Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2006/08/08 00:00

Fidel y yo

La vida del dictador cubano tocó de manera directa e indirecta a muchos colombianos. Semana.com preguntó a algunos sobre el significado de Castro en su vida. Estas fueron sus reflexiones al respecto. Igualmente, invita a sus usuarios a responder al mismo interrogante. Publicamos las más recientes colaboraciones.

Fidel y yo

Fidel Castro fue sin lugar a dudas uno de los personajes más controvertidos del siglo XX. Su existencia tocó de manera directa e indirecta a muchos no cubanos o por lo menos generó en ellos toda clase de opiniones y sentimientos.

Ahora, cuando el mundo entero tiene los ojos puestos en el futuro de la isla, Semana.com invitó a algunos colombianos a escribir sobre lo que significó el dictador cubano para sus vidas. Igualmente, invita a los usuarios que quieran reflexionar y escribir sobre la misma pregunta a enviar sus participaciones a olozano@semana.com.

Los mensajes detrás de los mensajes de Fidel
Por: Clara Elvira Ospina, Subdirectora de Noticias, Canal RCN

Cuando veo las fotografías de un Fidel Castro sobreviviente y recuperado, pienso en lo que sintieron todos los protagonistas de la agonía, la transición y la sucesión.

Los cubanos de Miami se atreven a decir que las fotos son un montaje. ¿Montaje por qué? ¿Porque no es Fidel Castro? ¿Porque lo maquillaron para que luciera mejor? Otros, más moderados, creen que Fidel sigue muy mal porque de lo contrario habría exigido que su reaparición fuera en video y no en foto.

Pero, en realidad, ¿luce tan mal? No se les puede olvidar que es un hombre de 80 años que, según su antiguo médico, sufre de Parkinson y acaba de salir de una complicada cirugía intestinal.

La frivolidad se concentra en si la sudadera es Adidas, la marca que usan las selecciones cubanas o Nike, una marca que le encanta si nos atenemos a los tenis que usa cuando encabeza las marchas por el malecón de La Habana, frente a la oficina de intereses de Estados Unidos. Pero detrás de la frivolidad hay más mensajes: el primero y fundamental es que escogió a Hugo Chávez para tomarse las fotos de la reaparición. Habría podido hacerlo solamente con su hermano, un mensaje más para ratificar la sucesión, o con sus hombres de confianza, para hacer saber que la continuidad pasa por una repartición del poder.

El problema es saber quiénes son, hoy, los “elegidos”: Hasta hace 15 días, los cubanólogos pensaban que Felipe Pérez Roque sería fundamental en el cuadro de honor, pero en la Proclama al Pueblo Cubano, Fidel le asignó tareas limitadas, lo cual tampoco lo descarta. Los José Ramones, como llaman en Cuba a Balaguer y Machado, tienen asignaciones más importantes y tampoco han aparecido en público en estos días. Sorprendió que en la Proclama no fuera mencionado el Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, a quien los expertos atribuyen una gran cercanía con el Presidente. Pero, curiosamente, es él quien ha puesto la cara: es el único que ha hablado de la salud del Comandante, obviamente sin violar el secreto de Estado. Concede entrevistas a la televisión Cubana y a la prensa internacional y envía mensajes de tranquilidad. Evidentemente, tiene acceso a la soleada y austera habitación donde se recupera Fidel.

Sigo pensando en lo que sintieron todos ellos cuando reapareció Fidel. O, mejor, en lo que sintieron en estos 14 días de silencio. ¿Habría alguien tentado a aparecer en público y proponer que se movilicen para, como dice el comandante en su reciente mensaje, “estar siempre listos para enfrentar cualquier noticia adversa”? El problema que tienen los que quieren destaparse la cara para montarse en el tren de la sucesión es que cualquier día los sorprende el regreso del comandante.

Por eso todos están congelados. En el escenario interno, nadie se mueve. Y en el externo, la situación parece haber tomado de sorpresa al gobierno Bush, que tenía dos planes para dos escenarios posibles: el del comandante en el poder y el del día después de la muerte del comandante. Pero todo indica que no habían considerado la situación actual: Fidel con un paso al lado pero todavía ahí.

