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| 5/28/2006 12:00:00 AM

El triunfo de la izquierda: unión si hace la fuerza… ¿pero será que dura?

El analista Juan Felipe Cardona explica la abrumadora votación del Polo Democrático y también porque este triunfo de hoy no garantiza una victoria en el 2010.

Desde el domingo en la tarde, seguramente todo ha sido júbilo en las filas del Polo Democrático Alternativo. Al fin y al cabo su candidato presidencial, Carlos Gaviria, no sólo ocupó un contundente segundo lugar en la contienda, pasando por encima del tradicional y poderoso “trapo rojo” y su peso pesado de mil batallas, Horacio Serpa, sino que además obtuvo la mayor votación que un candidato de izquierda ha alcanzado en Colombia: 2 millones 600 mil votos.

Cifras tan halagadoras han dado pie para que académicos, periodistas, políticos y analistas en general, desde ya le auguren un prominente futuro electoral a la izquierda democrática del país, llegando incluso a predecir que para el 2010 podemos tener un presidente de esta tendencia.

Este escenario, a decir verdad, no es para nada irreal, ya que al PDA no sólo lo avalan los excelentes resultados del pasado domingo, sino además su éxito administrativo en la Alcaldía de Bogotá y la Gobernación del Valle, la buena gestión de su bancada parlamentaria, e incluso la coyuntura política sudamericana.

¿Cómo se explica que una fuerza tradicionalmente minoritaria en Colombia, como lo ha sido la izquierda, hoy por hoy sea vista como uno de los actores políticos con mayor potencial y proyección en el país? La unión, sin lugar a dudas, es el factor determinante en este cambio. Desde 2002, gracias a la iniciativa de líderes como Luís Eduardo Garzón y Antonio Navarro Wolf, los diferentes partidos y movimientos de izquierda iniciaron un arduo y difícil proceso de alianza, con el fin coyuntural de llegar unidos a las elecciones presidenciales de ese año, y con el objetivo estructural de conformar un proyecto político de largo plazo.

El resultado no ha podido ser mejor: se pasó de tener siete partidos de izquierda en el Congreso hace cuatro años, a tan sólo uno en las últimas elecciones parlamentarias. Gracias a esto, la izquierda logró sumar los votos de importantes movimientos que antes trabajaban separados, tales como el Frente Social y Político, Alternativa Democrática, MOIR, ANAPO, entre otros.

Lo relevante es que a medida que se consolidaba esta unión, los votos para la izquierda se incrementaban exponencialmente en las elecciones presidenciales. Así, de una izquierda desmembrada en 1998 que no alcanzó ni los 17 mil votos, se pasó a una coalición fuerte y estructurada, que en cabeza de Lucho Garzón alcanzó 680 mil votos. Esta cifra aumentó en casi dos millones en este 2006.

Este fenómeno, así como la real posibilidad de que la izquierda sea una opción de poder nacional en el corto plazo, más que un hecho anecdótico, debe ser entendido como una noticia positiva para la democracia del país, la cual se verá fortalecida con la consolidación de una propuesta política diferente a las tradicionales, y que representa los ideales de un sector del espectro político históricamente ignorado.

Sin embargo, desear que se consolide un proyecto político de izquierda no garantiza que así ocurra. Existen algunos indicios que permiten pensar que el PDA aun no tiene asegurado su futuro y que sus miembros y simpatizantes aun tienen mucho trabajo por delante. De hecho, esta no es la primera oportunidad en la que la izquierda se une y alcanza resultados positivos, así como no es la primera vez que se augura un inminente gobierno de esta tendencia y aun así, en cada oportunidad, la euforia ha dado paso a la desilusión y al descalabro electoral.

El ejemplo más reciente de esta situación lo ejemplifica la Alianza Democrática M-19, colectividad que en 1990 logró reunir alrededor suyo una importante coalición de movimientos de centro izquierda. Gracias a este trabajo mancomunado, y a la coyuntura del país, el candidato Antonio Navarro obtuvo 750 mil votos, siendo hasta entonces la mayor votación alcanzada por la izquierda, suficiente para superar electoralmente al Conservatismo oficialista. Desafortunadamente, esta ilusión se quedó precisamente en eso, en un sueño. La izquierda se dividió internamente, generando una gran desbandada de líderes políticos, quienes estaban más interesados en crear sus propios movimientos antes que en fortalecer o consolidar al M-19. Como consecuencia, en los comicios presidenciales de 1994, la izquierda perdió más de 300 mil votos, para posteriormente, en 1998, sufrir uno de sus mayores fracasos como ya se mencionó.

Revisando más atrás en la historia, se encuentra el Frente Democrático, coalición de izquierdas liderada por Gerardo Molina, candidato a la presidencia de la República en 1982. Los casi 83 mil votos que obtuvo en esa oportunidad, fueron un triunfo rotundo de la izquierda colombiana, y en ese momento fueron leídos como la “cuota inicial” de una futura presidencia del Frente Democrático. Sin embargo, una vez más, intereses personalistas llevaron a la desintegración de esta alianza, trayendo como consecuencia el fin del proyecto de una izquierda unida.

Como se observa, la historia política colombiana está llena de ejemplos en este sentido, tanto así que en el país ha hecho carrera el dicho popular que asegura que “el peor enemigo de la izquierda, es la izquierda misma”.

Con esto se demuestra que en política el éxito electoral de hoy no garantiza el triunfo de mañana, sobre todo si los intereses personalistas continúan primando sobre los partidistas. En este sentido, el PDA se encuentra ante la oportunidad histórica de no repetir los mismos errores del pasado, tarea nada sencilla teniendo en cuenta la tensión y discrepancias entre las dos facciones más relevantes del partido, la moderada que lideran Garzón y Navarro, y la radical dominada por el Senador electo Gustavo Petro. No hace falta sino recordar que estas divisiones fueron las causantes de la renuncia temporal de Antonio Navarro a la precandidatura del partido, hace tan sólo un mes, hecho que permite pensar que las heridas abiertas en el PDA aun no han cicatrizado.

En definitiva, si bien la actual izquierda tiene todo el potencial para ser la primera fuerza política del país en no mucho tiempo, también tiene en frente suyo el riesgo de ser recordada como un fracaso más.

Sin duda el tiempo dirá que será de este ambicioso, democrático y positivo proyecto político. Pero desde ya es claro que el primer obstáculo que tendrán que superar serán las elecciones locales de octubre de 2007, cuando se pondrá a prueba la solidez de la coalición y nos permitirá observar si la balanza de poderes se inclina a favor de los intereses colectivos de largo plazo o los deseos personalistas y meramente coyunturales.

Por lo pronto, que continué la celebración y los abrazos en el PDA, pero sin olvidar que los resultados de hoy no son un punto de llegada sino el comienzo de una etapa de consolidación.

* Investigador de “Congreso Visible – Candidatos Visibles”
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