Jueves, 19 de enero de 2017

| 2004/08/15 00:00

"Hay choque de civilizaciones entre aquellas culturas que siempre han tenido algún tipo de rivalidad"

Enrique Serrano, experto en el Islam, explica las dimensiones, causas y consecuencias del conflicto entre Islam y Occidente.

"Hay choque de civilizaciones entre aquellas culturas que siempre han tenido algún tipo de rivalidad"

ción entre las dos culturas es particular y debe ser tratada particularmente como el propio ción entre las dos culturas es particular y debe ser tratada particularmente como el propio Samuel Huntington lo hace, pues él habla de un mundo cada vez más pequeño en el que las culturas y civilizaciones se acercan y se tocan entre sí. Eso es irrefutable. La famosa globalización sí existe. Lo que pasa es que, primero, no siempre se manifiesta de una forma violenta y, segundo, esa dinámica violenta no tiene necesariamente los cauces de terrorismo y de violencia material que muchas personas creen que debe tener.

SEMANA.COM: O que últimamente se han visto...

E.S.: No, lo que pasa es que se acabó la Guerra Fría y tanto en Oriente como fuera de Occidente empezaron a salir a la luz una serie de problemas que ya se manifestaban o estaban tapados por la Guerra Fría. Pero el problema ha estado ahí durante mucho tiempo.

SEMANA.COM: Frente a eso, algunas versiones señalan que Estados Unidos siempre necesita encontrar un enemigo. Al terminar la Guerra Fría desapareció el comunismo, entonces tuvo que buscar otro que resultó ser el Islam.

E.S.: La sociedad norteamericana por su misma naturaleza busca enemigos, entre otras razones porque es una sociedad que se concibe como triunfante. Esa condición permite el surgimiento de enemigos, ya sean imaginarios o reales. Obviamente, la Unión Soviética era un gran enemigo en el sentido material, un desafío dentro del espectro de Occidente, una manera distinta de ver la sociedad por su economía, cultura y política. Pero fracasó y quedó el vacío, y Estados Unidos como única superpotencia mundial se vio en ese momento obligado a consolidar su poder en el supuesto mundo unipolar. Desafortunadamente, como lo demuestra ción entre las dos culturas es particular y debe ser tratada particularmente como el propio Samuel Huntington lo hace, pues él habla de un mundo cada vez más pequeño en el que las culturas y civilizaciones se acercan y se tocan entre sí. Eso es irrefutable. La famosa globalización sí existe. Lo que pasa es que, primero, no siempre se manifiesta de una forma violenta y, segundo, esa dinámica violenta no tiene necesariamente los cauces de terrorismo y de violencia material que muchas personas creen que debe tener.

SEMANA.COM: O que últimamente se han visto...

E.S.: No, lo que pasa es que se acabó la Guerra Fría y tanto en Oriente como fuera de Occidente empezaron a salir a la luz una serie de problemas que ya se manifestaban o estaban tapados por la Guerra Fría. Pero el problema ha estado ahí durante mucho tiempo.

SEMANA.COM: Frente a eso, algunas versiones señalan que Estados Unidos siempre necesita encontrar un enemigo. Al terminar la Guerra Fría desapareció el comunismo, entonces tuvo que buscar otro que resultó ser el Islam.

E.S.: La sociedad norteamericana por su misma naturaleza busca enemigos, entre otras razones porque es una sociedad que se concibe como triunfante. Esa condición permite el surgimiento de enemigos, ya sean imaginarios o reales. Obviamente, la Unión Soviética era un gran enemigo en el sentido material, un desafío dentro del espectro de Occidente, una manera distinta de ver la sociedad por su economía, cultura y política. Pero fracasó y quedó el vacío, y Estados Unidos como única superpotencia mundial se vio en ese momento obligado a consolidar su poder en el supuesto mundo unipolar. Desafortunadamente, como lo demuestra Paul Kennedy, esa perspectiva de poder también va en un declive relativo y Estados Unidos es cada vez menos poderoso. Eso se nota porque se rebelan contra él, porque hay muchos más intereses que ya no están bajo el control de Estados Unidos y porque dentro de Estados Unidos hay fuerzas que disuelven en alguna medida la tradicional manera de entender el mundo de los gringos.

Además resulta interesante que Estados Unidos se ha estrellado contra actores no estatales como grupos, religiones, empresas y agremiaciones de muy diverso género que no necesariamente son Estados. Pero prefiere limitarse a los Estados enemigos, como Irak. Pero Al Qaeda es diferente a Irak, a Pakistán o a cualquier otro Estado. Bombardear Irak, bombardear Afganistán no resuelve el problema del terrorismo, al contrario, lo acicatea, lo cambia de escenario, pero sigue existiendo como una amenaza potencial que se refina y se sofistica al cabo del tiempo y que adquiere claridad y conocimiento sobre sus propios objetivos. Entonces se desgasta mucho más tirando contra un enemigo abstracto que está en todas partes, que es difícil de detectar. Eso es lo que ha pasado en los últimos años del gobierno de Bush: Estados Unidos se está debilitando no sólo frente a la Unión Europea y otros actores del mundo como China e India. Ya no es el hegemón que era hasta hace 12 años.

