Lunes, 23 de enero de 2017

| 2007/11/07 00:00

En menos de 48 horas, asesinan a otra sindicalista en Valle

El homicidio deja muchos interrogantes, pero ¿Qué tan creíble es la hipótesis de un supuesto exterminio sindical motivado por la extrema izquierda, en una región plagada de narcos y bandas criminales a su servicio? La muerte se suma a la de Jairo Giraldo, otro sindicalista asesinado el lunes.

Mercedes Consuelo Restrepo De Perea, sindicalista asesinada en Valle.

Mercedes Consuelo Restrepo De Perea y Jairo Giraldo Rey, tenían tres cosas en común: Vivían en el norte del Valle, eran sindicalistas y fueron muertos en los últimos dos días.

Ambos, en distintos frentes pero con similar motivación, lucharon incansablemente por defender los derechos de los trabajadores. Ella lo hizo desde la junta directiva del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación en el Valle, Sutev y él, desde el Sindicato de Trabajadores del emporio empresarial de la familia Grajales, localizado en La Uniòn, Valle y que hoy es administrado por el Gobierno Nacional, a través de la Dirección Nacional de Estupefacientes, DNE, tras un proceso por lavado de activos

A Mercedes, dos sicarios motorizados la acribillaron junto a una escuela de Cartago, en el mismo instante que se dirigía hacia su plantel escolar para iniciar clases. La señora Restrepo, además era la coordinadora del Comité de la Mujer al interior de Sutev. Su crimen ocurrió al mediodía del miércoles 7 de noviembre. Cinco impactos de bala en el pecho le arrebataron la vida.

Jairo no corrió mejor suerte; el pasado lunes festivo en horas de la noche, fue asesinado también a bala. El dirigente sindical fue interceptado por sus victimarios cuando recorría en una camioneta Chévrolet Dimax, la vía rural que une a los corregimientos de Miravalle con Holguín, jurisdicción de La Victoria, al norte del departamento.

Ambos crímenes causaron conmoción, generaron voces de rechazo y hasta motivaron millonarias recompensas para dar con los autores materiales e intelectuales, algo que seguramente no ocurrirá. Primero, porque si por recompensas fuera, ya estarían resueltos al menos uno de los nueves crímenes de sindicalistas ocurridos en Cartago en los últimos catorce años y segundo, porque si en algo se caracterizan los 18 municipios que conforman el norte del Valle, es su código de silencio impuesto por el régimen de terror que implantaron los capos de la droga.

Precisamente ese antecedente, sumado a la histórica presencia de grupos armados ilegales de extrema derecha al servicio de la mafia y que desde hace varios años dominan la región, dejan mal parada la tesis que planteó esta semana el vicepresidente Francisco Santos, al afirmar que el crimen del sindicalista Jairo Giraldo Rey, “Muestra que los enemigos del sindicalismo también están en la extrema izquierda”.

Otra realidad

Sus palabras suenan coherentes desde el punto de vista nacional, pero se debilitan en el entorno regional por varias razones; entre ellas, porque actualmente la presencia subversiva en el norte del Valle se encuentra reducida a frentes que no sobrepasan los diez guerrilleros y arrinconados en dos sectores específicos: El Cañón de Garrapatas y la Serranía de Los Paraguas; ambos colindan con poblaciones montañosas como El Cairo, El Águila, Argelia, Versalles y El Dovio. Desde esos lugares tanto las Farc y el ELN intentan infructuosamente recuperar el territorio perdido frente al poder bélico y estratégico de Los Machos y Rastrojos, ejércitos irregulares al servicio de Diego Montoya Henao, Don Diego, y Wílber Varela, Jabón, respectivamente. Ambos intentaron hacerse pasar como grupos paramilitares y por eso, durante un tiempo se llamaron Autodefensas Campesinas del Valle, ACV y Rondas Campesinas Populares, RCP. En esa zona se desarrolla en todo su esplendor las actividades de producción, procesamiento y transporte de coca, que posteriormente es llevada al pacífico y desde allí hacia Centro América

