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| 4/10/2005 12:00:00 AM

El sueño de Bolívar

La integración latinoamericana es una de las grandes obsesiones de Chávez, quien se siente la encarnación del Libertador Simón Bolívar

El Presidente venezolano, cuya fascinación por la historia y por bautizar todo de nuevo no tiene límites, considera que en América Latina existe un "forcejeo histórico de dos siglos por lo menos" entre dos ejes contrapuestos: el Eje Bolívar, conformado por los gobiernos de izquierda de Caracas, Brasilia, Buenos Aires y Uruguay, y el Eje Monroe, dominado por el Pentágono e integrado por Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de Chile.

"Nuestra estrategia debe ser quebrar ese eje y conformar la unidad suramericana y creo que no es un sueño, creo que nunca antes en América se había dado una situación como ésta", les dijo Chávez a sus gobernadores en la reunión de planeación estratégica.

Coherente con esta postura, Chávez se distancia cada vez más de la Comunidad Andina de Naciones para acercarse al Brasil del izquierdista Lula, con quien ha firmado acuerdos de cooperación militar, turística y energética y a Mercosur. "La prioridad de su política con Suramérica es buscar la autonomía regional energética y de comunicación", explicó la analista Socorro Ramírez, en una reciente conferencia sobre las relaciones colombo-venezolanas en la Universidad Militar.

Chávez se ha vuelto un líder indiscutible en la región no sólo por la forma estratégica en que utiliza el petróleo para ganar adherencias políticas de los países beneficiados con su generosidad, sino porque ideológicamente es más afín con los nuevos gobiernos de latinoamericanos de izquierda y también con los movimientos sociales que cada vez toman más fuerza: Evo Morales es chavista, los indígenas ecuatorianos, los piqueteros argentinos, los sin tierra brasileños, todos son chavistas.

Chávez tiene graves cuestionamientos frente a la Carta Democrática de la OEA y los mecanismos de seguridad regional estipulados en Tiar, el tratado de seguridad hemisférico liderado por Estados Unidos. Frente al poder del norte, Chávez cuestiona el Consenso de Washington, la política de guerra preventiva de Bush, el TLC, el Alca y en general, su injerencia tan protuberante en la región. Y en eso, se distancia diametralmente de Álvaro Uribe, cuyo eje de política internacional es la lucha antiterrorista alineado con el presidente Bush. Por eso identifica al Plan Colombia como el gran obstáculo a su sueño bolivariano. "En Venezuela existe prevención de que Colombia sea el instrumento de Bush para impedir el desarrollo del proyecto bolivariano", advirtió Ramírez. "Las señales de Uribe de exagerar la amenaza del conflicto interno colombiano son una mala estrategia porque Colombia empieza a ser percibida como un peligro para la región porque se ha articulado con Estados Unidos que trata de extender su perímetro de seguridad".

Tanto Uribe como el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, fueron derrotados en la IV Conferencia de Ministros de Defensa en Quinto en noviembre de 2004 cuando Brasil, Argentina, Venezuela y Ecuador se negaron a apoyar la eventual constitución de una fuerza militar regional para intervenir en Colombia contra las Farc. Y en la reciente cumbre de Guayana, Uribe se fue en solitario en casi todos los puntos. En el comunicado final entre Brasil, Venezuela, España y Colombia quedó la intención de impulsar un mundo multipolar y a privilegiar el combate a la pobreza como factor esencial de la estabilidad de la región. Colombia se negó a incluir la frase de Lula de que la "pobreza es la peor arma de destrucción masiva", a señalar que el hambre es un caldo de cultivo del terrorismo y a rechazar las acciones unilaterales que no estén bendecidas por la ONU, en una clara crítica a su aliado Estados Unidos.

Y Chávez puede salirse con la suya con su tesis de que con la nueva composición política de América Latina, como en la famosa propaganda, Álvaro Uribe está quedando en el lugar equivocado.
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