Viernes, 20 de enero de 2017

| 2006/04/28 00:00

En lo contemporáneo

En lo contemporáneo

Sonia Abaunza es actualmente Gerente de Danza del Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Pero su relación con esta actividad artística es anterior a su llegada al cargo, pues ha sido bailarina folclórica y contemporánea. Abordando este último género, Semana le realizó las dos preguntas de rigor. Estas fueron sus respuestas.

Semana. ¿Qué significa ser un bailarín de danza contemporánea en nuestro país?

Sonia. Durante siglos la danza ha sido una de las manifestaciones en donde el hombre naturalmente permite que otros se comuniquen y entren en contacto con él; en donde sociedades enteras se expresan, vibran, sufren y se unen en miles de sentimientos que permiten hablar de una sola nación, país o comunidad.

Basta con mirar aquí mismo, en nuestro país, los Carnavales de Barranquilla, Riosucio, Pasto; las fiestas y ferias -que existen por doquier- en cada pueblo o región; las "rumbas" en donde miles de salseros contagian hasta al más apático y las fiestas trance en donde los cuerpos frenéticos saltan, sudan y bailan al compás, a veces casi monótono, de esta música (algo parecido ocurre con los ritmos indígenas).

Todos estos ritmos, estilos o modalidades en algún punto de la historia han sabido transmitir lo que su época reclama, es decir cada una de estas manifestaciones -en cada rincón y esquina del mundo- han sido contemporáneas. Han traducido al lenguaje del cuerpo, del movimiento y del gesto sus inquietudes, sus preguntas, sus reclamos, sus angustias, pero también sus alegrías y deseos.

No muy lejos de esta realidad se encuentran nuestros bailarines "contemporáneos", o mejor sea decir los bailarines que a través de técnicas precisas unidas a la libertad del movimiento reflejan los intereses de los jóvenes bogotanos. Mirar la realidad a través de la lente de este tipo de danza es en muchos de los casos el interés de las obras de danza contemporánea: las relaciones de amor, el acontecer urbano de Bogotá, la situación de desplazados, presos y enfermos de sida, las relaciones con nuestro origen mítico, son algunos de las temáticas con las cuales "tercamente" nuestros bailarines deciden comprometerse.

En un país como Colombia tan ávido del diálogo y del entendimiento, resulta imprescindible el trabajo de re-creación de nuestra realidad, el análisis profundo de nuestras problemáticas -de las pequeñas, de las cotidianas, las que día a día nos afectan a unos y otros; las que a través de los cuerpos estos bailarines intentan poner de manifiesto. Comunicación, entendimiento, diversidad son temas que se hacen visibles en cada gesto y gota de sudor en las obras que afortunadamente son muchas más desde hace algunos años.

Ojalá muchas más personas se acercaran a este tipo de danza, en donde la experimentación, el goce, el riesgo y la confrontación son los temas de entrenamiento diario y arduo, que sin duda alguna le aportan a nuestro país otra manera de verse y la posibilidad, también, de ser otro.

Semana. ¿Cómo es ser un bailarín contemporáneo en Colombia?

Sonia. En Colombia ante todo ser "bailarín contemporáneo" es ser -a la manera de las crónicas de los españoles en nuestro país- un "adelantado". Es decir, aquellas personas que abren la trocha, que son los primeros en soportar los males por donde vayan, que a través de una idea construyen un mundo, ciudades y comunidades enteras, que se adelantan a su tiempo, que sugieren y experimentan nuevas opciones, métodos y lenguajes, que encuentran otras formas de hablar y a veces hablar de otras cosas o de lo mismo pero desde otra perspectiva. Es ir en muchas oportunidades en contravía de lo establecido (familia, sociedad, Estado), pero al mismo tiempo es tener la posibilidad de entender el Universo a través del más pequeño de ellos: el cuerpo humano. Ver y entender la humanidad entera a través de mi propio cuerpo.

En tal sentido, la labor de este bailarín está inmersa en una cotidianidad que confronta a cada paso con sus limitaciones y potencias. Diariamente en los ensayos y clases que se tienen para mantener su cuerpo disponible, mente y emoción también deben estar dispuestas. Y a veces ese equilibrio no es fácil. Nuestros bailarines deben cumplir rutinas extenuantes para encontrar ese equilibrio que les permita luego asumir la obra creadora. Y como en toda disciplina artística sólo los constantes y talentosos pueden finalmente enfrentar a un público -que todavía es escaso- pero que ha aumentado su curiosidad ante estos lenguajes.

En esa labor el Estado, particularmente el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, está también comprometido. A través de diversos programas y proyectos estimula a estos artistas fortaleciendo su actividad creadora, sus espacios de encuentro y reflexión, la circulación de sus productos artísticos, la realización de iniciativas particulares y sobre todo la visibilización de sus procesos, resultados e intereses.

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