En consecuencia y como estrategia territorial, poblaciones asentadas en la zona plana del Valle del río Cauca, tales como La Unión, Roldanillo, Zarzal, Bolívar, Toro, Ansermanuevo, Obando, La Victoria, Ulloa, Alcalá y Cartago, se convirtieron en centros de abastecimiento y manejo operativo de esos grupos. Ello quedó evidenciado la semana pasada, cuando el CTI de la Fiscalía ocupó 104 bienes del narcotraficante Diego Montoya y varios de sus lugartenientes. En esa operación, se pudo confirmar que el capo no sólo se escondía, (fue capturado en una finca ubicada en Zarzal el 10 de septiembre de este año), sino que además contaba con decenas de vías terciarias que le servían para su movilización entre los distintos municipios. Precisamente, unas de esas localidades de su influencia era La Victoria; allí existen evidencias tanto de su penetración económica como criminal. Desde hace varios meses campesinos que habitan en caseríos como Miravalle y Holguín, en La Victoria y Villa Rodas en Obando, denunciaron la presencia de hombres fuertemente armados, vestidos de civil. Si bien aclararon que no hostigaron a la población, es obvio pensar que se trataba de cinturones de seguridad de Montoya Henao. Por esa razón, resulta inexplicable que una región con fuerte dominio territorial por parte de bandas al servicio de la mafia, sea justamente el epicentro de un crimen al parecer cometido por reductos aislados de la guerrilla, que no sólo lograron mimetizarse en una región de marcad influencia mafiosa, sino que además recorrieron sus feudos.

Narcos y políticos

Esa tesis se vuelve mucho más difusa en Cartago, en especial si recordamos que el 5 de noviembre de 1998, el gremio sindical sufrió uno de los golpes más duros en la historia de esa ciudad, al parecer auspiciado por el narcotráfico. En un mismo acto criminal fueron asesinados tres sindicalistas. Didier Pinilla, Gilberto Nieto Patiño y Jaiber Cardona, fueron las víctimas de un ataque perpetrado con mini usis, a plena luz del día y en un sector comercial de la localidad. El caso aún sigue impune. Hoy, dirigentes de esas organizaciones sindicales y quienes pidieron reserva de sus nombres, coinciden al afirmar que la autoría de esa masacre es una mezcla entre mafia y política, “El principal enemigo de la actividad sindical en Cartago, es el narcotráfico, que motivado por intereses de políticos, ejecutan acciones en contra de nuestras banderas, muchas veces relacionadas con la denuncia de actos de corrupción”.

En esa ciudad amasaron su emporio Económico y su organización criminal capos de la talla de Hernando Gómez Bustamante, Rasguño; Aldemar Rendón, Mechas; Jhon Edilber Cano, Jhonny Cano; Davinson Gómez, Albeiro Monsalve y Arcángel de Jesús Henao, El Mocho, todos capturados y muchos ya extraditados hacia los Estados Unidos. La influencia de esos narcos era de tal magnitud, que en 2004 circuló en la cidad un panfleto firmado por las ACV, en el que daba instrucciones sobre su llegada no sólo a Cartago, sino al norte del Valle.

El antecedente más reciente y contundente sobre los supuestos 'favores criminales' que el narcotráfico le hacía a la clase dirigente de la región, se encuentra en poder la fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, en Cali. Hoy ese despacho adelanta un proceso en contra del médico cirujano cartagüeño Juvenal Gómez Jaramillo, ex cuñado de Rasguño.

Al especialista se la acusa de los delitos de homicidio agravado, porte ilegal de armas y violación a la libre asociación sindical. Dichos cargos están relacionados con el asesinato de la líder sindical Carmen Emilia Rivas Carvajal, acribillada por sicarios el 17 de mayo de 2000. Para esa fecha, la señora Rivas Carvajal era enfermera del hospital Sagrado Corazón de Jesús y presidenta de la Asociación de Trabajadores de Hospitales y Clínicas, Anthoc, seccional Cartago. En su momento la dirigente sindical se había convertido en una piedra en el zapato para las directivas de la institución, por sus continuas denuncias en torno a presuntos manejos irregulares del presupuesto del hospital y posibles sobre costos en la compra de insumos.

Si bien los homicidios de Mercedes y Jairo aún no están claros y mucho menos las hipótesis en torno a los móviles, menos claridad hay para afirmar que se trata de una campaña de exterminio auspiciado por la extrema izquierda, en especial, porque esa región sigue siendo el santuario para los capos de la mafia, pese a que muchos de ellos están capturados, pero como todo mal, el del narcotráfico es un monstruo de muchas cabezas y de esas aún hay varias en el norte del Valle.

Lista de sindicalistas asesinados en Cartago
Febrero 27 de 1993: María Ludy Palacio Mesa
Septiembre 5 de 1994: Samuel Fernando Rojas Motoa
Noviembre 5 de 1998: Didier Penilla
Noviembre 5 de 1998: Gilberto Nieto Patiño
Noviembre 5 de 1998: Jaiber Cardona
Febrero 15 de 1999: Gilberto Tovar Escudero
Marzo 21 de 1999: Albeiro de Jesús Arce
Mayo 17 de 2000: Carmen Emilia Rivas Carvajal
Año 2000: Diego Botero
Noviembre 7 de 2007: Mercedes Consuelo Restrepo De Perea

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