Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/05/15 00:00

Gaviria Carlos

Carlos Gaviria contrató el manejo de su imagen con la agencia estadounidense New-Link y su estrategia de comunicaciones la hace Alberto Cienfuegos. Sus frases como candidato no son tan conocidas como su eslogan (“somos mucho más que dos”), pero también son efectistas. Las más famosas son: “Uribe fue mi alumno y se rajó”, “Presidente, juegue limpio” y “ésta no es tierra fértil para dictaduras”. Su campaña le apuesta a un lenguaje cercano al público universitario.

Carlos Gaviria, candidato presidencial por el Polo Democrático.

Ramón Jimeno: Respecto al mensaje publicitario “somos más que dos” creo que es sólo para el sector de izquierda que conoce los poemas de Benedetti, pero para el resto del país no dice nada. Es confuso, pero tiene una ventaja: es difícil de olvidar. Uno siempre se queda pensando ¿quiénes son los dos? La frase del “Uy, esto tiene que cambiar” genera una inferencia excluyente, es una invitación a tenerle miedo a Uribe. Cuando alguien dice “yo no elegí” quiere dar a entender que está desconociendo a algo o a alguien y a Uribe no se le puede desconocer. Uno puede decir que no le gusta, pero no lo puede desconocer. Creo que el momento en que la curva de crecimiento de Gaviria se debilitó fue, precisamente, cuando sacó esta cuña. Es una lástima que haya seleccionado la vía negativa de comunicar (“yo no escogí”) en vez de una propositiva. Tenía un potencial enorme de crecimiento pero no creo que suba más.

Y respecto a los mensajes que envía con sus frases personales hay en Gaviria una mezcla entre el catedrático bonachón y el de conceptos extremistas y radicales. Tiene una ventaja: las dice con tanta suavidad que parecen caricias.

Ángel Becassino: Yo manejé la estrategia de Antonio Navarro cuando se enfrentó a Gaviria por la candidatura del Polo y puedo decir que Gaviria es el candidato con más carisma después de Uribe. Él le ganó a Navarro sin una campaña consistente y sólo con la espontaneidad que lo caracteriza como persona. Sus frases causan efecto, pero tiene una campaña difusa. La izquierda tenía que ser más propositiva en esta campaña. Además, el poema de Benedetti sólo lo saben tres o cuatro personas en el país.

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