Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/05/12 00:00

Guillermo Gaviria Correa, una carrera por la paz

Guillermo Gaviria Correa, una carrera por la paz

Una conferencia le cambió la vida. A partir de ese momento se dedicó a buscar la paz y a trabajar por su país desde la gobernación de Antioquia. Sus esfuerzos dieron resultado, pues fue nominado al Nobel de Paz y sus marchas por la No Violencia fueron las más escuchadas del país. La transformación se produjo a comienzos del 2001, luego de asistir a una conferencia sobre la No Violencia en California (Estados Unidos). Después de escuchar por horas hablar sobre el tema decidió que su camino era el de la búsqueda de la paz. Sin embargo sus esfuerzos y anhelos para conseguir un país mejor tienen antecedentes un poco más lejanos, desde cuando era uno de los mejores estudiantes. Pasos para la construcción de paz Gaviria nació en Medellín el 27 de noviembre de 1962, pero siempre se declaró hijo adoptivo de Frontino, un municipio del occidente antioqueño donde nacieron sus padres, Adela Correa y Guillermo Gaviria Echeverri, propietario del periódico El Mundo. Era el mayor de ocho hermanos. Al terminar el bachillerato en el Gimnasio Los Alcázares, cursó un año de ingeniería civil en la Universidad de los Andes y luego estudió ingeniería de minas en la Universidad Colorado School of Mines de Estados Unidos, donde se destacó como el mejor alumno de América Latina. El grado, con especialización en economía minera, lo obtuvo en mayo de 1985 con altísimos honores. Durante varios años consecutivos, fue galardonado con la Amax Latin American Scholarship Award, importante beca universitaria, otorgada a los mejores estudiantes latinoamericanos inscritos en facultades técnicas de Estados Unidos. Su carrera laboral se inició meses después en la empresa Cerromatoso, una de las empresas de producción de ferroníquel más grandes del mundo de ese entonces. En 1990 el gobernador de Antioquia Gilberto Echeverri, quien fue su compañero de cautiverio y de desenlace fatal, lo llamó a ocupar la Secretaría de Obras Públicas, cargo desde el cual le dio prioridad al mantenimiento de carreteras y a la formulación del proyecto de conexión entre Colombia y Centroamérica a través del Tapón del Darién. Además, fue el propulsor del Túnel de Occidente, actualmente en construcción. En la administración de Juan Gómez Martínez se encargó de la terminación de la carretera al Tapón del Darién y fue además secretario de Hacienda y gerente de proyectos especiales de la Gobernación. En ese momento, el ministro de Obras Públicas y Transporte lo llamó para dirigir el recién creado Instituto Nacional de Vías, a partir de abril de 1994. Al subir Ernesto Samper a la Presidencia lo ratificó. Sus logros en ese cargo hicieron que en 1998 el Banco Mundial lo postulara como el personaje del año ante la Federación Internacional de Carreteras. En 1999 Gaviria fue elegido gobernador por la más alta votación de los últimos tiempos, superando por casi 150.000 votos a su contrincante el conservador Alvaro Villegas Moreno. Su programa de gobierno, 'Una Antioquia nueva', lo construyó con base en consultas regionales en las que, por mayoría, los habitantes señalaron la falta de equidad, la pobreza y la violencia como los problema esenciales por solucionar. Por eso Gaviria comenzó a centrar todos sus esfuerzos en pos de solucionar esos problemas. Su defensa de la No Violencia y los sacrificios a los que llegó por demostrar que ese era un camino para lograr la pacificación llevaron a que Glenn Paige, presidente del Centro para la No Violencia Global, lo nominara el 21 de marzo, junto con la primera dama de Antioquia, Yolanda Pinto, para el premio Nobel de Paz. Uno de esos tantos esfuerzos fue una marcha para apoyar la defensa pacífica que los habitantes del municipio de Caicedo hicieron a comienzo de año contra los grupos armados ilegales. Gaviria encabezó el 17 de abril de 2002 una marcha de 55 kilómetros entre Medellín y esa población, que fue abruptamente detenida por guerrilleros de las Farc, cuatro días después, cuando apenas faltaban cuatro kilómetros para el objetivo. Al ser consultado si no sentía temor por su seguridad durante la marcha, Gaviria dijo a la prensa: "Me da más miedo la incomprensión, la falta de solidaridad, el riesgo en el que viven todos nuestros compatriotas y me da más miedo la cobardía". Desde el cautiverio Sus deseos por un país mejor y el amor a su familia se evidenció desde su cautiverio "en las montañas de Colombia", desde donde le enviaba constantemente cartas a su esposa, Yolanda Pinto. Una de ellas la dio a conocer su esposa la semana pasada. En la misiva, el gobernador le pedía medicinas para soldados y guerrilleros enfermos y además diccionarios de inglés y español, lo que ponía en evidencia su interés por estrechar lazos entre las dos partes e instruir a sus captores como antesala a un posible intercambio humanitario del que él era partidario. Cada una estaba firmada "desde las montañas de Colombia" y eran enviadas como pruebas de supervivencia. De esta manera Gaviria trataba de seguir controlando los hilos de su vida desde el confinamiento forzado. Así mismo, a su familia le daba consejos prácticos para resistir mejor este trance y a los funcionarios de la administración los instruía sobre qué hacer para la buena marcha de su programa de gobierno que tenía como punto esencial la búsqueda de la paz y la convivencia, a través del Plan Congruente de Paz y la filosofía de la No Violencia inspirada en el pensamiento pacifista de Gandhi y Martin Luther King. Guillermo Gaviria no consiguió ver de nuevo a su familia ni logró vislumbrar los resultados su una lucha contra la guerra, la cual él muchas veces consideraba infructuosa. Su muerte podría representar una nueva victoria de los violentos y el fracaso de un compromiso vehemente con la paz. Sin embargo está en los colombianos demostrar que su legado tiene eco.

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