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| 7/8/2007 12:00:00 AM

¿Fracasó la consulta?

Pese a su valor democrático, los resultados dejan dudas sobre la representación y capacidad de convocatoria de los partidos políticos

La jornada de consultas internas de los partidos vivida el domingo, tenía el aspecto de una gran fiesta, con fastuosa decoración, abundante comida y decenas de meseros atendiendo a los pocos comensales que atendieron la invitación. Para estas elecciones primarias hubo millones de tarjetones impresos, miles de puestos de votación por todo el país, despliegue de fuerza pública, y medios de comunicación expectantes a cubrir el gran suceso, que de antemano se sabía no iba a pasar.

Una parafernalia diseñada para que participaran 18,9 millones de ciudadanos y a la que asistieron, según cifras optimistas, sólo 1.2 millones, es algo que sin lugar a dudas deja mucho que desear. Contabilizado el 94 por ciento habían 666.000 votos por precandidatos a alcaldías, 530.000 a gobernación, 291.000 a asambleas, 227.000 a concejos y 27.000 por aspirantes a ser elegidos en Juntas Administradoras Locales. Una muestra clara de la poca filiación y régimen partidista que tiene los colombianos.

Pero ¿esto significa un fracaso de la jornada y del mecanismo de la consulta?

La baja participación, más que hablar mal del mecanismo de la consulta, lo hace de la poca representación de los partidos políticos. Que uno de estos movimientos políticos elija su mejor opción para disputar importantes corporaciones con paupérrimas votaciones, no deja de ser muy diciente de su verdadera fuerza electoral. Éste, sólo por citar uno de muchos ejemplos, es el caso del Polo Democrático Alternativo en la ciudad de Cali que con menos de 3.000 votos eligió a Bruno Díaz para ser su punta de lanza a la alcaldía. En otras alcaldías, gobernaciones, asambleas, concejos y juntas administradoras locales, se pueden encontrar decenas de casos similares o peores. Como se dice coloquialmente, candidatos por los que únicamente votó la familia.

Una cifra que es muy reveladora de esta situación es la del Partido Conservador, el grupo político que más usó (¿abusó?) de la consulta para escoger sus representantes. Según un informe de Votebien.com, de los 5.622 candidatos inicialmente inscritos en estas primarias, 4.786, es decir el 85 por ciento eran conservadores. Este Partido el año pasado en las elección de sus directorios departamentales logró una participación de cerca de un millón de afiliados. Mientras que con suerte en las consultas logrará 400.000 votos. Esta cifra, sin embargo, sólo sirve como referencia de participación pues es importante aclarar que aún con sus gran cantidad de candidatos, no tenían representación en todos los lugares donde escogieron sus directorios.

La baja participación lo que hace es zarandear a los partidos sobre cómo están sus fuerzas para los comicios de octubre. Y sacude personas como el ex ministro y ex alcalde de Bogotá, Jaime Castro, que perdió en la consulta del Partido Liberal por la gobernación de Boyacá, donde se le daba como el favorito.

La escasa concurrencia a las urnas hace que muchas personas tengan la percepción de que estas seudo elecciones, son un desperdicio. Desgaste de esfuerzo y dinero de una entidad como la Registraduría que suficiente tiene con las elecciones que se avecinan el próximo 28 de octubre.

Esta lectura no deja de ser un tanto mezquina. Es mucho mejor la fórmula democrática de partidos con candidatos elegidos entre sus miembros, a candidatos escogidos a dedo por un sanedrín separado de sus bases. Para eso el Estado debe facilitar todos los recursos a su alcance. Incluso de forma sensata se programaron los comicios de todos los partidos en un solo día. En esta ecuación el Estado cumplió con creces. Sólo la Registraduría Nacional tuvo que armar semejante operativo en menos de 45 días. Pero los partidos se quedaron cortos en honrar las facilidades ofrecidas.

Lo más vergonzoso fue que gran cantidad de candidatos retiraron su nombre, incluso horas antes de la consulta. De los 5.622 originalmente inscritos, sólo se presentaron 3.029. Es decir que sin ninguna clase de sonrojo se retiró el 47 por ciento de los que convocaron la fiesta. Lo que desdice mucho de la seriedad con que algunos asumieron el mecanismo de la consulta.

Este punto es uno de los más importantes a revisar para próximos ejercicios. Lo mínimo es que los partidos se hagan responsables de los costos, estos si inoficiosos, de sus indecisos precandidatos.

No es un secreto que la consulta también fue utilizada como una plataforma de despegue de varias campañas. Hubo personas que en realidad quieren llegar al concejo de su municipio, que se sometieron a consulta como candidato a la alcaldía, sólo para lograr algo de visibilidad y como una opción de lograr una financiación extra, vía reposición de votos.

De ahí que pese a todas estas variables, no se puede hablar del fracaso de la consulta interna. Aún así está por verse la efectividad de las misma. Lo sucedido en las urnas el domingo, es sólo un primer paso. Lo que viene es que en cada localidad, ciudad y departamento, los candidatos perdedores se unan en torno al ganador, le den su respaldo y trabajen con él. De funcionar así los partidos políticos podrán capitalizar nuevos bríos para llegar robustecidos a los comicios de octubre.

Esta puede ser la situación del Polo en Bogotá que viene mostrando cada vez una mayor disciplina de partido. Algo que no sólo se ve en la foto de proclamación de la victoria de Samuel Moreno, junto con los precandidatos perdedores, sino que también se evidencia en sus resultados. De 91.000 personas que votaron en noviembre pasado para elegir a sus directivas, pasaron a 108.000 sufragios, para elegir su candidato.

Está por verse el espíritu de buenos perdedores entre tanto político quemado en este mismo partido en otros lugares, y de otros movimientos. No faltará quién insista en buscar aval para su candidatura a través de otro partido –aunque no está permitido-, recolectando firmas, o respaldando a candidatos de otros partidos. En cuyo caso convertiría lo vivido hasta ahora en un desperdicio.




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