Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/06/25 00:00

El taller del pintor

El artista Carlos Jacanamijoy y 20 alumnos del Liceo Francés pintaron dos murales. El tema principal fue la cultura.

La cita era a las 10 de la mañana en el taller del pintor en La Macarena, en pleno corazón de Bogotá. Veinte estudiantes del Liceo Francés, los mejores en arte, llegaron muy puntuales para el taller de pintura con Carlos Jacanamijoy.

La actividad empezó con un video en que los alumnos vieron cómo el hijo de un chamán de los Andes y de una cocinera del Putumayo se convertía en unos de los pintores colombianos con mayor proyección internacional.

A las 10:30 de la mañana, Jacanamijoy le dio los primeros brochazos a la tela. Después cada uno de lo estudiantes tomó un pincel, óleos, una brocha y, manos a la obra. Al principio todo pintaba muy bien pero a medida que pasaba el tiempo la tela se iba convirtiendo en una mancha de colores. Fue entonces cuando  Jacanamijoy les dio la primera lección a los alumnos: "Pintar es similar a cualquier otro trabajo. Tenemos que pensar qué estamos haciendo o sino terminamos como las gallinas que no saben dónde ponen los huevos".

Cada uno de los estudiantes hizo la lista de lo que quería dibujar: un pavo, un gusano, peces, una cascada y hasta una bandera de Estados Unidos. "Lo que pasa es que yo soy norteamericana y quería pintar algo que tuviera relación con mi cultura", dice Laura Montoya, de 9 años. 

Thalía Oliveros, tiene 8 años es estudiante de 62C y dice: "Al principio vi que mis compañeros estaban haciendo puros mamarrachos pero cuando nos paramos y  miramos el mural desde otro ángulo, me di cuenta de que nos estaba quedando muy bonito, casi perfecto. Me siento muy feliz".

Las palabras del pintor

¿Había pintado alguna vez con niños?

No, es la primera vez. Me impactó mucho ver la curiosidad que tienen y la facilidad y libertad con la que se expresan. Es increíble ver cómo combinan la imaginación, la realidad y la fantasía.

¿Qué enseñanzas le quedan de esta actividad?

Fue una experiencia de vida maravillosa, con muchos aprendizajes. Al principio querían que ellos fueran totalmente libres pero al final me di cuenta que teníamos que ponerles un poco de freno. Es necesario parar y reflexionar sobre lo que estamos haciendo.

¿Cómo perciben los niños y jóvenes el arte?

Me impacta mucho la inocencia y la forma cristalina que tienen de ver el mundo. Hace poco en el Liceo Francés uno de los estudiantes levantó la mano y me preguntó: y cuando te equivocas, ¿qué haces, borras?

¿Cómo acercar a los niños y jóvenes al arte?

Yo creo que es una responsabilidad social que tiene que comenzar por casa y por los centros educativos. Lo importante es que los niños y jóvenes tomen el arte con naturalidad, igual que si fueran a dar un paseo por el parque.

¿Cómo fue su infancia?

A mí me hubiera encantado tener una experiencia como estas en mi infancia. Cuando yo era niño mis padres me daban rejo porque rayaba las paredes con carbón. Antes las cosas eran diferentes: no teníamos televisor y no llegaba ninguna emisora. Los únicos sonidos que oíamos eran los de la naturaleza. Mis juegos eran treparme a los árboles a buscar nidos o a coger frutas y sembrar semillas.

¿Cómo y cuándo nació su relación con el arte?

A los 13 años empecé a pintar en tela. Pintaba todas las sábanas viejas que había en la casa. Mi abuelo, el taita Isodoro, el carpintero e inventor de la familia, me fabricaba los pinceles con tubos vacíos de esfero y crin de caballo. Con los restos de madera de su taller me hizo los primeros caballetes y mis primeros lienzos. Mi abuela me regalaba los sacos de tela de harina para que pintara en ellos.

¿Qué cree usted que pasaría si repitiera esta experiencia con los niños del Putumayo?

A nosotros siempre nos enseñaron a ver el mundo desde el punto de vista del otro.

No tenemos una identidad propia, nos avergonzarnos de nuestras raíces. Todo el mundo dice que lo indios son sucios y brutos y uno terminaba por creérselo. A diferencia de los niños de la ciudad que tienen una autoestima más alta.

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