Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/09/13 00:00

Habla J.J. Rendón: “Si todo es dentro de la ley, no tengo escrúpulos”

El 20 de marzo de 2006, tras el notable triunfo del partido de la ‘U’ en la elecciones parlamentarias María Isabel Rueda entrevistó a J. J. Rendón, uno de los artifeces de esa victoria electoral.

J. J. Rendón dice que estudió publicidad pero que su profesión es la de sicólogo clínico. FOTOS: PAOLA CASTAÑO / SEMANA.

M.I.R.: Se dice que el hombre detrás del éxito de la 'U' es un venezolano joven, vestido con una túnica mezcla de liqui liqui con inspiración zen (confeccionado por el colombiano Ricardo Pava), que puso a todo el partido a marchar con disciplinas muy modernas hacia la victoria electoral.¿Es usted ese hombre?

J.J.R.: Yo sencillamente soy el hombre que estuvo detrás de Juan Manuel Santos y su equipo de campaña.

M.I.R.: ¿Usted es publicista, asesor político, o consejero de imagen?
 
J.J.R. : Estudié publicidad, pero soy sicólogo clínico. Mi papel es el de estratega general de campaña.

M.I.R.: ¿Por qué se viste tan raro?

J.J.R.: Mi vestimenta refleja mis creencias religiosas. Soy budista zen.

M.I.R.: ¿Es cierto que colecciona dagas?

J.J.R.: Colecciono espadas samurai porque los samurai tienen un parecido con el rol de los consultores políticos, que somos guerreros de las campañas.

M.I.R.: Y también porque las espadas samurai se usan para decapitar enemigos…

J.J.R.: La espada del samurai es el alma del samurai. Tiene todo un simbolismo de honor, de lealtad. de palabra. Para mí no tiene esa connotación de sangre.

M.I.R.: Pero su trabajo consiste en descabezar adversarios políticos…

J.J.R.: Si todo es dentro de la ley, no tengo escrúpulos.

M.I.R.: ¿Practica la guerra sucia en su trabajo?

J.J.R.: Las campañas políticas sucias desestimulan al elector, mientras las mejores campañas son las que traen nueva gente a la política.
 
M.I.R.: Pero en Estados Unidos el hecho de atacar a un contrincante por sus debilidades es legítimo…


J.J.R.: Es legítimo, pero debe ser el último recurso. No siempre las campañas negativas funcionan. Es como el uso del humor: superdelicado. Por eso les digo siempre a los políticos: si tiene rabo de paja, no se meta. Tarde o temprano se lo sacan.

M.I.R.: ¿Si un candidato con muchos rabos de paja le pide asesoría para ocultarlos, usted le ayuda?

J.J.R.: Depende. Yo asesoré a Carlos Andrés Pérez y estaba preso. Decían que los tenía, pero yo no soy juez.

M.I.R.: Usted denunció el fraude electoral en Venezuela durante la campaña de Hugo Chávez...

J.J.R.: Y también he sido crítico de la oposición venezolana porque ha permitido que eso pase. Son 45 años de democracia mal llevada.

M.I.R.: ¿Es cierto que antes del Partido de la U lo buscó el ex presidente César Gaviria?

J.J.R.: Hubo contactos con gente del Partido Liberal, pero no trabajaría nunca para Gaviria porque su papel en las elecciones venezolanas no se me olvida. Como secretario general de la OEA en su momento, debió dar un paso al frente para decir que en las elecciones de Chávez hubo fraude. No lo hizo. Se plegó, a pesar de su rol histórico.

M.I.R.: ¿Quién se inventó el nombre de la U?

J.J.R.: Juan Manuel Santos. Pero surgió de una crítica mía. Me parecía que el nombre de 'Partido Social de Unidad Nacional' era muy enredado, y de ahí surgió el nombre del Partido de la U.
 
M.I.R.: Tan enredado, que cuando empezaron a soltar los primeros datos electorales todo el mundo se preguntaba cuál era ese partido tan raro…

J.J.R.: Hubo que llamar a la Registraduría para que pusiera ahí Partido de la U.

M.I.R.: No hay duda de que el nombre fue uno de los grandes aciertos. La U se podía utilizar para Unión, para Uno, para Uribe…

J.J.R.: Sí. Y a partir de ahí se armó un comité de estrategia. Fue un trabajo de equipo. Ahí aporté mis experiencias, técnicas y métodos y eso facilitó el trabajo. Dick Morris, muy conocido en el tema de la consultoría política, dice que el 50 por ciento de una campaña es técnica, y que el otro 50 por ciento consiste en que te la creas. Eso me gustó de la U, porque todos los que estaban adentro creían que eso podía llegar a salir. Se trataba de un partido nuevo que se nutrió de técnicas modernas. Las mejores encuestas, que no se publicaron nunca, se hicieron dentro de la U.

M.I.R.: ¿Cuáles fueron los encuestadores de la U?

J.J.R.: Teníamos una mezcla entre dos empresas, Datamática y Buró Político. Es la primera vez que se hacen encuestas que no eran para publicar, sino para medir percepciones, sensaciones, temas… Esas encuestas permitieron que el equipo interno se quitara una cantidad de mitos, de paradigmas y a mí me permitió enterarme de cómo eran las cosas.

M.I.R.: ¿ Cuándo se hizo irreversible la victoria de la U?

J.J.R.: El comité de estrategia número uno tuvo que trabajar sobre la presentación de un plan con 70 láminas. Y el comité de estrategia número 24, que fue hace tres semanas, sólo tenía cuatro puntos a tratar. Eso significa método, orden.

