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| 5/27/2008 12:00:00 AM

En caída libre

Santa fe lleva un mes sin ganar, la crisis dejó de ser únicamente deportiva y la ilusión por el título se reduce. ¿Qué le pasa al Expreso Rojo?

Hace un mes, Santa fe vivía su momento más sublime: se clasificaba por anticipado a las finales, en el mismo torneo le ganaba los clásicos a Nacional, América y Millonarios, y por momentos daba buen espectáculo. Para completar, la Copa Mustang le quedaba chica: confirmaba su partido con el Real Madrid. El hincha santafereño sacaba pecho, y con justa razón.

Pero en cinco fechas todo cambió. Llegaron las derrotas, los rumores de un nuevo técnico, las llamadas de atención en público a los jugadores y las lesiones fingidas. En términos del a guerrillera Karina, Santa fe se “desquebrajó”.

Y es que Santa fe siguió el manual de todo lo que un equipo de fútbol no debe hacer en momentos difíciles. Después del lánguido empate con Pereira en casa y la derrota con Cúcuta de visitante (ya estando clasificado a los cuadrangulares) empezó a circular el incómodo chisme de la salida del Pecoso Castro para darle entrada al Bolillo Gómez, en la dirección técnica del equipo durante el próximo torneo. Aunque su presidente, Armando Farfán, desmentía la información también reprendía en público a todo el equipo. ¿No era mejor mantener la calma y darle a esos resultados su proporcional importancia? Cualquiera tiene un traspiés y muy pocos se dan el lujo de tenerlo ya clasificado.

En vez de respaldar el trabajo del actual técnico, el rumor creció, y por supuesto, tocó el vestuario. ¿Con qué tranquilidad y motivación podía trabajar el Pecoso si sabía que así ganara el campeonato, su suerte estaba prácticamente echada? Las consecuencias fueron evidentes: derrota con Junior, Envigado y Equidad en línea.

Claro, el Pecoso Castro, carga con su notable cuota de responsabilidad. Empezando por su temperamento agresivo, grosero e imprudente. No tiene inconveniente en humillar públicamente a sus jugadores y salirse de casillas muy fácilmente. Al delantero Toloza lo ha criticado por cuanto micrófono se le pasa por el frente y al joven Osneider Álvarez no le perdona un pase malo. Fomenta la desconfianza en el equipo. Pero además, ha insistido tercamente en mantener arriaba a Christian Nazarith al lado de Leider Preciado de titulares, cuando tienen las mismas características. Se anulan.

Pero los principales responsables son los once (o a veces catorce) jugadores que entran al rectángulo. ¿Dónde está el liderazgo de Julio en estos momentos?, ¿Qué le pasó a la recia línea de fondo de antaño, que ya en cinco juegos ha recibido ocho goles? ¿Y la estupenda pegada de Arizala o Vielma?, ¿Y los goleadores? Ya quisiera Equidad o Envigado tener semejante abanico de posibilidades adelante: Preciado, Mosquera, Valoyez, Toloza, Nazarith, Néculman. Se han quedado en nombres. Durante los últimos cinco partidos, Santa fe ha metido dos goles: ambos de un volante de marca.

Capitulo aparte merece el caso de Luis Fernando Mosquera. Tiene todas las credenciales para ser el sucesor de Leider Preciado, en el selecto grupo de ídolos cardenales. Un media punta, joven, rápido, hábil y con gol. ¡Qué más se puede pedir! Justificó su contratación y fue notable figura del campeonato en las primeras quince fechas. Después del magnifico partido contra Millonarios, desapareció. Ya el Pecoso Castro, en una de sus infortunadas declaraciones, le había criticado su arrogancia y usó una clásica frase de director técnico, “al muchacho le falta madurar”. Y ha demostrado que mucho.

Mosquera pareció asumir su pedacito de responsabilidad después del mal partido con Envigado, que fue una repetición de los otros tres anteriores. Con aparente humildad aceptó los reclamos (¡una vez más públicos!) de sus compañeros y el técnico, prometió más compromiso y entrega a partir del partido con Equidad. Todo quedó en promesas. Mosquera no jugó por fingir una lesión. ¡Se negó a jugar por temor!

Son conocidos los casos de jugadores, tipo Ronaldo en la final del Mundial de Francia 98, que se trastornan antes de jugar un partido en el que son pieza fundamental y en el que se les exige más que al resto de jugadores. Pero terminan entrando a la cancha por responsabilidad, y sobre todo, por respeto con sus aficionados. ¿Pero que un jugador se quede fuera de la línea de cal por miedo a la presión? Habrá que mirar en el archivo una reacción parecida.

Con ese panorama Santa fe visita a un América que en las finales no cree en nadie. Sólido puntero de su grupo: dos victorias en dos partidos, cuatro goles y su arco en cero.

Por fortuna del León, se atravesó la gira de la Selección Colombia por Europa y le da al equipo (en todas sus instancias) dos semanas para calmar los ánimos y replantar cosas. Pero si el receso va a servir para que todo siga igual, que mejor planeen, desde ya, su costoso partido con el Real Madrid.
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