Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/03/12 00:00

“Enchavaron” a Chávez

Acciones de extremistas, afectos a la revolución bolivariana, paradójicamente opacan los esfuerzos mediáticos del Presidente Venezolano por mejorar su imagen. Ewald Scharfenberg desde Caracas, especial para Semana.com

La explosión del 24 de febrero en las instalaciones de Fedecámaras causó la muerte de Héctor Serrano. Según Ramón Rodríguez Chacín, ministro del Interior y Justicia de Venezuela Serrano era quien colocaría los explosivos. Foto: AFP

Lina Ron a menudo ha conducido algunas de las tareas de choque más ruidosas en defensa de la autodenominada revolución bolivariana de Venezuela: quemas de banderas, tomas de sitios, intimidaciones, barricadas. La conducta y aspecto de la comandante, como la llaman sus seguidores, resumen además la mayoría de los estereotipos por los que la clase media local desprecia y, a la vez, teme al lumpenproletariado urbano que la dirigente moviliza: morena de rasgos aindiados, lleva el cabello invariablemente teñido de amarillo chillón y cubierto con una gorra de béisbol. Habla a volumen máximo, sin que nada le cohíba a la hora de usar cualquier calificativo que sienta que le ajusta a sus adversarios.

Con estas características, poco de raro tiene que, desde hace tiempo, la aguerrida dirigente de base se convirtiera en el pararrayos favorito de toda clase de imprecaciones proferidas en público y en privado.
 
La novedad es que esos epítetos provengan del chavismo.

“Aventurera”, “foquista”, “violentista”, “irresponsable”, fueron algunos de los adjetivos que le endilgaron la semana pasada voceros oficiales del naciente Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y colaboradores de medios cercanos al gobierno, luego de que el miércoles 27 de febrero Ron y otros activistas de calle, acompañados por dos diputados a la Asamblea Nacional del propio PSUV, ocuparan el Palacio Arzobispal de Caracas, en plena Plaza Bolívar de la capital venezolana.

Fue el propio presidente Hugo Chávez quien, en llamada telefónica puesta al aire la noche del 28 de febrero en el programa La Hojilla de la televisora del Estado VTV, explicó qué había de reprensible en la acción: “¡Nosotros conduciendo una operación humanitaria de alto impacto, y Lina tomando el Arzobispado!”, se quejó el primer mandatario.

Porque el mismo 27 de febrero se cumplía la misión de rescate en territorio colombiano de cuatro ex parlamentarios tenidos hasta entonces como rehenes por las FARC. Cada estación del proceso, cumplido con el apoyo de aeronaves venezolanas, fue excusa para hacer una transmisión en cadena de radio y televisión. No obstante, la llamativa toma del Palacio Arzobispal, con su parafernalia de encapuchados y consignas de combate, sirvió de señuelo efectivo para la atención de los medios.

O como este cronista oyó decir a un ciudadano junto a un quiosco de periódicos en la urbanización Cumbres de Curumo, al sureste de Caracas: “Le enchavaron el show a Chávez”.

Idos de la mano

En la jerga coloquial de calle en Caracas, el verbo “enchavar” es una expresión vulgar que equivale a “estropear”. El juego de palabras evoca entonces una lúcida imagen para describir la creciente incomodidad de Chávez con sus aliados de extrema izquierda que en semanas anteriores protagonizaron una secuencia de hechos que por momentos eclipsaron la acción del gobierno y, según palabras del presidente venezolano, sirvieron para proveer “lo que le hace falta a la oligarquía, que haya una agresión, una provocación, se genera la violencia y eso es lo que recorre el mundo en los medios: ‘Chávez mandó, Chávez el violento’”.
 
En el más grave de los incidentes, que costó la vida a una persona, el 24 de febrero estalló un artefacto explosivo de potencia media frente a la sede de la patronal Fedecámaras, en Caracas. La detonación, que causó destrozos en la fachada del edificio, siguió a una cadena de atentados similares cometidos en días previos contra una estatua de George Washington, en la urbanización El Paraíso de Caracas, y la sede de la Nunciatura Apostólica.

La diferencia estuvo en que, en la última ocasión, murió un ciudadano, Héctor Serrano. “Ese que falleció era el que iba a colocar el explosivo, aseguró Ramón Rodríguez Chacín, ministro del Interior y Justicia. Está demostrado por filmaciones, las evidencias de cómo quedó su cadáver, lo tenía agarrado con las dos manos y estaba en cuclillas”.
Serrano, de 44 años y vecino de la parroquia 23 de enero, al oeste de la ciudad, portaba una credencial de agente ad honorem de la Policía Metropolitana de Caracas. De acuerdo al ministro Chacín, la credencial le había sido otorgada antes por la Alcaldía Mayor de Juan Barreto, en un programa tendiente a crear “redes de inteligencia social” que aportaran información para el combate de la delincuencia.
 
