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| 9/14/2006 12:00:00 AM

Es inminente el hundimiento del proyecto de reelección de alcaldes y gobernadores

A la iniciativa se le agotó el tiempo y sus defensores no lograron un consenso entre bancadas para sacarla adelante.

El miércoles de esta semana el presidente Álvaro Uribe tuvo una inusual reunión en la Casa de Nariño con el presidente del Directorio Conservador, senador Julio Manzur. Después de negarse a recibir a varios de los miembros de su bancada que le iban a reclamar por la participación en la burocracia, Uribe se entrevistó únicamente con el jefe conservador, pero para hablar de un tema muy distinto. La idea del Presidente era buscar respaldo para el proyecto de reelección de alcaldes y gobernadores que se comprometió a impulsar durante la campaña que lo llevó por segunda vez al poder.

Uribe sabía que al conservatismo no le interesa mucho la propuesta y hasta era consciente de que esa oposición fue liderada hace un año por el entonces presidente del Directorio, Carlos Holguín Sardi, quien paradójicamente ahora tendrá que defender el proyecto gubernamental en su calidad de Ministro del Interior.

Sin embargo, el Jefe de Estado esperaba que las cosas cambiaran con la llegada de Manzur al puesto de capitán en ese partido. Por eso lo invitó a Palacio y no ocultó su molestia cuando el congresista anunció que le tenía “una noticia poco grata”. Uribe lo interrumpió con una pregunta: “Senador Manzur, ¿qué posibilidad hay de que lo estudiemos para 2011?”. Manzur no quiso comprometerse y le informó que por el momento no hay ambiente para la reelección de mandatarios locales desde el próximo año y que tampoco es seguro que el Congreso acepte su vigencia a partir de 2011.

En la bancada gobiernista no hay un solo partido que esté completamente seguro de apoyar la propuesta: Cambio Radical la respalda a través de congresistas como Rubén Darío Quintero (autor del proyecto), pero otros de sus integrantes reconocen en voz baja que la idea no es buena. En el partido de La U la división es aún mayor. Mientras Mauricio Pimiento defiende el proyecto en su calidad de ponente, Armando Benedetti se opone argumentando que de todas formas se hundirá por falta de tiempo. Colombia Democrática (de Mario Uribe) y Convergencia Ciudadana (de Luis Alberto Gil) piensan apoyar la propuesta sólo si es a partir de 2011.

El cuadro clínico para el proyecto es aún más complicado por los lados de la oposición. El Polo Democrático se niega a aprobarlo para ser consecuente con su oposición a la reelección presidencial. Y el liberalismo, poco entusiasmado con la idea, se excusa en que primero debe aprobarse una ley de garantías que evite los “desafueros de la reelección presidencial”.

Ante tanto rechazo a la propuesta, era indispensable que el Partido Conservador tomara la iniciativa para jalonar el respaldo uribista, como ocurrió durante los últimos cuatro años con varios proyectos clave para el gobierno. ¿Qué fue lo que falló?

La causa más importante de la oposición a la reelección es de tipo político. Ni liberales, ni conservadores tienen mayorías suficientes en las regiones como para darse el lujo de promover la renovación del mandato de los alcaldes y gobernadores. Mucho menos los partidos jóvenes, incluidos los uribistas y el Polo Democrático.

De las 1.100 alcaldías del país el conservatismo tiene menos de 300 (muchas de ellas en coalición) y el liberalismo unas 400. Para ambos partidos es más rentable postularse a una nueva elección y apostarle a la conquista de nuevos municipios y departamentos. Por eso no tienen inconveniente a la hora de pedir el hundimiento del proyecto, así no expresen públicamente la razón por la que lo hacen.

El problema en este caso es para el gobierno porque buena parte de la campaña reeleccionista del presidente Uribe estuvo montada sobre la promesa de que promovería también la reelección en los entes locales. Pero promover un proyecto no significa necesariamente lograr su aprobación y eso es lo que ahora parece entender el Ejecutivo.

En la cuerda floja

Además de esta razón de fondo, el proyecto de reelección de alcaldes y gobernadores tiene varios problemas.

En primer lugar, debe surtir cuatro debates en el Congreso antes del 16 de diciembre y para cumplir con ese calendario se necesitaría que lo aprobaran inmediatamente (sin derecho a una sola jornada de discusión) a partir de la próxima sesión. Dicha faena es prácticamente imposible así se use la famosa técnica del ‘pupitrazo’, pues existe mucha controversia sobre el tema y los debates prometen ser extensos.

El segundo inconveniente para el proyecto es que no todos los que lo promueven están seguros de sus bondades. Fue por eso que al ministro Holguín se le notó su falta de interés por la materia el día de su debut en la comisión primera de Senado, cuando propuso que la reelección fuera solo para los alcaldes de ciudades con más de 100.000 habitantes y que la financiación de las campañas la asumieran las propias alcaldías. Semejante idea sería tanto como darle carta blanca a los alcaldes para que manejen a su antojo la plata de los contribuyentes, con el agravante de que muchos de estos mandatarios tienen también el manejo político de las entidades que los controlan.

En tercer lugar, es cierto que hace falta una ley de garantías para evitar que los recursos públicos sean usados para beneficio personal de los alcaldes-candidatos. Es posible que la ley no tenga que ser aprobada antes que el proyecto de reelección -como exigen los liberales- pero la discusión sí debería ir de forma paralela, de tal manera que los interesados sepan cuáles serán las reglas de juego a las que se someterán. Además, si a la Organización Electoral le fue tan difícil vigilar a un solo presidente-candidato, ¿quién controlará a 1.100 alcaldes y gobernadores candidatos?

Otro factor en contra del proyecto es de tipo político, pues en varias ciudades son famosos los casos de funcionarios públicos que ya renunciaron a sus cargos para aspirar a las alcaldías y gobernaciones basados en un mapa electoral que les cambiaría de la noche a la mañana por cuenta de la propuesta. En palabras de Manzur, “sería un irrespeto con los candidatos que ya están en campaña”. ¿Qué pasaría si el gobernador Aníbal Gaviria -quien acaba de sacar el 84 por ciento de favorabilidad en la encuesta del Gallup Poll- estuviera facultado para buscar la reelección inmediata?, ¿qué pensaría de eso el uribismo, que acordó postular para el cargo a un peso pesado como Luis Alfredo Ramos? Las mismas inquietudes aplicarían en caso de que Sergio Fajardo (imbatible en todas las encuestas) aspirara a repetir período justo cuando algunos uribistas triple A como Carlos Ignacio Cuervo dejaron el Congreso para buscar ese cargo. O en Barranquilla, donde los clanes de los Char y los Name buscan un acuerdo para adueñarse de la Gobernación y la Alcaldía.

Ante tantas dificultades todo apunta a que el proyecto se hundirá en la votación del próximo martes y sus defensores tendrán que esperar hasta el próximo año para radicarlo por quinta vez en busca de mejor suerte. Si es así, la medida sólo podrá aplicarse desde 2011, pues las elecciones de 2007 ya están a la vuelta de la esquina.
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