La hermosa Habana
Por: Juan Manuel Matallana, Usuario de Semana.com

Tuve la oportunidad de visitar Cuba en dos oportunidades. La primera cuando la futura, hermosa y encantadora politóloga Juanita Ochoa organiza un viaje de exploración en 1995. Me encontraba haciendo un magíster en sistemas y computación en la Universidad de los Andes y decidí explorar un país del que había escuchado mucho pero poco conocía. Era embajador de Colombia el Dr. Ricardo Santamaría, nombrado por el presidente Gaviria cuando se restablecieron las relaciones con Cuba en 1992, justo en el comienzo del período especial.

La llegada fue como una vuelta en el tiempo, tal vez mi niñez, vi carros americanos de los 50s y 60s rodeando una glorieta, con una neblina romántica, y pasando un túnel construido en la época de Batista.

Pude experimentar una tarjeta de racionamiento, que me impidió repetir una exquisita carne preparada con especias en el hotel Deauville, "du vieille Habana".

Pero me sorprendí de ver un pueblo en general culto y estudiado, algo que no se ve en Colombia, porque la educación no está universalizada como allá. No hay mendigos de hambre, pidiendo limosna para comer, quizás hay gente pidiendo algunas pequeñas comodidades de occidente como tenis y bluyines, sobre todo en los jóvenes. La gente de universidad no es sumisa y que lo traga todo entero como pensaría uno, son críticos, y saben muy bien cual es el papel de EE.UU. en este asunto. Más sumisos son aquí. Es gente bien nacionalista. Desde luego hay trapicheros pero esos también tuvieron instrucción.

La Habana es una ciudad hermosa, detenida en el tiempo, pero moderna en otras partes, Miramar, el Vedado etc. Me gusto mucho el Hotel Habana Libre, antiguo Hilton, y el Banco Nacional de marco negro, el antiguo CitiBank. Ni hablar de la embajada de España, un palacio del siglo XIX, de esos que solo se ven en Barcelona y Madrid. Y esas avenidas que se parecen a la Gran Vía o a la Cibeles. Y el Capitolio muy parecido al de Washington, y el Hotel Nacional, copia exacta al Waldorf Astoria de Nueva York.

Pero, algo mas, habían muchos norteamericanos, de USA, tomando vacaciones en Varadero, y en ninguna parte vi que alguien dijera "YANKEES GO HOME". Son dos países hermanos que comparten un destino común y el Caribe, porque que tan cerca está Miami, San Agustín y Nouveau Orleáns, de la Habana, con su pasado español. Algún día eso se resolverá con respeto y reconocimiento del otro.

Fue la ultima semana de septiembre 1995, es decir, el receso, muy instructiva de verdad. Creo que los compañeros de viaje de aquel vuelo de Aero República de aquella época pensarán lo mismo. Espero poder viajar de Miami a la Habana y viceversa sin tanta restricción Bushista.

Ni Fidel, ni Bush
Por: Javier Arroyave, Usuario de Semana.com

Considero que el señor Fidel Castro ha sido un personaje que logró modificar el rumbo de la economía capitalista. Durante varios años al inicio de su reinado, tuvo en vilo a las grandes potencias y se llegó a mencionar el inicio de la tercera guerra mundial a la cual se le tiene tanto temor y mas aún hoy, donde el poderío nuclear se salió de las manos de sus inventores.

En una pequeña isla latinoamericana, donde sus pobladores tuvieron que adaptarse a un sistema común-ista, lo escribo separado porque todavía no comprendo que tiene de común o (ista) si está mandado recoger como ha ocurrido en otros países. En esa Cuba, se han logrado forjar algunas cosas buenas, es el país donde se tiene un amplio desarrollo en salud y en lo deportivo es potencia latina.

No comparto mucho el esquema del señor Fidel como tampoco estoy de acuerdo con la tortuosidad que provoca el señor Bush a nivel mundial.

Mala memoria
Por: Camilo Duarte, Usuario de Semana.com

Es una lástima que nosotros los Colombianos o tengamos tan mala memoria o seamos tan indolentes con nuestro pueblo. Debemos acordarnos que fue Fidel Castro quien patrocinó económicamente y propinó entrenamiento en bases militares de Cuba a varios de los cabecillas de la insurgencia Colombiana, como Tirofijo y la cúpula del M-19, de lo cual hay varios testigos, tales como Roberto Martín Pérez, ex-prisionero político cubano, quien en varias ocasiones fue testigo de estos hechos.

