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| 7/13/2007 12:00:00 AM

El último adiós de sus simpatizantes

Muchos de quienes lo querían y lo siguieron en sus ideas de oposición lo acompañaron antes de que llegara a su última morada. A López, sus viejos seguidores lo consideraban como un intelectual, como un revolucionario.

La Plaza de Bolívar se vio este viernes cubierta por una especie de capa blanca. Eran las cabezas de un gran conjunto de ancianos que fueron a despedirse definitivamente del ex presidente Alfonso López Michelsen, antes de ser trasladado al Cementerio Central de Bogotá, donde tendrá su descanso eterno.

Algunos eran simples curiosos que cada vez que muere algún dirigente reconocido, van a su sepelio para revivir largos años de historia de Colombia. Otros, iban cargados de pasión política.

Por eso, en medio de quienes fueron, se vio una bandera roja que tenía escritas las letras “MRL” y le seguía la pregunta “y ahora, ¿quién?”.

La bandera la había llevado Daniel Orjuela, uno de los primeros militantes que tuvo aquel movimiento, fundado por López Michelsen. “Hago esa pregunta porque si ya no está Alfonso López, dígame quién va a poner a pensar a los políticos”.

Más se demoró él en desdoblar su bandera y en exhibirla, que en verse lleno de ex militantes del MRL. Fue un momento emotivo. Llevaban muchos años sin verse, pero los volvió a unir la misma bandera que los agolpó hace más de 40 años. Este jueves, repentinamente, las letras “MRL” escritas sobre la tela roja volvieron a unirlos como un imán.

El fugaz momento sirvió para que los simpatizantes del ex presidente López revivieran ante aquel público su apasionante época de oposición. Recordaron cómo junto al fundador de aquel movimiento quisieron acabar con el Frente Nacional, que, según decían “no hizo más que rotar el poder entre oligarcas”.

Entre comentarios y anécdotas, se fueron subiendo los ánimos. De repente, como si aún fueran jóvenes revolucionarios, empezaron a gritar ‘hurras’ y ‘vivas’ al ex presidente, al Partido Liberal y a otros históricos caudillos. “¡Que viva el glorioso Partido Liberal de izquierda!”, “no más injusticia social”, “arriba el legado de los doctores López Michelsen y Gaitán ”. “Tenemos que acabar con este imperio. Si se cayó el Imperio Romano, ¿cómo no se va a caer este?”, levantaban en una sola voz.

Daniel había llegado desde Fusagasugá junto con su hijo, que vestía una camiseta del Polo Democrático. Querían llegar hasta cerca del féretro de quien inspiró sus ideales en la juventud y a quien siguió ciegamente.

“Nosotros, más que cualquiera fuera de su familia, merecemos estar allá, al lado de él, porque trabajamos y arrancamos desde cero con su proyecto. ¿Sabe cómo trabajábamos? Imagínese que salíamos con una mesa y cuatro sillas a un parque. Íbamos consiguiendo adeptos a nuestras ideas y luego llegábamos a barrios completos”, cuenta el líder de la localidad de Kennedy, en Bogotá.

Pero Daniel no pudo estar cerca. Tuvo que quedarse lejos de la Catedral Primada, donde se oficiaba la última misa con la presencia de López. Pocos vieron la bandera que extendió. Sin embargo, esos pocos sirvieron para hacer el pequeño mitin de ex militantes del MRL.

Entre ellos llegó Argemiro González y, ante la multitud que rodeaba el emotivo encuentro, contó su historia. “Yo era un chofer, mecánico y tractomulero cualquiera. Pero me hice líder. Fui reconocido en el gremio.

“Como presidente de una asociación que teníamos los conductores, conocí a López Michelsen. Un día, sonó el teléfono de mi casa y era él. Me dijo que había un problema grande en Venezuela con los colombianos que vivían allá y me ofreció ser cónsul, para que le ayudara a mediar la situación. Me hicieron un curso de tres meses y acepté el cargo.

“Después, cuando terminó el gobierno de López, volví a Colombia y seguí siendo el mismo chofer, mecánico y tractomulero de siempre”, recordó esa tarde.

Mientras ellos hablaban con uno y otro que llegaban para conocer el pedazo de revolución que guardaban, Humberto Tello, también ex militante del partido fundado por López, gritaba solo y muy enérgico los ‘vivas’ que acababan de gritar todos juntos.

El alboroto se hacía en medio de la plaza, pero a los alrededores se formaban curiosas tertulias. Gustavo Leyva y Silvino Moreno ya superan los 60 años de edad. “Sí, nosotros somos liberales. Y somos liberales modernos, como el doctor López Michelsen”, decían.

“Él fue un liberal moderno porque no era radical. Sí era muy crítico, pero nunca fue un opositor que no respetara a su adversario. Al contrario, siempre criticó con respeto -comentaban-. Mire, yo soy tan moderno, que todavía duermo con mi esposa, que es conservadora y yo siempre he sido liberal”, decía Gustavo entre risas.

“Es más, mire que a mí me gusta Uribe. Yo sé que López se le oponía mucho, pero siempre lo hacía con un sentido muy intelectual”, repetía varias veces Gustavo.

“Eso es muy cierto. Pero yo lo que les voy a decir a mis nietos es que López Michelsen fue un hombre que murió esperando un acuerdo humanitario con la guerrilla para devolver a los secuestrados”, dijo Silvino de manera contundente.

Mientras hablaban, muy cerca de ellos, alguien levantaba un cartel con una frase: “López murió con la camiseta del acuerdo humanitario puesta”. Ese era el título del editorial del Diario del Sur este jueves.

Quien estaba en la plaza, con toda la gente que quiso despedirse para siempre del ex presidente, era Alberto Rueda, la misma persona que escribió el artículo para aquel periódico de Pasto y Nariño.

Rueda es un bogotano que vive en Viena. Desde allá escribe periódicamente y viajó a Colombia por cuestiones de trabajo, cuando lo tomó por sorpresa la noticia.

“Desde Viena, yo impulso el acuerdo humanitario. Sé que López lo hacía con tanto entusiasmo como se debe defender una política de Estado”, decía.

Así, los simpatizantes de López lo recuerdan como el revolucionario, el intelectual y el personaje que en sus últimas líneas escribió muchas veces apoyando el acuerdo humanitario para liberar a los secuestrados.
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