Viernes, 20 de enero de 2017

| 2003/02/09 00:00

Granada, una oportunidad de vida

ranada (Antioquia) es blanco de guerrilleros y paramilitares. Es un municipio donde sus habitantes no quieren vivir y se han marchado en busca de la paz. Sin embargo, su alcalde, Iván Darío Castaño, tiene todas las esperanzas puestas en el laboratorio de paz que crearon. Reportaje gráfico.

El municipio de Granada se encuentra en la controvertida y disputada región del Oriente Antioqueño, es la puerta de entrada al oriente lejano y de salida para el oriente cercano. Es el centro de oriente equidistante a los otros municipios y el cual se encuentra en la subregión de embalses que concentran la mayor cantidad de agua, produciendo el 33 por ciento de la energía para el país. Para Iván Darío Castaño, alcalde de Granada, "Es un punto estratégico para quienes queremos la paz y para quienes quieren la guerra". La zona además está atravesada por una de las carreteras más importantes del país, Medellín ? Bogotá, de alto tránsito de camiones para el transporte de carga. Pero la violencia, el constante accionar de la guerrilla del ELN en el eje vial, el hostigamiento de las Farc a las poblaciones y el amedrentamiento a los habitantes de la zona por parte de las autodefensas, ha hecho también que esta próspera región se convierta en una de las más desoladas y mancilladas.

Después de sufrir el 3 de noviembre de 2000 una masacre por parte de las autodefensas del Bloque Metro, que dejó un saldo de 17 muertos, de la feroz arremetida de las Farc el 6 y 7 de diciembre del mismo año, en la que durante 18 horas se tomaron el pueblo con cilindros y fusiles, dejando un saldo de 17 muertos, 124 viviendas destruidas y 82 locales, los habitantes de Granada tienen ahora más viva que nunca la esperanza de poder volver a reconstruir su pueblo no sólo desde lo físico sino también desde lo social.

"Todo empeoró en Granada cuando entraron los paramilitares en el año 2000 y en esa misma época se comenzaron a desplazar los trabajadores que me acompañaban en la finca cultivando el campo y los campesinos de todas las veredas, por lado y lado hasta de Santuario también. Yo no me fui porque adoro mi finquita y todo lo mío estaba allá, yo tenía la convicción de que mientras no tuviese ningún vínculo con ningún grupo armado me podía quedar, yo me quedé". Cuenta Roberto mientras con lágrimas en los ojos y toda la rabia que sentía lo impulsaba a querer echarle fuego a lo poco que quedaba. Comenzó a recoger con algunos de los vecinos las cosas que habían dejado tiradas, después del último desplazamiento de la región, cuando entraron cuatro hombres de las autodefensas a Granada desde agosto del año 2002 y comenzaron las muertes selectivas no sólo en el casco urbano sino también en las veredas. El recrudecimiento de la violencia no ha cesado. En el año 2000 hubo 75 muertos, en 2001 fueron 85 y en 2002 134 asesinados.

"Me voy por la crudeza de la guerra, porque tomaron mis cosas y destrozaron las que no pudieron llevarse. Me sentí ultrajado y violado, encontré apuñalado lo poco que quedó como si me lo hubiesen hecho a mí y a mi dignidad, me han bofeteado muy feo, con hechos me dijeron que me tenía que ir".


En busca de legitimidad

Roberto, al igual que los 9.344 campesinos que se han desplazado de la región, de los 18 mil habitantes que allí vivían hasta 2000, no se atreven a volver a sus tierras y comenzar de nuevo una vida de esperanza y productividad, pues se encuentra entre la hostilidad de los grupos guerrilleros, los antisubversivos y la misma fuerza pública, quienes de una u otra forma obligan al campesino a dejar la zona.

Granada, tiene ahora la tarea de legitimar la presencia del Estado, trabajar con responsabilidad y seriedad para lograr que sus habitantes vuelvan a convivir. La mayor esperanza para su alcalde Iván Darío Castaño es el Laboratorio de Paz, pues varios de sus programas se refieren al retorno de los desplazados, a la reubicación de las tierras, y a la explotación agrícola de pan coger y su propia comercialización.

"Es muy importante este proceso del Laboratorio de Paz, de esta manera se presupone que los actores violentos tienen que entender que las comunidades quieren regresar y trabajar la tierra", enfatizó el alcalde.

El trabajo de la recuperación de este municipio es más que la construcción misma de los edificios, es la reconstrucción del tejido social, es buscar un ambiente menos hostil para las nuevas generaciones.

* Corresponsal SEMANA en Medellín. Texto y fotos de la autora.



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