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| 2/29/2008 12:00:00 AM

Harry se fue a la guerra...

El príncipe Harry, tercero en la línea de sucesión al trono inglés, estuvo como combatiente de las tropas británicas en Afganistán durante 10 semanas. El Ministerio de Defensa ordenó el regreso inmediato del joven a Londres después de confirmar la noticia. , 91271

La abuela del príncipe Harry fue la encargada de informarle que sería enviado a Afganistán el 14 de diciembre. Ella, además de ser la reina Isabel II de Inglaterra, es también la Comandante en Jefe del ejército británico. Seis meses antes había sido la encargada de romper las ilusiones de su nieto al decirle que no podría luchar con las tropas en Irak, pues cuando los medios dieron la noticia los grupos terroristas no tardaron en lanzar amenazas contra el tercero en la línea de sucesión al trono. Esto no sólo ponía en peligro al joven de 23 años, sino a los demás hombres que lo iban a acompañar en la misión.

Por eso en esta oportunidad el Ministerio de Defensa del Reino Unido hizo a los medios británicos, y también a las más importantes agencias internacionales, firmar un acuerdo de embargo de información. El trato era que tendrían acceso al príncipe antes de su viaje y durante su estada en frente, para tomar fotos, hacer entrevistas o escribir grandes crónicas, con tal de que se comprometieran a no publicar nada hasta que Harry regresara a casa.

Durante 10 semanas los medios cumplieron su compromiso. En ese tiempo el príncipe estuvo estacionado en la provincia de Hilmand, al sur de Afganistán cerca de la frontera con Pakistán y a sólo 500 metros de las tropas del Talibán. Allí se desempeñó principalmente como controlador de ataques aéreos. Con el nombre código de Widow Six Seven (Viuda seis siete) era el encargado de comunicarse con los pilotos de los bombarderos y guiarlos desde tierra. Estos no tenían idea de que la persona que les mandaba información era uno de los más importantes miembros de la casa real. Harry también debía hacer patrullajes a pie por la zona y manejaba una ametralladora de calibre .50 con otro compañero. “No hay mucha gente que pueda decir que han visto a un príncipe, mucho menos que han trabajado con uno”, aseguró el mayor de la artillería real Andy Dimmock al Daily Telegraph.

No hubo tratos especiales para él y el ministerio aseguró que hubo mucha acción durante las semanas que estuvo en el frente. Debió además aguantar temperaturas de hasta menos ocho grados centígrados en las noches y dormir en campamentos austeros que no contaban con ningún tipo de calefacción. El agua era muy escasa y la orden era sólo afeitarse cada tres días. Las duchas eran un lujo casi semanal.

El príncipe aseguró que estuvo feliz durante toda su estada. Pocas personas se alegrarían tanto como él de tener que servir a su país en el frente de batalla. Pero estar en las mismas condiciones que los demás miembros de la tropa era “lo más normal que voy a poder lograr estar en mi vida”, declaró en varias entrevistas. “De verdad no sé qué es lo que extraño. Música, acá tenemos música, tenemos luz, tenemos comida y tenemos bebida”.

Pero las extrañas vacaciones que se dio Harry de sus deberes reales acabaron antes de lo previsto. Primero una revista para mujeres de Australia, New Idea, informó que él se encontraba en Afganistán, pero la noticia no tuvo mucho eco. Luego el 28 de febrero la página web estadounidense Drudge Report y el tabloide Bild de Alemania revelaron de nuevo el secreto, que se convirtió en todo un maremoto mediático en cuestión de minutos.

Al Ministerio de Defensa británico no le quedó otra opción que confirmar la noticia. “El príncipe Harry ha sido un soldado ejemplar y toda Gran Bretaña puede estar orgullosa del extraordinario servicio que ha prestado en Afganistán”, afirmó el primer ministro Gordon Brown en un comunicado oficial expedido también poco después de que el mundo se enterara de la noticia. El general Sir Richard Dannatt, el hombre a la cabeza del ejército británico declaró: “Ahora que la historia es de dominio público, el jefe de defensa y yo vamos a seguir el consejo de los comandantes de la operación para decidir si su despliegue puede continuar”. La respuesta definitiva fue un no rotundo y esa misma noche el príncipe salió de Afganistán.

Por más sorprendente que haya parecido la noticia, el caso del hijo del príncipe Carlos no es el primero y el único. La casa real y el ejército siempre han sido muy unidos, casi todos los príncipes han pasado por la academia militar. Antes de Harry su abuelo, el príncipe Felipe Duque de Edimburgo, estuvo en servicio activo con la marina británica durante la Segunda Guerra Mundial. Su hijo, el príncipe Andrés luchó en la guerra de las Malvinas en 1982, en donde fue piloto de helicópteros en varias misiones.

En la era de la guerra contra el terrorismo, en donde mucho se ha cuestionado la presencia de las tropas británicas en Irak y Afganistán, también ha habido voces de protesta contra la presencia del príncipe en el campo de batalla. Esta podría ser un mensaje claro por parte del gobierno a su negativa de retirarse, por lo pronto, de estos dos países. Y la participación de un miembro de la familia real puede ser vista como una invitación nacionalista a que más jóvenes se unan al ejército, al mostrarlo como un acto valiente de lucha por la patria. Lo que para muchos puede tener varias interpretaciones, para Harry fue simplemente la oportunidad de ser tratado como una persona normal, lejos de los lujos de la vida palaciega y de las responsabilidades del título con el que nació.


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