Es Fidel Castro el culpable en gran parte, de lo que hoy vive Colombia. Para ningún historiador Colombiano es un secreto la gran influencia directa de la Habana en los grupos guerrilleros de Colombia. Fidel Castro no debe ser considerado como un héroe, ni mucho menos, por Colombia. Veamos como hoy día, bajo la resolución 1278 de la ONU, Fidel Castro podría ser enjuiciado en tribunales Internacionales por su colaboración con los Grupos terroristas Colombianos, incluidos en la lista de 25 organizaciones terroristas mundiales por la ONU.

Llamemos las cosas por su nombre y dejemos el romanticismo para otra ocasión que así lo amerite.

Adiós a los privilegios
Por: Emilio Pinilla, Usuario de Semana.com

Siempre he oído de Fidel, bien o mal, pero siempre ha existido, así como ha estado allí para todos los de mi generación. Nunca había vivido tanto el fenómeno de Fidel, hasta que llegue a Miami, dos años atrás. Aquí todo el mundo es cubano o pretende serlo y la actividad primordial del cubano es hablar de lo que ocurrirá cuando no este Fidel. Hay programas especializados, de radio y TV, organizaciones especializadas y hasta noticiarios especializados, todos hablan al unísono de lo mismo, pero ninguno hace nada. Con la reciente noticia de la muerte del demoníaco líder, todos salieron al gran carnaval, festejaron, bailaron y hasta se emborracharon a nombre del difunto, pero ninguno ha hecho nada. Ni lo harán, ya que ninguno esta dispuesto a dejar la comodidad de Miami para ir a pelear a la Habana.

Los cubanos no se han percatado que sus programas y organizaciones no tienen ningún objeto el día que Fidel no este. Más aún, sus privilegios migratorios y de otra índole, se acabarán. Les pasa exactamente como a los militares colombianos, que el día que acabe la guerrilla quedarán reducidos a un puñado de desempleados y otro tanto de agentes del tránsito. Los conflictos dejan victimas y victimarios, ganadores y vencidos, y muchas veces se revuelven en ambos bandos.

La dictadura de Fidel nos ha afectado a todos de alguna manera, pero muerto el dictador, el régimen no se sostiene, ya que todos los fervientes seguidores salen como perros de caza a morder un poco de la torta del poder, perdiendo el control luego de uno o dos años. Pero aunque el régimen acabe, volver a traer a la realidad a un pueblo que lo han maniatado, que le han dado lo suficiente para sobrevivir, pero no mucho mas, que no ha luchado por estudiar, por lograr trabajos y en general la lucha diaria que requiere vivir en un sistema democrático, será una tarea muy difícil. El 75% de los cubanos nacieron así y otro tanto ya se acostumbró, sin mencionar las malas manas que la represión trae.

Ojalá Estados Unidos abra los ojos y le de la importancia histórica que Cuba requiere, además que no siga haciéndose el de la vista gorda, Cuba es geográficamente un punto clave para golpear estratégicamente al país del norte de la manera que se quiera.

PD/ ¿y que tal que Castro, esté muriendo pero de la risa, al ver la fiesta de su funeral y en lugar de muerto esté midiendo reacciones de lo que ocurrirá cuando de veras desaparezca?

La historia tiene la palabra
Por: Mauricio Sáenz, Jefe de Redacción Revista Semana

El bloque socialista no podía caerse. Habíamos vivido siempre en un mundo construido sobre la división entre los capitalistas y los comunistas, y pensar que esa estructura se venía abajo era como descubrir, de un momento a otro, que la Tierra podía ser plana. Pero pasó. A comienzos de 1990 la Unión Soviética dejó formalmente de existir, y con ella una geopolítica que parecía escrita a martillo en la roca de los tiempos.

¿Y Cuba?, recordó alguien, como quien cae en cuenta que un gato se quedó en la casa en medio del incendio. ¿Qué pasaría ahora con la revolución cubana, tan dependiente de su papá soviético?. Hay que viajar esta misma semana, sentenció Felipe López, el presidente de esta revista. No la próxima, porque tenemos que estar allá cuando Fidel Castro anuncie su renuncia. Y eso puede suceder en cualquier momento.

