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| 11/24/2003 12:00:00 AM

Gemelos conflictivos

En vísperas de las elecciones de la Asamblea de Irlanda del Norte el próximo 26 de noviembre, Juanita León, editora de reportajes, explica en qué consiste el conflicto de la isla, luego de haber entrevistado a las partes en pugna.

Visitar Irlanda del Norte es como pasar un fin de semana con una familia cuyos miembros se odian entre sí. Los católicos y los protestantes parecen un par de conflictivos gemelos: blancos como la leche, de ojos claros y dientes pequeños, puntiagudos y desordenados, son físicamente idénticos. Pero basta hablar con ellos unos cuantos minutos para enterarse de todo lo que los separa. La lista es inmensa y la recitan de memoria: los unos juegan fútbol, los otros rugby; los católicos toman cerveza Guiness y los protestantes Carlsburg; si el apellido empieza por O o por Mc, si se llama Patrick o Liam, entonces cree en la Virgen. En cambio si fue bautizado Williams o Ian es fiel a Inglaterra.

Hay test más severos. Paul Arthur, un profesor de la Universidad de Belfast experto en el conflicto norirlandés, cuenta que el primer día que dictó clase los niños le pidieron que deletreara palabras. Ciertas palabras. Tardó unos minutos en comprender que querían oírlo pronunciar la H para saber si era amigo o enemigo.

"Somos muy sensibles para detectar quién no es uno de los nuestros", dice Raymond McCartney, de la Asociación de ex prisioneros. Un hombre fornido con sus bíceps tatuados que también trabaja en la Asociación dice que él -como muchos católicos irlandeses- se vinculó al IRA cuatro meses después del Bloody Sunday.

Ese 30 de enero de 1972, el Ejército británico mató a 13 civiles que desafiaron una barricada de soldados durante una marcha por los derechos humanos en Derry, a dos horas de Belfast. Este hecho, que fue filmado, provocó estupor en la comunidad internacional. Y en Irlanda desató un apoyo sin precedentes a la causa republicana y en particular al IRA, grupo armado creado dos años antes para combatir la presencia militar inglesa en Irlanda del Norte. "El IRA tuvo que rechazar gente porque no daba abasto con las solicitudes", dice este hombre que pasó los últimos 20 años en la cárcel por activar una bomba en un barrio protestante.

David Ervine, líder del partido de los protestantes obreros Ulster Unionist, se vinculó a los paramilitares seis meses después de ese domingo sangriento. Tenía 19 años y pertenecía a una familia protestante pobre. El 21 de julio de 1972, en retaliación por el domingo sangriento, el IRA activó 22 bombas en Belfast y sus alrededores matando a 9 personas e hiriendo gravemente a 130. Ese "viernes sangriento" murió un joven de apellido Ervine, también de 19 años y a 300 metros de donde vivía David. Todo el mundo pensó que había sido él. David también sintió que habría podido ser él y eso lo impresionó tanto que dos días después se unió al grupo paramilitar protestante UVF.

A los 21 años, este hombre bigotudo con aspecto bonachón que habla con tanta mística que parece más bien un misionero, fue encarcelado por colocar explosivos y pasó 11 años en la cárcel. Dice que uno de esos días horribles que pasó tras las rejas se preguntó cómo era posible que pudiera odiar tanto a los católicos sin conocerlos. "Yo no tenía nada y ellos tampoco", dice Ervine, ahora convertido en un popular político. "Comprendí que toda nuestra existencia consistía en alimentar nuestros miedos".

Los miedos son arraigados y se remontan al siglo XVI. Aunque la ruptura es entre protestantes y católicos, el conflicto norirlandés no es religioso. Los 3.500 muertos por causa del conflicto no perecieron por su devoción a Dios. El conflicto entre las 1,7 millones de personas que habitan este territorio un poco más grande que Antioquia, es un conflicto de lealtades. El 55 por ciento de la población que es protestante se siente inglesa y quiere pertenecer al Reino Unido. El 45 por ciento que es católico se siente irlandés y cree en una república irlandesa.

Estas identidades se heredan de generación en generación. Y aunque parecían tener mayor sentido antes, cuando Irlanda era un país radicalmente religioso, tradicional, encerrado y un poco en las cavernas, hoy parecen menos comprensibles. Irlanda registra el índice de crecimiento económico más alto de Europa occidental, pertenece a la Unión Europea y está cada vez más globalizada. En unos años ser inglés o irlandés hará poca diferencia.

Muchos católicos también se sintieron víctimas de una discriminación abierta por parte de los protestantes durante muchos años. Tenían razón. Hasta 1971 sólo podían votar los propietarios de finca raíz, que eran mayoritariamente protestantes. Si poseían casa y un negocio tenían derecho a 8 votos.

Hoy la situación es diferente. Y la clase trabajadora católica comienza a superar a la protestante en las pruebas para ingresar a la universidad y tiene mayor confianza en el futuro, como lo registran las encuestas.

Todos estos cambios se han dado a partir de 1994 cuando el IRA declaró un cese del fuego.

