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| 11/8/2007 12:00:00 AM

¿Están preparadas las viviendas de Bogotá para no colapsar entre granizo y ventarrones?

Según expertos, la mayoría de edificaciones de la capital tienen buen sistema para drenar el agua de las lluvias y son aceptables para sobrevivir a los vientos. Las inundaciones son, en cierta medida, consecuencia de la dificultad de evacuar el líquido por las alcantarillas.

Una calle que quedó convertida en hielo después de un fuerte aguacero con granizo y una concesionaria de vehículos cuyo techo se fue al suelo tras un vendaval. Éstas fueron algunas imágenes que mostró la televisión sobre el invierno en Bogotá y fueron muy impresionantes. La capital no estaba acostumbrada a vivir escenas de ese tipo.

Fuera de eso, las declaraciones de Luis Fernando Ulloa, gerente de la zona centro de la Empresa de Acueducto de Bogotá, fueron desconsolantes, aunque muy certeras. “Ninguna ciudad en el mundo tiene su alcantarillado preparado para soportar la nieve y eso llevó a que la ciudad colapsara el pasado fin de semana”, dijo, después del aguacero del sábado.

A ese preocupante panorama, se suman los pronósticos que hace el Ideam sobre el invierno. “Nuestros análisis indican que la lluvia seguirá cada vez más severa. Por lo menos, hasta la mitad del próximo enero va a llover más de lo común no sólo en Bogotá, sino en todo el país”, según le explicó Humberto González, jefe de Pronósticos y Alertas del Ideam, a Semana.com.

De todo esto, queda la gran duda de qué puede pasarles a las viviendas de los bogotanos en caso de que persistan este tipo de eventos ambientales. Semana.com consultó con expertos si debe haber preocupación por un invierno que haga colapsar edificios y casas.

“Si la vivienda es formal, no debe haber ninguna inquietud respecto al clima. Lo grave podría suceder en ese tipo de viviendas que se hacen sin mayores condiciones técnicas”, explica María Isabel Silva, presidente de la Lonja de Bogotá.

Pero, ¿qué es eso de viviendas formales? Se trata de edificaciones que cumplen con parámetros establecidos por la ley para prevenir colapsos en eventos como un invierno fuerte y largo, en este caso.

Sergio Mutis, presidente de Fedelonjas, explica que “los ingenieros diseñamos para que las construcciones soporten el peso de la edificación, los muebles y las personas. Además, tenemos en cuenta cargas adicionales, que son las derivadas de los vientos y las lluvias, de manera que no hay la más mínima duda de que nuestras edificaciones están adecuadas”.

Según explica, la ingeniería contempla también el drenaje de las aguas lluvias. La manera de hacerlo la especifican en cada ciudad, de acuerdo con los niveles de pluviosidad.

En general, la exigencia es que haya un tubo bajante desde cada techo o cada terraza que tenga un diámetro acorde con la cantidad de agua que se podría represar en caso de un aguacero. Esas aguas deben desembocar en el alcantarillado.

Para llegar allí, “lo más común es que el agua que sale de los edificios y las casas, caiga a la calle y se desplace hasta que llegue a un desagüe en la vía”, explica el ingeniero Fabián Gómez, de la firma Hidroobras limitada.

En el caso del aguacero en Bogotá, lo que ocurrió fue, precisamente, lo que explicó el funcionario Ulloa. No hay capacidad para tanta de agua y hielo.

A ese respecto, el balance que presenta Mutis es que “las bajantes dentro de los edificios se comportaron bien. De acuerdo con la información que conocemos, no hubo grandes daños en los edificios. El colapso se dio por la difícil evacuación en las alcantarillas”.

De hecho, los daños más graves se presentaron, sobre todo, en inundaciones de sótanos y en las calles. Sí hubo techos caídos y tejas rotas, quizá porque se taponaron con granizo los sistemas de drenaje del agua, o por los duros golpes de la lluvia.

En estos casos, habría que entrar a evaluar qué tan juiciosos son los administradores y los propietarios de los edificios con la limpieza de los sistemas de evacuación de aguas.

Sea cual sea la culpa, “tenemos que prever de ahora en adelante que, en caso de que llueva con granizo, no se taponen los tubos bajantes en los edificios y las casas. Debemos inventarnos algún mecanismo, como una maya, que impida que pasen pedazos de hielo y basuras también”, comenta Mutis.

Esto, en cierta medida, ayuda a entender un poco por qué el sábado Bogotá fue noticia a raíz del fuerte aguacero. Después de la tempestad, 350 empleados públicos en 20 volquetas tuvieron que extraer casi 2 mil metros cúbicos de hielo del puente de la calle 26 con Caracas.

Aquel panorama fue desconcertante. Sin embargo, apenas la gente asimilaba qué había pasado, los noticieros mostraron imágenes de un camarógrafo aficionado que registró un extraño ventarrón. Tenía forma de tornado pequeño y levantó el techo de un concesionario de vehículos en la autopista norte con 127 en Bogotá, el pasado martes.

Ambas situaciones se deben, en cierta medida, a la manifestación de cómo el cambio climático afecta a Bogotá y al fenómeno de La Niña, que trae temperaturas bajas para Colombia, según explica González (ver videocolumnista en el home de Semana.com).

En este segundo evento, se vieron techos volando. ¿Por qué ocurrió? “Quizá porque hay fallas en ciertos amarres para sostener tejas que no habíamos notado porque estos vendavales no son comunes en la ciudad. Eso es, sinceramente, un fenómeno para el que no estaban preparadas nuestras construcciones”, explica Mutis, y agrega que “nos tocará revisar cómo estamos amarrando las cubiertas de las edificaciones”.

Así, el parte podría decirse que es de calma para quienes habitan en construcciones denominadas formales, que cumplen con los requisitos técnicos. Pero otra será la situación de quienes viven en las informales, armadas sin mayor ingeniería para diseñar las vías de evacuación de las aguas lluvias, o para amarrar las tejas de los techos.
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