Así, con un viaje a toda prisa, llegué por primera vez a la mayor de las Antillas. Sobra decir que Fidel no cayó, y que el artículo que publicamos resultó mucho más aburrido de lo esperado, pero profético. Han pasado más de 15 años, y sólo la enfermedad ha podido sacarlo de un poder cuya supervivencia parecía imposible.

Con mi compañero José Fernando López entrevistamos a medio mundo, visitamos granjas agrícolas, a los periodistas oficiales, a los médicos, a los artistas, a los escritores. A los economistas que explicaban la libreta de racionamiento y a las amas de casa que trataban de sobrevivir con ese duro documento. La salud, la educación, la cultura. Todo en un marco de una pobreza conmovedora y de una dignidad sin límites.

En los años siguientes fui unas cuantas veces a Cuba, incluida una ocasión en la que terminé preso por 24 horas, en un episodio nunca totalmente aclarado. Pero ni siquiera esa experiencia logró agriar mi imagen de la isla y de sus habitantes. Por sobre todo me impresionaba su capacidad para superar las limitaciones y para sostener con el sistema comunista una relación contradictoria. Un agradecimiento profundo y una profunda insatisfacción nacida de la necesidad inevitable de compararse con la sociedad de consumo. Orgullo y vergüenza. Alegría y tristeza. Esperanza y desesperación. Conceptos que convivían y conviven con la mayor naturalidad en el alma de los cubanos.

Hoy el balance se acerca para los hermanos Castro, y para toda una generación que creyó en una sociedad que resultó imposible. Nadie sabe si su proyecto les sobrevivirá.
Pero a pesar de su evidente fracaso en hacer progresar al país, y de sus excesos de autoritarismo, la revolución cubana salvó a su país como nación independiente y sirvió de talanquera histórica al imperialismo norteamericano en toda la región. “La historia me absolverá”, dijo Fidel en su defensa, cuando se le procesó en 1953 por el intento de toma del Cuartel Moncada. Ahora la historia tiene la palabra.

Igualitariamente pobres
Por: Isaías Plata, usuario de Semana.com

Nacido en el seno de una familia humilde, en un humilde pueblo en donde por degracia nació el ELN y en donde por cosas del destino murió Camilo Torres, desde muy niño escuché hablar de Fidel; Gran parte de mis amigos de infancia y algunos miembros lejanos de mi familia terminaron engrosando las filas del ELN y las FARC, y entonces, vino el odio, la separación, la violencia, el exilio a la gran ciudad. Nunca entendí como Estados Unidos era el culpable de todos los males de nuestros pueblos latinoamericanos, cuando para mi era claro que nuestros males tenían orígenes propios ; nunca entendí el por qué no deberían existir ricos y todos deberían ser igualitariamente pobres, cuando, para mí, la ecuación debería ser a la inversa.

Después vino un exilio mucho mayor y por cosas del destino me radiqué en Miami; aquí aprendí a vivir entre cubanos y luego de viajar a la isla, empecé a entender mucho mas su realidad: Si bien es cierto que la gente no muere de hambre en Cuba, la tasa de desnutrición es de la mas altas del planeta, y eso se refleja en su cara y en su piel. Los cubanos son "parias" en su propia tierra; si tu eres extranjero te puedes quedar en el hotel que se te de la gana y comprar lo que quieras, pero si eres cubano, para ti eso es delito. La educación del cubano promedio es muy baja y ya no hay ningún incentivo para termina bachillerato o universidad, porque el futuro no ofrece nada. Un médico cubano gana en promedio US$10.00 al mes; gran parte de la población vive del "rebusque", y hay jineteras y "pingueros" por todos lados. La infraestructura está totalmente destruida (el agua se raciona cada dos días al igual que la luz, el transporte es prácticamente nulo (a excepción de los "camellos" que son tractores acondicionados como buses), la malla vial esta destruida, el agua del acueducto no se trata ni filtra y la tubería no se renueva desde 1.946. Nadie protesta o se subleva por miedo a que lo torturen y lo fusilen; hay "chivatos" (sapos) pagados por el gobierno en cada calle. Las famosas "marchas" de apoyo al gobierno son forzadas por el sistema: cuando hay marcha no hay escuelas ni trabajo y están obligados a asistir.