En el barrio 23 de enero, vivero tradicional de movimientos de ultraizquierda, tales redes de inteligencia se solapan con los cuadros de grupos que oscilan entre la promoción comunitaria y la subversión armada, como Tupamaros, Venceremos, o la Coordinadora Simón Bolívar. Serrano militaba en Venceremos, cuyos volantes se esparcieron junto a su cuerpo con el estallido.

En su descargo, el alcalde Barreto declaró al diario El Mundo de Caracas que las redes de inteligencia social agrupan a 8.000 personas y que, por tanto, “es muy difícil hacerse responsable de las acciones individuales de cada una”. En el caso específico de Serrano, el Alcalde Mayor de Caracas reveló que el hombre había trabajado para ese despacho metropolitano durante ocho meses y que todavía formaba parte del Voluntariado Socialista de Caracas, de inspiración estajanovista. Así mismo, dio a conocer que Serrano figuraba en la plantilla de apoyo del diputado de la Asamblea Nacional por el Distrito Capital, Pedro Infante, proveniente del 23 de enero.

Ron pa' to'o el mundo

Aunque el ministro Chacín los tachó de “un grupito muy pequeño, anarquista, que empezó a cometer errores “, este y otros sucesos recientes volvieron a poner en el tapete el rol de las organizaciones maximalistas, algunas armadas, que se dicen partidarias del presidente Chávez pero sin renunciar a su autonomía y cuyas frecuentes afirmaciones de que “un proceso revolucionario no es un hombre” parecen alentar de tanto en tanto el oxímoron de “un chavismo sin Chávez”.

De hecho, la toma del Palacio Arzobispal fue realizada por el Colectivo La Piedrita del 23 de enero, con Lina Ron como estrella invitada. Ron tiene un despacho informal no lejos de allí, en los aledaños de la céntrica Plaza Andrés Eloy Blanco de Caracas, sitio de reunión de indigentes y olvidados de la capital. Es miembro de la Comisión Técnica que integró el PSUV para su conformación. Su alergia a las estructuras, sin embargo, con toda probabilidad la llevará a resucitar su antigua franquicia política, UPV, Unión del Pueblo Venezolano.

En el acto, Lina Ron pidió reivindicar a Héctor Serrano como un mártir y declaró “objetivo revolucionario” al canal 24 horas de información, Globovisión, al que, según la dirigente, podía provocar “ponerle una bomba, aunque esa es decisión de cada organización social”. Pidió al ministro Chacín detener los allanamientos en la parroquia 23 de enero, pues “"no se puede aceptar que persigan a los nuestros y premien a los ricos".

La tarde del mismo día, mientras el presidente Chávez se preparaba a recibir a los recién liberados ex congresistas de Colombia, otro grupo del 23 de enero, la Coordinadora Simón Bolívar, en una acción anunciada con antelación, llevó a cabo una “vigilia” que duró hasta la noche frente a las instalaciones de Globovisión. A pesar de la presencia de un cordón policial, profirieron amenazas y pintaron consignas en las paredes.
 
Finalmente, leyeron un comunicado que la propia planta televisora difundió.
La frecuencia e intensidad de estas acciones ocasionaron que, en lo que quedó de semana, el presidente Chávez insistiera en que podían deberse a la influencia de “infiltrados del imperio” que manipulaban a estos grupos a los que instó a “coger mínimo”, una expresión del habla venezolana que refiere al número mínimo de revoluciones de un motor encendido.

Los dos diputados de la Asamblea Nacional presentes en la ocupación del Palacio Arzobispal -Pedro Lander, un ex actor de cine y telenovelas, y Reinaldo García-, decidieron aclarar entonces que habían acudido en son de mediación “para evitar que hubiera violencia”.

Ron, por su parte, en columna semanal que mantiene en el diario El Nuevo País de Caracas, pidió luego disculpas a Chávez: “Quisiera decir que no sabíamos que la liberación de los retenidos iba a ser ese día, que se ve a leguas que es una tramoya montada contra nosotros”. Mientras, juraba que “no estoy infiltrada ni me paga nadie. No tengo dónde caerme muerta. Si hay que morirse, me muero chavista revolucionaria, pero con Chávez, porque lo decidí como opción de vida”.
 
En una emisión tormentosa de su maratónico dominical de televisión, Aló, Presidente, en la que ordenó la movilización de tropas hacia la frontera con Colombia, el presidente Chávez se mostró satisfecho con la declaración: “"Mi querida Lina respondió disciplinadamente y dijo que aceptaba el regaño y que ella acataba. Reconocieron que era un error táctico".



¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.