Tres cosas confluyeron para hacer posible el proceso de paz. Por un lado los gobiernos del Reino Unido y de la República de Irlanda reconocieron que tanto la tradición unionista como la nacionalista eran válidas e introdujeron reformas en Irlanda del Norte para eliminar las discriminaciones religiosas en empleo y educación.

Por otro lado, los militantes del IRA comenzaron a entender que esa guerra no iba hacia ningún lado. Después de que engañaron a unos católicos para usarlos como bombas humanas para destruir instalaciones militares británicas los católicos comenzaron a quitarles su apoyo y a surgir grupos de la sociedad civil de ambos lados dispuestos a renunciar a sus odios y a cruzar la línea para construir puentes con sus 'enemigos'. Y por último, un grupo de irlandeses radicados en Estados Unidos, con conexiones políticas claves, convencieron a Bill Clinton que se interesara en la solución del conflicto norirlandés.

El gobierno británico de la dura Margaret Thatcher abrió un canal secreto con el IRA, que en ese momento arreció su campaña para bombardear Londres. En 1992, el primer ministro irlandés Albert Reynolds también autorizó contactos secretos entre gente de su gobierno y representantes del Sinn Féin, brazo político del IRA. Ambos caminos condujeron a una declaración conjunta de ambos gobiernos conocida como la Declaración de Downing Street en la que reconocían el derecho de los norirlandeses de escoger libremente si querían una Irlanda unida.

En respuesta a estos acontecimientos, el IRA declaró un cese del fuego el 31 de agosto de 1994, que fue seguido por un alto en las hostilidades del principal grupo paramilitar unionista. Más de 800 militantes del IRA fueron sacados de la cárcel, entre ellos McCartney.

El gobierno británico e irlandés establecieron un marco conceptual para las futuras negociaciones en el que se acordaba que le devolverían el poder y la responsabilidad a la gente de Irlanda del Norte. Los avances iniciales se vieron truncados en febrero de 1996, cuando el IRA explotó una potente bomba en el puerto londinense en respuesta a lo que llamó el boicoteo del primer ministro inglés John Major a las negociaciones.

Estas se retomaron cuando fue elegido con masivo apoyo popular Tony Blair. El IRA declaró otro cese del fuego en julio de 1997 y Sinn Fein accedió a entrar a negociaciones en septiembre de ese año. Aunque al final el brazo político del IRA no participó en la redacción del Acuerdo de Viernes Santo que se sometió a un referendo en abril del 98, tres de cada cuatro votantes en Irlanda del Norte lo aprobaron. El acuerdo tenía cinco puntos. El más importante dejaba en manos de los ciudadanos decidir el futuro constitucional de la isla. Es decir, que si querían una Irlanda unida podrían votar en su favor. Mientras tanto, permanecería como parte del Reino Unido. Los ciudadanos podían tener nacionalidad británica o irlandesa, o ambas. Y por último, la República de Irlanda abandonaba sus pretensiones territoriales sobre el norte.

Como parte del acuerdo se creó la Asamblea de Irlanda del Norte que ha sido suspendida varias veces y que entrará a regir nuevamente el 26 de noviembre cuando se elijan sus miembros.

El Acuerdo de Belfast o de Viernes Santo no trajo la reconciliación a Irlanda del Norte ni sanó las heridas. Pero sí sentó las bases para una paz futura. Se ha reformado el sistema criminal, que era fuente de muchas injusticias y se transformó la Policía, que era abiertamente discriminatoria de los católicos. Pero lo más importante es que logró detener las bombas y los atentados. Ahora hay 15 muertos al año mientras que antes había cien, y en el peor de los años -1972- hubo 500. "El proceso de paz trajo un giro hacia la política. Ahora existen pugnas internas pero nadie se mata", dice el periodista David Mcatrick, del diario Independent.

Las marchas de los protestantes recordando los muertos de hace 500 años se siguen celebrando todos los años. La Asociación de los Boys of Derry convoca 3.000 movilizaciones durante los cuatro meses de marchas para conmemorar la acción valiente de unos niños protestantes que no permitieron que Derry fuera sitiada en el siglo XVIII. Pero la diferencia es que ahora van a los colegios católicos y les explican a los niños la historia de las marchas y ya no tiene tanto el carácter de provocación que tenía antes.

Los políticos protestantes más radicales como Ian Paisley Jr. agreden verbalmente a los del Sinn Fein cada vez que los ven, lo que les ha hecho ganar gran popularidad. "Uno puede estar en el gobierno si ha tenido un pasado terrorista pero no si tiene un futuro terrorista", le dijo en la cara Paisley Jr. al representante del Sinn Fein durante una comida en el Parlamento, criticando la actitud de este partido que no ha entregado todas las armas del IRA.

El odio es latente. Y seguramente se prolongará durante varias generaciones, sobre todo por esa obstinación de los irlandeses en recordarlo todo, año tras año, como una forma de honrar a los muertos. Pero pocos creen que volverán a la guerra del pasado. "Seguimos con miedo de la oscuridad. Y lo único que nos falta es prender la luz. Nos tocará aprender a incluir a nuestro enemigo en esta pelea familiar", concluye Ervine, que parece el más iluminado.

*Editora de reportajes de SEMANA, viajó a Irlanda del Norte invitada por el Consejo Británico para conocer más acerca del proceso de paz.
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