A todas estas, Fidel es (o era) uno de los hombres mas ricos del planeta. Y a todas estas, qué ironía que aún después de tantos años se siga culpando a otros de males que son propios: a los americanos les dejo de interesar Cuba después de la guerra fría, en primer lugar porque en la isla no hay nada: no hay minerales preciosos, no hay petróleo, no hay economía, no hay industria... ¡nada de nada de nada! Y en segundo, porque sus problemas son mucho mayores en otos lados del planeta.

Viva Fidel
Por: Jaime Andrés Cervantes, usuario de Semana.com

Dignidad, eso representa Fidel Castro, la dignidad latinoamericana, viendo la película comprendí algo si el no se queda en al frente de la revolución todo se hubiera perdido, antes de hablar sin fundamento Olga Lozano, debería revisar las cifras de desnutrición, acceso a servicios médicos y educación de todos los países de Latinoamérica incluyendo a Cuba, aquí en Colombia también hay profesionales especializados manejando taxis, trabajando en oficios que no tiene nada que ver con su profesión. Qué pesar que personas con una visión tan corta tengan acceso a medios de comunicación masivos.

Vi la película el domingo y aunque creo que he escuchado de Fidel desde antes de nacer, por mi padre, vi un líder impresionante, a un hombre comprometido con una causa y unas ideas.

¡¡Que viva Fidel, que viva Cuba y la dignidad de los países latinoamericanos¡¡

Exportador de violencia
Por: Carlos Acosta, Usuario de Semana.com

En 1981, en zona selvática del Chocó, - Ríos Chuvigo y Churina - , tuve la oportunidad de ver muchos jóvenes combatientes del M-19, abatidos en combate por el Ejército de Colombia, después de que estos incursionaron armados por la Costa Pacífica hacia Risaralda. Ellos, venían de Cuba, entrenados y dotados por el régimen de Fidel Castro. Vidas apagadas en flor, muchachos que podían haber consagrado su existencia al servicio de la humanidad o solo a vivir, a tener una familia y trascender.

Cuando como hoy, recuerdo este episodio, no puedo olvidar que el octogenario comandante, otrora exportador de violencia hacia nuestro país, va a morir venerado por intelectuales de izquierda, seguidores gratuitos y un montón de desinformados, en su cama, después de que llevó a miles de seres humanos a la muerte.

Castro, ¿un héroe?
Por: Javier Manrique, Usuario de Semana.com

Fidel Castro es y seguirá siendo el triunfador contra Estados Unidos.

Tengo 18 años y no viví muy bien la época de la rebeldía juvenil por el
comunismo , aunque hoy en día se vea mucho entre mi generación. Castro fue
como la guerrilla en Colombia. Él luchó por una causa "justa" , por la que
cualquiera lo hubiera hecho: una dictadura . Pero al transcurrir los años
Castro torturó, asesinó y robó como ningún politiquero en Colombia y por
ese motivo su popularidad decayó hasta el piso .

Mi pregunta es: ¿si todo el mundo, empezando por EEUU sabe que Fidel es un
desadaptado social, por qué no lo han parado ? ¿Porque duró cincuenta años
esclavizando gente? ¿Por qué nadie actuó? ¿Por qué el fin del comunismo es
esperar que muera? ¿Por qué su fantasma tiene que rondar durante toda
la historia de la humanidad y quedar como el invencible que
sólo lo mata Dios? Es injusto para el mundo esa barbarie .El mundo es
globalizado y cada problema por más lejos que sea y por más pobres que sean
es problema del planeta entero.

Arriba la revolución
Por: Claudia García, Directora de Nuevos Medios de Semana

Bien pasada la adolescencia, cuando estudié la Guerra Fría en clase de historia, entendí que DisneyWorld no era el único destino turístico y que Estados Unidos no iba a salvar al mundo de sus males. A los 18 años conocí la salsa clásica y la música cubana, entonces descubrí a Fidel Castro. Las imágenes del Che Guevara y de Fidel Castro aparecían con frecuencia en profesores que me parecían inteligentes, en bares que no estaban de moda y quedaban en el centro, en la Universidad Nacional que tanto admiraba y en libros que me dediqué a leer. En esa época yo quería ser mamerta y ojalá unirme a cuanto sindicato pasara por el frente.
 
