Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/08/06 00:00

Farc convocan a paro en Tolima y nadie obedece por presión de ‘paras’

Los guerrilleros dijeron que había que salir para manifestarse por políticas del gobierno y por falta de inversión en infraestructura y en vías. Las Águilas Negras ordenaron que nadie saliera y que el transporte público no trabajara. La situación en el departamento aunque tensa es de normalidad.

Las Farc les ordenaron a pobladores de cuatro municipios del norte del Tolima que salieran a las calles a manifestarse contra políticas del gobierno. Sin embargo, no hubo obediencia porque grupos emergentes de 'paras' amenazaron de muerte a quienes hicieran lo que pedían.

Las últimas horas han sido tensas para los habitantes del norte del Tolima. El mal ambiente corre por cuenta de los grupos armados que ocupan la zona y que hicieron sendas amenazas contra los pobladores de cuatro municipios. Hace dos semanas circularon por Líbano, Venadillo, Santa Isabel y Anzoátegui volantes con la firma del frente 47 de las Farc. En ellos, les decían a los pobladores que para este 6 y 7 de agosto no debían salir a las calles, ausentarse del trabajo y sumarse al paro armado.

Las razones de la presión serían la oposición a políticas del gobierno del presidente Álvaro Uribe como el Tratado de Libre Comercio, aumento en la inversión social y la construcción de vías de la zona.

Para la protesta, las Farc exigían que cada familia aportara un adulto y 50 mil pesos. Amenazaba con que quienes no lo hicieran. Una de las penalidades era la de pagar individualmente 200 mil pesos de multa. En el caso de las juntas de acción comunal que no apoyaran la marcha, debían pagar 500 mil pesos como castigo.

El tema causó revuelo. Pero el mismo fue opacado dos días más tarde cuando supuestos grupos emergentes de paramilitares (Águilas Negras), repartieron otros volantes haciéndole contraparte a aquella exigencia.

Estos panfletos fueron entregados en locales comerciales y a transportadores de los mismos municipios. Allí manifestaban que para los días 5, 6 y 7 de agosto quedaría prohibida la movilización de carros y que quienes acudieran a la manifestación organizada por los guerrilleros serían declarados objetivos militares. Los conductores que salieran a las calles serían quemados junto con sus vehículos, según la amenaza impresa por los nuevos ‘paras’.

Maria Inés Guzmán, asesora de Paz de la Gobernación del Tolima, le explicó a Semana.com que las tensiones se generaron allí porque “en el norte era donde más había autodefensas. Por eso se presentan esos grupos que pretenden tomarse banderas que están entregadas”.

Como consecuencia, el temor se apoderó de la región. Por eso, las autoridades enviaron refuerzos de 300 policías y 200 soldados, para inspirar calma en los cuatro municipios.

Además, programaron consejos de seguridad en Villahermosa y Líbano con el objetivo de “hacer presencia de los organismos de seguridad en la zona para brindar tranquilidad a la ciudadanía”, según el secretario de Gobierno departamental, César Jiménez.

Incluso, el gobernador estuvo en las fiestas de Armero, que está cerca de la zona del conflicto, y permaneció allí hasta tarde. “Me quedé hasta las 3 de la mañana como mensaje de que no hay por qué temer. Cuando los gobernantes estamos, significa que no hay peligro”, dijo.

Las autoridades defienden la calma porque piensan que los volantes no tienen ninguna organización detrás. “Todo indica que esos comunicados no provienen de los grupos que se comentan. De acuerdo con las informaciones que se tienen de inteligencia, parece que fueron escritos por fuerzas que quieren desestabilizar al pueblo. Eso es parte de la comidilla política del proceso electoral”, asegura el Gobernador.

Guzmán también opina algo similar. “Según las investigaciones, esos volantes circulan sin ninguna repercusión”.

Llegó el día anunciado. Este lunes 6 de agosto, las autoridades reportaron calma. Pero lo cierto es que, aunque no hubo revueltas, tampoco estuvieron normales las actividades.

La mayoría de los transportadores de esos municipios dejaron guardados sus carros y la gente se quedó en las casas. En el ambiente queda el sabor de sí en realidad todo estuvo bajo control.

De ser cierto que cada pasquín venía de grupos opuestos y con órdenes igualmente contrarias, en esa guerra de amenazas podría interpretarse que se le dio un golpe a la guerrilla. Las Farc están acostumbradas a que cada vez que hablan, la gente obedece sólo por temor.

Pero esta vez, hubo alguien que inspiró más miedo que ellos. Hablar de una actitud normal en esas poblaciones sería decir que todos salieron a trabajar y que hubo transporte y comercio, pero ocurrió lo contrario. Pasó, justamente, lo que los emergentes grupos de ‘paras’ habían ordenado en sus pasquines.

Sin embargo, para las autoridades municipales, si bien hay Águilas Negras, no se trata de una gran organización, sino de pequeñas bandas delincuenciales. Pero el temor de los pobladores deja mucho que pensar. Si el objetivo es crear terror, lo están logrando.

Las autoridades tienen un gran reto. Si es real que la idea es hacer que la gente se sienta tranquila, esos “pequeños grupos” no deben ser menospreciados. Al contrario, la pequeñez que supuestamente tienen daría cuenta de que es buen momento para confrontarlos.

Este lunes, el miedo dificultó el transporte en aquellos municipios. De paso, impidió que se hiciera una manifestación, que si bien estaba convocada por un grupo al margen de la ley, llevaría un reclamo de inversión social e infraestructura.

Sobre esos temas, el Gobernador explica que “cuando se presentan esos reclamos, le rendimos informe a la ciudadanía. Les explicamos a quiénes les competen los proyectos que piden. Por ejemplo, hay obras municipales, que les corresponden al municipio, y hay otras departamentales que debe construir la Gobernación. Pero lo cierto es que los recursos no son suficientes”.

“Los pobladores saben que sin necesidad de presión, pueden salir y reclamar en cualquier despacho. Pero a veces notamos que no hay mucha información sobre las gestiones que hacemos. Invertimos y la gente no se da cuenta. Luego, salen a reclamar. Por eso, creo que la actual incitación a un paro es más una estrategia política que un verdadero interés de mejorar las condiciones”, concluye el funcionario.

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