada, Antioquia. El informe denuncia otros siete casos de violaciones por soldados, soldados campesinos y miembros de la Policía.

Inocencia Pabón, una de las víctimas, cuenta en el informe que después de que oyó el disparo con que uno de los hombres del batallón de contraguerrillas 46 mató a su marido, uno de los soldados la obligó a acostarse en la cama, la violó e hizo que se quedara toda la noche acostada sin moverse mientras el cuerpo de su marido yacía en el piso.

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al presentar el informe sobre Colombia en 2004, denunció además que miembros de esa misma brigada violaron a dos niñas en Sonsón, Antioquia, y que soldados del Batallón Alfonso Manosalva desnudaron e intentaron violar a dos indígenas Embera en el Chocó.

La Mesa de Trabajo sobre Mujer y Conflicto Armado que reúne a varias organizaciones de mujeres y derechos humanos, en su

A Sara María Peña, una mujer campesina de 32 años de la vereda Salinas, en el municipio de Gachetá, le gustaría olvidar que el 19 de septiembre de 2003 fue violada por un soldado del Ejército, pero sus dos gemelos se lo recuerdan todos los días. ¿Qué va a hacer cuando crezcan y le empiecen a preguntar por su papá?, se pregunta con la voz quebrada por el llanto. Tal vez siga el consejo de una vecina y les responda que el papá se fue a trabajar.

Según cuenta Sara, el día de su desgracia estaba sola con su hija enferma en la casa, sus padres habían salido y habían dejado los terneros pastando. Ella salió al potrero de noche para amarrarlos y se encontró con un centinela encapuchado que hacía guardia. Haciéndose pasar por guerrillero, le dijo que si no accedía a sus deseos, se llevaría a la niña y terminó abusando sexualmente de ella.

Supo que se trataba de un soldado porque al día siguiente bajó todo el batallón a levantar los cambuches al lado de su casa y los soldados la empezaron a molestar. "Con que usted anoche estuvo gozándola", le dijo uno. Entre las voces, ella reconoció al atacante y se quedó atónita. "¿Quiere saber cómo me llamo?", le dijo éste. "Mire, este es mi carné". Era un carné del Ejército. Ella trató de hacer caso omiso a las burlas y se concentró en recordar el nombre con el que después lo buscaría para que respondiera por sus actos.

Como la mayoría de víctimas de violaciones en Colombia, Sara se sentía avergonzada y con miedo, y guardó silencio. Quizá nunca habría dicho nada si no se hubiera dado cuenta de que estaba embarazada. Cuando se enteró, fue horrible, "tras de violada, embarazada, y de mellizos...", dice. Quería morirse. Incluso trató de suicidarse con un veneno. Nadie sabía de su tormento y ella trataba de fingir que todo estaba bien. Por esa época, su primera hija, apodada 'la calculadora' porque es una 'pepa' que iza bandera todos los años, estaba haciendo la Primera Comunión. Sara no quería dañar la celebración.

Los embarazos por violación durante la guerra son más comunes de lo que se cree. Tras analizar casos de mujeres violadas durante la Segunda Guerra Mundial, el doctor Wolfgang Jöchle concluyó que el estrés producto de la violación produce una "ovulación paracíclica", es decir, que se sale del ciclo menstrual, lo cual explica la enorme incidencia de embarazos en mujeres violadas durante su período o en los días no fértiles.

A los cuatro meses de embarazo, cuando ya empezaba a aumentar de peso, Sara buscó al sacerdote del pueblo. Fue él quien les dio la noticia a sus padres, mientras ella esperaba afuera. Una enfermera que la atendió le preguntó si odiaba a los niños. "Yo le dije que claro que no, que yo los quiero, porque ellos no tienen la culpa, y la enfermera me dijo que los tuviera". Sara es católica y ministra catequista, es decir que ayuda el labores de enseñanza del Evangelio, y nunca pensó en abortar.

Un fenómeno nacional

De acuerdo con Amnistía Internacional, el mismo año en que Sara fue violada por este soldado, varias mujeres, entre ellas una llamada Matilde que tuvo el coraje de denunciar, fueron violadas, presuntamente por militares de la IV Brigada del Ejército en el marco de la operación Marcial en el municipio de Granada, Antioquia. El informe denuncia otros siete casos de violaciones por soldados, soldados campesinos y miembros de la Policía.

Inocencia Pabón, una de las víctimas, cuenta en el informe que después de que oyó el disparo con que uno de los hombres del batallón de contraguerrillas 46 mató a su marido, uno de los soldados la obligó a acostarse en la cama, la violó e hizo que se quedara toda la noche acostada sin moverse mientras el cuerpo de su marido yacía en el piso.

La Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al presentar el informe sobre Colombia en 2004, denunció además que miembros de esa misma brigada violaron a dos niñas en Sonsón, Antioquia, y que soldados del Batallón Alfonso Manosalva desnudaron e intentaron violar a dos indígenas Embera en el Chocó.

La Mesa de Trabajo sobre Mujer y Conflicto Armado que reúne a varias organizaciones de mujeres y derechos humanos, en su

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