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| 5/29/2007 12:00:00 AM

El talento desperdiciado

La mitad de Milán celebra ser el mejor de un continente, la otra mitad ríe por compromiso cuando lo único que desearía es soltarse a llorar.

A Bronx tale fue la primera película dirigida por Robert de Niro, por allá en 1993. Allí, el neoyorquino interpretó a un chofer de bus que lucha para que su hijo lleve una vida honrada, menos seductora que la de los mafiosos que habitan su misma calle. Uno de los argumentos que el padre usa para convencer al joven es que él tiene potencial para ser quien quiera ser y que no hay nada más triste en esta vida que el talento desperdiciado.

No es muy probable que el también actor Chazz Palminteri, autor del guión de la película, haya pensado en fútbol al escribir dicho parlamento, pero la frase le cae como anillo al dedo a un par de cosas relacionadas con el deporte.

Al tiempo que la película fue estrenada, un joven colombiano despuntaba en Italia con la camiseta del Parma. Se llamaba Faustino Asprilla y además de ser goleador hacía que su equipo jugara bien y bonito y que en su país natal millones madrugaran para ver sus jugadas. Pudo ser el mejor del mundo, pero no quiso. A los 29 años era ya un ex jugador, señalado más por sus excesos fuera de la cancha que por sus proezas fuera de ella. Así, sus contados logros en Europa no son gestas de admirar sino una triste evidencia de lo que pudo y ser y no fue.

Lo mismo le está pasando al Inter, un club que a finales de abril salió a pasear orondo en bus descapotado de dos pisos por todo Milán para mostrarles a hinchas y detractores el primer Scudetto conseguido en la cancha tras 18 años de espera. Tanto sudor, tanta espera y tanta gloria palidece ante lo hecho por el Milan días atrás en Atenas al ganar su séptima Liga de Campeones.

Acá ya no se trata de haber desperdiciado talento, sino también dinero y gran parte del sistema nervioso. De nada parece servir hoy esa increíble racha de 33 partidos sin perder,17 victorias en línea y una campaña que roza los 100 puntos sumados; con una sola victoria, el odiado rival de patio se vengó del Liverpool por lo ocurrido dos años atrás y de paso logró que ganar la Serie A sea un triunfo pírrico.

Son incontables los millones de euros que se ha gastado Massimo Moratti, presidente del Inter, desde su llegada al cargo en 1995. Tratando de emular a su padre, Angelo, dirigente del club durante su época más exitosa, el hombre de 52 años ha comprado a cuanto jugador se le ha ocurrido, desde cracks como Ronaldo, Figo, Vieira y Baggio hasta fracasos como Rambert, Sixto Peralta y Gresko. Así, para este 2007 redujo el número de embuchados y al fin pudo ganar la liga, que sumada a una Copa Uefa y dos Copas Italia arman un pobre palmarés para tanta plata invertida

En un mundo donde Marco Materazzi anota goles que dan Copas del mundo y títulos de liga, la gente se está volviendo aficionada al nado sincronizado y las exposiciones caninas. El ex Perugia podrá ser un recio defensor que tira la patada más baja a los testículos, pero si también es el encargado de definir campeonatos, algo malo está pasando en el fútbol. Gracias a Dios existe Inzaghi.

Al Milan le quedó grande el fútbol italiano porque una nómina escasa y mal reforzada no pudo responder a la exigencia de jugar al mejor nivel cada ocho días, sumada al golpe de empezar el campeonato con puntaje negativo. Pero cuando se trató de la Champions, siempre supo tener como arma aquello que no se compra en el almacén de la esquina y que algunos llaman jerarquía, otros temple y algunos más tradición. Eso que diferencia a un hombre de otro, así ambos devenguen millones por jugar al fútbol y entrenen todos los días para ser el mejor.

La mitad de Milán celebra ser el mejor de un continente, la otra mitad ríe por compromiso cuando lo único que desearía es soltarse a llorar. Mientras, Carlo Ancelotti debe cumplir lo que le prometió a sus hijos: dejar de fumar si ganaba la Champions. Sus dirigidos son vengadores, se ríen en la cara de todos. De ellos dicen que son apenas un puñado, que están viejos y acabados, que su capitán tiene 39 años y quiere seguir jugando, que su goleador es gordo y ni siquiera pudo jugar la Champions, pero igual celebró el título como si hubiera corrido hasta el último balón.

Liverpool hizo un gol al minuto 89 y por un momento revivió los fantasmas de Estambul. Mentira. Los jugadores del Milan hubieran preferido terminar en la cárcel acusados de asesinato en masa antes de permitir que les empataran, pero no ganó la Champions por eso; lo hizo para que, aun ganando, los del Inter se sepan menos que ellos.
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