Martes, 24 de enero de 2017

| 2007/08/09 00:00

“Escribir una novela para niños fue un acto liberador”

Ricardo Silva Romero (Bogotá, 1975) dialoga con Semana.com sobre su nuevo trabajo: ‘En orden de estatura’, obra que se encuentra en las librerías.

Ricardo Silva Romero.

El argumento del libro de Ricardo Silva Romero es sencillo, y su narración, maravillosa. Se trata de la historia de un niño viejo que pierde en medio de la fiebre a su persona favorita: una abuela española llamada Antonia. Ocurre en Bogotá en 1982. Y es una fantasía con los pies en la tierra que, a pesar de tener el humor de las novelas para niños, recuerda sus anteriores trabajos: Relato de Navidad en La Gran Vía, Tic y Parece que va a llover. Tanto así que, en medio de sus chistes, sus juegos y sus personajes monstruosos, parece otro intento por despedirse de algunos hechos del pasado. SEMANA.COM habló con el escritor ahora cuando el libro acaba de salir al mercado.

SEMANA.COM: ¿Por qué escribir una novela para niños como En orden de estatura?
RICARDO SILVA ROMERO: Yo estaba descansando de haber escrito una novela difícil de escribir (porque necesitaba mucha atención a los detalles) que se llama El hombre de los mil nombres. Y estaba recopilando datos para escribir una que sucedería en la Bogotá del siglo XIX. Y entonces se apareció la editora Cristina Puerta con la idea de que yo podía escribir una novela para niños. Y confié en sus intuiciones. Coincidió, claro, con que desde hacía varios años venía yo dándole vueltas al personaje que protagoniza En orden de estatura: un niño que parece viejo desde cuando tiene uso de razón.

SEMANA.COM: ¿Fue más fácil o más difícil que escribir alguna de las novelas anteriores?
R.S.R.: Fue liberador, me parece, porque no me tocó frenarme a mí mismo tanto como me ha tocado frenarme otra vez en busca de verosimilitudes o de sensatez narrativa. Con El hombre de los mil nombres pasaba lo mismo, que no tenía límites para inventar, pero era agotador tratar de que no se saliera de los marcos de la historia de Hollywood. Lo único que hice durante En orden de estatura fue ver Monty Phyton todas las noches para estimularme el sentido del absurdo. Contarle en voz alta la trama a mi amigo Alejandro Martín. Y consultarle a la editora cosas puntuales sobre el género. Y ya. Simplemente dejé que la historia que se me terminó de ocurrir en diciembre, de viaje, fuera apareciendo, con todas las sorpresas del caso, en las puntas de los dedos.

SEMANA.COM: La gente dirá que es un libro autobiográfico.
R.S.R.: Yo sospecho que todos los libros de todos son autobiográficos. Este parte de mí mismo, evidentemente, pero más de la persona que soy ahora, que de la persona que era. Ser autobiográfico es inevitable. Incluso cuando he pensado que los personajes nada tienen que ver con mi vida, como en Tic, al final alguien me hace caer en la cuenta de que estoy hablando de mí mismo. Yo creo que, aunque el ejercicio se reduce a tratar de acomodar a un personaje en el mundo, uno al tiempo siempre está tratando de deshacerse de una parte de uno mismo cuando escribe una novela.

SEMANA.COM: ¿Quería deshacerse de su infancia?
R.S.R.: No en el sentido doloroso de la frase, no, mi infancia estuvo muy bien, sino que le he aprendido a mi papá que la nostalgia se debe reducir a un plan de viernes por la noche, que hay que dirigir la vida hacia adelante, y mi manera de hacerlo, de despejarme el camino hacia el futuro, es reviviendo, en la ficción, las cosas que ya me pasaron (para no caer en ellas el resto de la vida) y viviendo en los personajes, de una vez, las cosas que no quiero que me pasen.

SEMANA.COM: En orden de estatura es la historia de un duelo: ¿quería vivirlo de nuevo o evitarlo?
R.S.R.: En el momento, mientras planeaba, escribía y corregía la historia, no pensé en nada de eso. Yo creo que es como una filmación: se trata de poner en escena la historia que se le ha ocurrido a uno con todas las sorpresas que trae cualquier puesta en escena. Y no entra en juego nada más que el relato. Las interpretaciones vienen después. Y tanto mi amigo Luis Fernando Afanador como la siquiatra Lina María González coincidieron en que, ya que el protagonista, Leopoldo, tiene 7 años, y se la pasa en el edificio La Gran Vía, quizás estaba yo despidiéndome de los últimos siete años de mi vida, que se terminaron de golpe, y despidiéndome, de paso, del edificio en el que viví desde cuando nací, para asumir la vida nueva que viene.

SEMANA.COM: ¿Cómo se imagina la vida que viene?
R.S.R.: Yo tengo un gesto de loco que no niego: tengo cierta claridad sobre lo que viene. Que es: hacer lo posible para terminar de escribir las ideas que tengo archivadas por ahí; seguir metiéndome, poco a poco, en el mundo del cine; tener la capacidad para adaptarme a relatos que, como En orden de estatura, me lleguen de repente; no perder las oportunidades para lograr que mi vida sea una historia que me guste, y estar pendiente de las personas con las que vine a vivir esta vida.

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