M.I.R.: ¿Cuáles fueron esos cuatro últimos?

J.J.R.: Revisión de los comerciales y publicidad de la última semana, revisión de la última encuesta, previsiones para el día de la elección y discurso de resultados.

M.I.R.: ¿Por qué se equivocaron las encuestas?

J.J.R.: Las encuestas no se equivocaron. El clima de opinión previo a las elecciones era el que apareció medido por ellas. No hubo encuestas de salida o exit polls, que hubieran arrojado resultados diferentes.

M.I.R.: ¿Cómo le surgió la idea de la última semana, bastante buena, de convertir al Partido Liberal en el verdadero contendor de la U?

J.J.R.: Esa fue la última decisión del comité de estrategia. Los liberales se confiaron porque se vieron demasiado basados en las encuestas que nosotros mismos publicábamos. El mismo presidente Gaviria decía que estaba 12 puntos por encima de nosotros. Cuando es una maquinaria muy pesada, como la liberal, decir que uno se siente cerca al grande hace que el grande se confíe. Gaviria reconoció en su discurso que se había confiado en los sondeos.
 
M.I.R.: ¿Cuál fue el error estratégico del Partido Liberal?

J.J.R.: El principal, haber mezclado las elecciones parlamentarias con la consulta interna del partido. Eso confundió a los electores. El partido les decía "voten liberal" y cada uno de los cuatro precandidatos les decían "voten por mí".

M.I.R.: ¿Qué es lo que más lo enorgullece del resultado?

J.J.R.: Es la primera vez en Latinoamérica que un partido de cuatro meses de vida logra una victoria semejante.
 
M.I.R.: No era un partido de cuatro meses. Recogió a una cantidad de gente que llevaba 20 años en la política…

J.J.R.: De los 100 candidatos de la U, 40 fueron autopostulados, y de los otros 60 hubo muchos emblemáticos como Martha Lucía Ramírez, que nunca había hecho política electoral; como Clopatofsky, que tenía su propio movimiento; Gina Parody, que tenía su propio peso político que incorporó a la U. Y un caso muy divertido como el candidato del Casanare, que tuvo 53.000 votos, producto de una coalición pluripartidista. Y de esos 'trogloditas' que tú dices, con muchos años en la política, finalmente quedaron muy pocos.

M.I.R.: ¿Les dieron papaya, o dieron ustedes papaya en alguna ocasión?
J.J.R.: Nos dieron papaya con las críticas a Postúlate, que sacó nada menos que 60.000 votos. Dimos papaya con lo de Rafael Pardo. Cambio Radical nos dio papaya con el tipo de campaña personalista de Germán Vargas.

M.I.R.: ¿Es cierto que una de sus misiones precisas era la de sacar adelante a la ex ministra Martha Lucía Ramírez?

J.J.R.: Sí. ¿Por qué no? Se disciplinó, tuvo método en una campaña de 22 días. Ella en el fondo es una militar, una ejecutiva. Con esa mentalidad, si uno le explica el método, y ella se lo apropia, lo hace mejor que nadie. Concentró sus prioridades territoriales, ubicó su mensaje, no se dispersó en la agenda ni hizo giras innecesarias, no captó más dinero del que debía, nunca consideró a sus compañeros de lista como enemigos sino como aliados, se armó con una buena Cámara, se movió en los territorios sin molestar a los que ya estaban organizados, se movió muy bien en los medios… Con ella se hizo una terapia intensiva, pero a todos los demás candidatos se les ayudó.

M.I.R.: ¿Cómo compararía el triunfo de Juan Manuel Santos con los resultados, muy exitosos, de Germán Vargas?

J.J.R.: En términos formales ganó Juan Manuel. Fue la campaña más estructurada, la que rompió el paradigma. Fue el gran gerente de esta campaña. Ni mi presencia ni el equipo que se armó, ni la plata que se recaudó, ni los candidatos que se convocaron lo habrían logrado sin él. Los que sí lo conocen dicen que después de estos últimos cuatro o cinco meses, él es otra persona. Él aprendió, y todos los tropezones que pudo haber tenido terminó capitalizándolos para bien.
 
M.I.R.: ¿O sea que usted cree que dejó graduado a un Santos distinto al que encontró?

J.J.R.: Yo no lo conocí de la otra manera. Encontré al gerente eficiente, que delegaba, alguien totalmente contrario de lo que me contaban que él era. Tocaba a la gente, iba a los grupos, iba a los barrios, a las giras, estaba pendiente de los candidatos las 24 horas del día.

M.I.R.: ¿Cuándo estuvo seguro de que iban a ganar?

J.J.R.: Seguro, seguro, 10 días antes. Pero veníamos de un período en el que subíamos 4 puntos cada tercer día. Nadie notó, por ejemplo, que tres semanas antes de las elecciones estuvimos fuera del aire. Notábamos que los indecisos no se movían. Luego le volvimos a meter toda la fuerza publicitaria en los últimos 18 días, y logramos ganar.

M.I.R.: ¿Qué le queda hacer en Colombia?

J.J.R.: A mí me encanta el presidente Uribe y me fascinaría poder ayudarlo en lo que quiera, inclusive por free.

M.I.R.: Pero es que el principal asesor del Presidente es él mismo…

J.J.R.: Eso es bueno y es malo. Los políticos, cuando son muy intuitivos, se equivocan y se equivocan duro.

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