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| 2/13/2007 12:00:00 AM

Gobierno y Farc reinician críticas mutuas pero no ceden frente al acuerdo humanitario

Después de varias semanas el tema volvió a la agenda nacional. Como de costumbre, las partes se culpan entre sí por la falta de voluntad para concretarlo. ¿Por qué el gobierno y las Farc volvieron a hablar del asunto?

Una vez más la discusión sobre el acuerdo humanitario volvió a las primeras páginas de los medios de comunicación. Sin producirse un solo avance en la búsqueda de una solución para su drama, el tema se pone de moda de cuando en cuando gracias a una arenga guerrillera contra el gobierno o un insulto del presidente Álvaro Uribe a su contraparte. Agravios de uno y otro lado, pero a la hora de la verdad poco y nada en materia de soluciones para esta problemática. Así ha ocurrido durante casi cinco años. Y así sucedió durante la última semana.

El más reciente capítulo de esta cadena de descalificaciones comenzó el sábado pasado, cuando el presidente Álvaro Uribe se declaró interesado tanto por un “canje razonable” como por un rescate de secuestrados por la vía militar. El presidente de la mano dura contra la guerrilla está tan convencido de que la guerrilla lo quiere engañar que se resiste a ceder frente a dos aspectos básicos: la desmilitarización del territorio en el cual se vaya a realizar el acuerdo humanitario y la posibilidad de que los guerrilleros que se beneficien con el intercambio regresen a combatir a la selva.

En realidad el segundo tema parece más fácilmente superable. Entre los casi 400 guerrilleros que las Farc piden a cambio de 57 políticos, militares, policías y extranjeros que tienen en su poder hay muchos que no podrán volver a la guerra. Algunos por heridas sufridas durante los combates que derivaron en sus capturas y otros porque sencillamente están a punto de cumplir sus penas y no necesitan del acuerdo humanitario. Varios de ellos ya les han notificado a sus camaradas que no desean estar incluidos en el paquete del intercambio. Piensan que es mejor quedar libres por pena cumplida que embarcarse en el velero aún incierto del intercambio. Viven la misma situación que los familiares de los secuestrados y creen que su organización armada no ha hecho lo necesario para sacarlos de la cárcel. Y para los que no están en alguna de las dos situaciones anteriores aún existe la posibilidad de ser acogidos por un país amigo. Total, es muy difícil que vuelvan a la guerrilla, así las Farc lo exijan a grito en cuello.

El escollo más difícil está por el lado de la desmilitarización. El presidente no está interesado en cederle terreno a las Farc después de cinco años montado en el caballito de la recuperación de la seguridad en el país. Así lo ratificó Uribe en su intervención del sábado pasado. Del otro lado las Farc insisten en el despeje porque también temen que las traicionen y se presenten combates u operativos militares contra sus voceros para la discusión del acuerdo. En el medio siguen los secuestrados, cuyas familias volvieron a exigirle esta semana al presidente que se abstenga de ordenar operativos de rescate.

Las frases de los protagonistas parecen sacadas de un archivo del año 2002: "No solamente hay que pensar en el acuerdo humanitario, sino también en el rescate a través de las instituciones armadas de la Nación", dijo Uribe el sábado. El rescate a sangre y fuego conlleva “riesgos” para los secuestrados, respondió un día después Raúl Reyes, vocero de las Farc.
Todos estos acontecimientos ponen la discusión en el mismo punto de siempre. No hay contactos entre las partes y las desconfianzas se mantienen. Ante la falta de avances en estos dos puntos gobierno y Farc no tienen otra salida que acudir a la descalificación de la contraparte para proyectar la sensación de interés por el tema.

¿Por qué lo hacen? El acuerdo humanitario es tan conveniente como riesgoso para ambas partes. La credibilidad de la seguridad democrática y la “fortaleza” de las Farc están en juego. Pero ese pulso no sólo depende de los resultados militares, sino de una adecuada estrategia política destinada a deslegitimar al adversario. Si el gobierno no cede como la guerrilla quiere, ni las Farc se resignan como pide Uribe, hay que presionar mediante acciones políticas para demostrar que es la contraparte la que no tiene interés en el tema.

De ahí la explosión de frases desafiantes en los noticieros. Mientras tanto, personas enteradas como el ex ministro Álvaro Leyva, reconocen que “ahora no hay condiciones; me parece que el interés está pero que se estrella contra los obstáculos... No puedo crearle falsas expectativas a nadie y quiero que eso le quede claro a los familiares de los secuestrados".

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