Pero como le pasa a muchos jóvenes que el comunismo es cuestión de la edad, dejé de ir a marchas colectivas, de asistir a discursos largos y aburridos de reivindicación de masas, de involucrarme en causas ajenas, de querer militar en un partido político y para completar me empezó a gustar el wiskey. Estaba en pleno furor del neoliberalismo y la globalización y entonces pensaba que Fidel Castro era un dictador y tenía sometido a todo un pueblo que la única opción que tenía era salir escondido en una balsa y tratar de no morir en el camino.
 
Dos años más tarde volví a cambiar de parecer. Siendo estudiante de Ciencia Política tuve la oportunidad de trabajar durante la Cumbre de No Alineados en Cartagena en la que se encontraban todos los presidentes del Tercer Mundo, es decir la gran mayoría. Cuando Fidel castro entró al salón del Centro de Convenciones hubo un silencio total y los presidentes se pusieron de pie y varios lo aplaudieron, sentí un escalofrío por todo el cuerpo y una admiración que jamás había sentido por nadie. Entonces supe que a pesar de mi relación histórica de odios y amores con Fidel, lo admiraba más que a cualquier otro líder en el mundo, y que el solo hecho de hacerle pistola a Estados Unidos por tantos años, a pesar del bloqueo al que están sometidos, lo convertía en un modelo de dignidad para la historia.
 
Quise viajar a Cuba para ver el lado de la gente, pero cuando llegué quedé tan sorprendida por la música que me dio pereza explorar el lado político y me dediqué a disfrutar de los músicos que se encuentran por todas las calles. Entre otras me pareció una maravilla no encontrarme un solo MacDonalds. Lo cierto es que a pesar de la dictadura, del sometimiento, y de muchas cosas que no discuto, de lo que se trata es de un pulso entre Fidel Castro y Estados Unidos, y yo voy por Fidel Castro.

Fidel el de antes, el de siempre, el de ahora
Por: Olga Lucía Lozano, Editora Multimedia Semana.com

Hubo un tiempo en que algunos profesores hablaban de Fidel Castro como si se tratara de un héroe latinoamericano. Para entonces, el Muro de Berlín no había caído, la guerra fría era un tema tan frecuente como hoy lo es el efecto invernadero y el mundo aún tenía capacidad para indignarse ante hechos como la invasión estadounidense a la diminuta isla caribeña de Granada y sus intervenciones en conflictos internos de países centroamericanos.

Años después, el mundo cambió para siempre. Los que asistimos a las facultades entre mediados y finales de los 80, aterrizamos en los 90 en una realidad completamente distinta. Si bien la gran mayoría, por alguna de las múltiples razones que ofrece permanentemente, seguimos reprobando las acciones políticas, económicas y militares de Estados Unidos en todo el mundo, los héroes del socialismo y el comunismo ante los ojos de mi generación no tuvieron el halo de justicieros que las generaciones anteriores les confirieron por mucho tiempo. Entre denuncias por corrupción, torturas, censura, etcétera, los ídolos de la izquierda cayeron en desgracia por las mismas razones que sus seguidores criticaban de los estados de derecha (no de derecho).

Bueno, cayeron todos menos Fidel. Quien desde que yo nací es y sigue siendo presidente de Cuba. Aunque claro, la palabra presidente, en este caso, es una metáfora. O quizás una evocación a los tiempos en que Fidel, al lado del recuerdo del Ché Guevara, encarnaban la rebeldía latinoamericana y el coraje para decidir el destino de su país en contra de las órdenes del “guardián del mundo”:

La cosa es que con el paso de los años, el boicot económico a la isla, la incapacidad de Castro para escuchar incluso a sus propios gobernados y la censura a cualquier manifestación que el régimen considere contraria a su ideología, el destino cubano se transformó en una mala historia. Nadie sabe porque en Cuba hay que ser heterosexual a toda costa, hay que tener un doctorado para mendigar propinas en un hotel, hay que justificar todo como si fuera un emblema vivo de la revolución (incluidos los altos precios para los turistas), hay que prostituirse para comprar un jabón, hay que evitar hablar de política o hacerlo según las cartillas aprendidas en la escuela. Es decir, nadie sabe porque en pleno siglo XXI se prohíbe ser lo que se quiere ser y se decide sobre cualquier aspecto de la vida personal de sus habitantes.

