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| 9/19/2004 12:00:00 AM

Embajadores de Colombia

La facultad de Economía de la Universidad de los Andes se ha convertido en la meca de los futuros ambientalistas de América Latina.

En las empinadas escaleras de la Universidad de los Andes en Bogotá muchos se sorprenden al ver pasar un numeroso grupo de morenos hablando en francés o, en el mejor de los casos, en un español afrancesado. Se trata de haitianos que han cambiado las caribeñas playas de su país por el frío capitalino para poder adelantar estudios de posgrado.

En realidad ellos son únicamente los más notorios de un grupo de 70 estudiantes de América que estudian actualmente en la Facultad de Economía la maestría en Economía del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales (Pemar) o la especialización en Evaluación Social de Proyectos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Ecuatorianos, argentinos, bolivianos, paraguayos, peruanos, nicaragüenses y salvadoreños, entre muchos otros, llegan todos los años desde hace cerca de una década para especializarse y llevar de vuelta a sus países no sólo el conocimiento sino también la experiencia.

A muchos la imagen de un país en guerra del que poco conocen los hace dudar, pero pueden más el afán de conocimiento y las ganas de superación. "Antes de venir lo único que conocía de Colombia era al 'Pibe' Valderrama y las noticias de bombas y guerra", explica en un español todavía trabado Brillant Fayette, uno de los haitianos que en esta promoción son el grupo más numeroso. "El comienzo es muy duro, empezando por el idioma, el frío y porque en todo Haití hay el mismo número de habitantes que en Bogotá", cuenta Fayette, que en su país se dedicaba a evaluar proyectos agrícolas.

Además de los méritos académicos, el otro criterio de selección es privilegiar las aspiraciones de los países más pobres del continente de acuerdo con los índices del BID.

En el caso del Pemar se otorga en convenio con la Universidad de Maryland, y el nivel académico es comparable con el de los mejores programas de las universidades norteamericanas, sólo que con una visión mucho más cercana y propia, algo nada despreciable si se tiene en cuenta que son profesionales que se forman para diseñar y evaluar las políticas ambientales de nuestros países. Daniel Rebollo, un boliviano que trabajaba en la Paz en el Ministerio de Desarrollo Sostenible (el equivalente al Ministerio del Medio Ambiente) es uno de los mejores ejemplos. "Allá no encontraba nada que mezclara la parte ambiental con la económica", explica, y esa fue la razón que lo llevó a venir.

La especialización, por su parte, busca diseñar y escoger buenos proyectos en un contexto como el nuestro, donde los recursos tienden a ser escasos y hay que saber escoger las prioridades.

Es así como en varios lugares de nuestro continente, a pesar del conflicto armado y la mala imagen, estudiar en los Andes se ha convertido en un anhelo al alcance de la mano. El impacto trasciende las fronteras. En esta promoción está Rene Chique, un geólogo que quiere trabajar en la exploración minera y se enteró de las becas gracias a los profesores de su tierra natal, Puno, en Perú. Ahí, a la orilla del lago Titicaca, toda la facultad de economía está atestada de profesores que han pasado por los Andes y son precisamente ellos los que motivan a los estudiantes a seguir sus pasos.

Una vez de vuelta, estos estudiantes se convierten, como profesionales o profesores, en recursos valiosos en sus respectivos países. "Mi paso por la Universidad de los Andes ha permitido fortalecer enfoques de política pública ambiental", asegura Leopoldo Dimas, uno de los cerca de 300 graduados que, de vuelta en su país, trabaja en el Programa Salvadoreño de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente, Prisma, además de haber sido profesor en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.

Ellos no son los únicos beneficiados. Los Andes, la universidad más costosa del país, también se enriquece del intercambio cultural de sus estudiantes con personas de contextos tan diversos. Su presencia derriba los prejuicios y el desconocimiento de lado y lado, y como asegura Román Fellipelli, un argentino al que le dijeron cuando decidió venir que leyera Peligro inminente de Tom Clancy y lo pensara dos veces: "Cuando volvamos vamos a tener un poquito de venezolano, un poquito de haitiano y, por supuesto, mucho de colombiano".

*Periodista de SEMANA.COM. Correo: storrado@semana.com
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