Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/08/17 00:00

Elvis: recuerdos, 30 años después

El crítico musical Manolo Bellón escribe sobre el artista más vendedor de todos los tiempos y la leyenda del Rock and Roll, Elvis Presley

Elvis: recuerdos, 30 años después

Lo sencillo sería detenernos y hablar de los detalles morbosos de la muerte del ‘Rey del Rock and Roll’, Elvis Presley, acaecida el 16 de agosto de 1977 en su mansión de Memphis, Tennessee. Hablar del coctel de nueve drogas -todas de prescripción- que tenía en su cuerpo, según el informe del forense. De cómo trataron de robar su cuerpo del cementerio de Memphis, que obligó a trasladar sus restos, al igual que los de su madre, a un terreno de Graceland. Y el rumor de siempre: está muerto o no. Hay “pruebas” que supuestamente confirman que el Rey solo fingió su muerte, para poder liberarse de lo que llamó en una entrevista de 1962, la “Cárcel de la Fama”. Vale anotar que 30 años después, el millón de dólares que ofreció una emisora por pruebas fehacientes de que Elvis está vivo sigue guardado en un banco. Pero el cuento ha dado para escribir libros, llenar páginas completas de periódicos y revistas que incluyen cientos de las llamadas Elvis sightings, avistamientos de Elvis: en supermercados, estaciones de gasolina, escenarios de bares de pueblos olvidados del noroeste de Estados Unidos, en llamadas telefónicas, etcétera.

Pero tampoco hagamos la difícil. Está bien documentada la forma como se hizo lo que muchos consideran la primera grabación de rock and roll, That’s All Right. Fue una afortunada coincidencia. Elvis junto a quienes serían sus acompañantes durante los siguientes años, Scotty Moore (guitarra) y Bill Black (bajo), grababa en un estilo muy tradicional, en el estudio de Sam Phillips, Sun Studios. En una pausa Elvis arranca a cantar un tema de un compositor y cantante de blues, Arthur Cruddup, That’s All Right. En medio de la tomadura de pelo, acelera la versión mientras Moore y Black trataban de seguir el ritmo frenético de Presley. Phillips, sentado en la consola, sintió el corrientazo. Lo que había buscado estaba siendo grabado. Música negra, cantada por un blanco con voz de negro, con ritmo blanco. Sabía en sus entrañas que había descubierto algo nuevo. Luego lo llamarían rock and roll.

El poderoso barítono, rico en matices y timbre, de Elvis, lo aplicó juiciosamente a aquello que le dio fama y dinero: el rock and roll. Pero, como quedó demostrado años más tarde, su corazón estaba en la música religiosa y las baladas que con tanta pasión y emotividad interpretó. El rock and roll fue un accidente, afortunado, eso sí.

Elvis no fue un gran instrumentalista. Tampoco fue compositor. Las canciones que aparecen con su crédito son las que aceptó cantar, de compositores generalmente poco conocidos. A cambio de incluir su nombre entre los autores. Así ganaba como cantante, y como autor. Brillante jugada.

Presley hizo 31 películas con argumento y un par de documentales. Las películas actuadas eran todas cortadas por la misma tijera: el músico pobre que se enamora de la chica rica, con la oposición de los padres de la bella. Al final triunfa y conquista. Y después, variaciones sobre el tema. Pero, esas 31 películas, las hizo en 10 años. Tres por año.

Al morir, la herencia que deja Elvis es de apenas 4,9 millones de dólares. No es una gran cifra para el tren de vida y la organización que tenía en su nómina. Incluye todos sus activos como Graceland, carros, motos... y una deuda con el Col. Parker de más de 10 millones de dólares. Tenía en caja un millón. Mantener Graceland costaba medio millón al año. Estaba casi quebrado. Defendiendo los intereses de su hija Lisa Marie, heredera única de Presley, su ex esposa Priscila tiene la idea de convertir Graceland en un museo. Invierte algo más de 500.000 en poner la mansión a punto y para 1998, con las franquicias y visitas a la casa, Elvis Presley Enterprises facturaba 35 millones al año.

Elvis Presley es el artista más vendedor de todos los tiempos. Sus más de 300 álbums y sencillos se acercan a los 1.300 millones de copias vendidas en el mundo.

Su legendaria gordura en los años 70 se debió a la cantidad de hamburguesas y emparedados de mantequilla de maní y mermelada que se comió, en los años 60, sus años de poca actividad artística. No tenía más que hacer… comer y contratar un teatro en Memphis para ir a ver películas.

Es axiomático: la muerte de una estrella, grande o pequeña, antes de su tiempo, la convierte en leyenda instantánea. Elvis Presley es posiblemente la más grande de todas. Con todos los merecimientos, además.

Manolo Bellón es crítico musical, disc jockey de radio y autor del libro El abc del rock, todo lo que hay que saber, que editorial Santillana lanzará el próximo mes.

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