Viajar a Cuba es regresar a un pasado que no debería subsistir en ningún lugar del mundo. Por eso, para mí y muchos de los que crecieron a mi lado, Castro no es un emblema de la oposición. Es un icono de los sistemas autoritarios que por siglos se han servido de discursos desgastados para torturar, asesinar y extirpar cualquier libertad individual, mientras sus líderes viven cómodamente y se enriquecen a costa del sacrificio ajeno. Por eso, fueron bienvenidas la caídas de sus afiches de las paredes de los cuartos juveniles que precedieron a mi generación, y ahora cuando su tiempo final parece acercarse, si su régimen se va con él, será bienvenido un país en donde esto pueda leerse porque está permitido el acceso a Internet y al mundo.

Un escritorio lleno de imágenes
Por: Mauricio Sáenz, Jefe de Redacción y Editor Internacional de Semana

La enfermedad de Fidel Castro nos ha obligado a buscar las fotografías que testimonian su vida. Esa labor periodística se convirtió, de un momento a otro, en un viaje a través del tiempo. Ahí aparecieron imágenes como la de Fidel en Birán, su pueblo natal, jugando a manejar un tractor de la finca de su padre. Con chamarra de cuero y corbata el 9 de abril de 1948, en Bogotá. También en su matrimonio con Mirtha Díaz-Balart, que le dio su hijo mayor y lo emparentó con sus mayores enemigos de Miami. El asalto al Cuartel de Moncada, el exilio en México, la primera foto con el Che Guevara cuando salían de una cárcel mexicana. La Sierra Maestra y su fusil con mira telescópica. La figura infantil e imberbe de Raúl. Todas esas, con las de la entrada triunfal a La Habana, son imágenes de hombres jóvenes, plenos de ilusiones, que portaban el estandarte de una nueva Cuba.

Esas fotos en blanco y negro comparten el escritorio con otras a color, mucho más recientes. Muestran a unos ancianos cansados. Su brillo se ha perdido, ya no proyectan la ilusión del comienzo. El destino del Che, muerto en plena juventud, se antoja piadoso. No tuvo que confrontar sus ideales con la dura realidad del comienzo del siglo XXI en La Habana. Será para siempre el glorioso Che, invencible en su derrota.

Pero Fidel Castro no. Su imagen será la del anciano tambaleante que seguía aferrado al poder, incapaz de dejar que alguien distinto, tal vez por otros caminos, alcanzara sus ilusiones. Incapaz de entender que después de él también habría una historia. Es impresionante, de verdad, tener sobre el escritorio tantas imágenes.

Lo imposible es imposible
Por: Icaro Rebolledo, usuario de Semana.com
 
Él representa el valor de creer ciegamente en nuestras ideas y defenderlas hasta las ulltimas consecuencias; un desafio bestial al miedo y un creyente eterno en que nuestras prioridares deben ser las prioridades. Fidel representa esa fuerza que nos recuerda que lo imposible es imposible y que el esfuerzo de uno puede terminar en el corazon de todos. Por esto y por hacernos recordar siempre la importancia de la terquedad, ¡gracias!

El karma cubano
Por: José Omar Nupan Paz, usuario de Semana.com
 
Para los estudiosos de libros esotéricos, es decir la parte espiritual del hombre, bien sabido es que Fidel Castro es un diablo, protegido incluso por la divinidad, con el único propósito de hacer cumplir un destino kármico a los cubanos y vecinos. Es por ello que bajo esta protección nadie ha podido derrotarlo. Sin embargo, parece ser que ya cumplió o está cumpliendo su misión y por ende llegará su fin. De ahí que su personalidad sea tan admirada incluso por muchos ilusos que creen que se trata de algo fuera de lo normal y lo es en realidad, pero desafortunadamente para el mal. Muchas gracias.
 





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