Entonces, la tensión entre Islam y Occidente incluye, además de Estados Unidos, a Europa occidental, la Unión Europea de hoy, incluso otros actores de Europa.

SEMANA.COM: ¿A qué razones se le atribuye esa tensión?

E.S.: La tensión continúa por tres razones básicas. Primero, Occidente no crece demográficamente mientras que el ción entre las dos culturas es particular y debe ser tratada particularmente como el propio Samuel Huntington lo hace, pues él habla de un mundo cada vez más pequeño en el que las culturas y civilizaciones se acercan y se tocan entre sí. Eso es irrefutable. La famosa globalización sí existe. Lo que pasa es que, primero, no siempre se manifiesta de una forma violenta y, segundo, esa dinámica violenta no tiene necesariamente los cauces de terrorismo y de violencia material que muchas personas creen que debe tener.

SEMANA.COM: O que últimamente se han visto...

E.S.: No, lo que pasa es que se acabó la Guerra Fría y tanto en Oriente como fuera de Occidente empezaron a salir a la luz una serie de problemas que ya se manifestaban o estaban tapados por la Guerra Fría. Pero el problema ha estado ahí durante mucho tiempo.

SEMANA.COM: Frente a eso, algunas versiones señalan que Estados Unidos siempre necesita encontrar un enemigo. Al terminar la Guerra Fría desapareció el comunismo, entonces tuvo que buscar otro que resultó ser el Islam.

E.S.: La sociedad norteamericana por su misma naturaleza busca enemigos, entre otras razones porque es una sociedad que se concibe como triunfante. Esa condición permite el surgimiento de enemigos, ya sean imaginarios o reales. Obviamente, la Unión Soviética era un gran enemigo en el sentido material, un desafío dentro del espectro de Occidente, una manera distinta de ver la sociedad por su economía, cultura y política. Pero fracasó y quedó el vacío, y Estados Unidos como única superpotencia mundial se vio en ese momento obligado a consolidar su poder en el supuesto mundo unipolar. Desafortunadamente, como lo demuestra Paul Kennedy, esa perspectiva de poder también va en un declive relativo y Estados Unidos es cada vez menos poderoso. Eso se nota porque se rebelan contra él, porque hay muchos más intereses que ya no están bajo el control de Estados Unidos y porque dentro de Estados Unidos hay fuerzas que disuelven en alguna medida la tradicional manera de entender el mundo de los gringos.

Además resulta interesante que Estados Unidos se ha estrellado contra actores no estatales como grupos, religiones, empresas y agremiaciones de muy diverso género que no necesariamente son Estados. Pero prefiere limitarse a los Estados enemigos, como Irak. Pero Al Qaeda es diferente a Irak, a Pakistán o a cualquier otro Estado. Bombardear Irak, bombardear Afganistán no resuelve el problema del terrorismo, al contrario, lo acicatea, lo cambia de escenario, pero sigue existiendo como una amenaza potencial que se refina y se sofistica al cabo del tiempo y que adquiere claridad y conocimiento sobre sus propios objetivos. Entonces se desgasta mucho más tirando contra un enemigo abstracto que está en todas partes, que es difícil de detectar. Eso es lo que ha pasado en los últimos años del gobierno de Bush: Estados Unidos se está debilitando no sólo frente a la Unión Europea y otros actores del mundo como China e India. Ya no es el hegemón que era hasta hace 12 años.

Entonces, la tensión entre Islam y Occidente incluye, además de Estados Unidos, a Europa occidental, la Unión Europea de hoy, incluso otros actores de Europa.

SEMANA.COM: ¿A qué razones se le atribuye esa tensión?

E.S.: La tensión continúa por tres razones básicas. Primero, Occidente no crece demográficamente mientras que el Islam lo hace de un modo exorbitante. Mientras Occidente está cada vez más envejecido, el Islam está cada vez más fortalecido, rejuvenecido y renovado. Segundo, actualmente hay un ción entre las dos culturas es particular y debe ser tratada particularmente como el propio Samuel Huntington lo hace, pues él habla de un mundo cada vez más pequeño en el que las culturas y civilizaciones se acercan y se tocan entre sí. Eso es irrefutable. La famosa globalización sí existe. Lo que pasa es que, primero, no siempre se manifiesta de una forma violenta y, segundo, esa dinámica violenta no tiene necesariamente los cauces de terrorismo y de violencia material que muchas personas creen que debe tener.

SEMANA.COM: O que últimamente se han visto...

E.S.: No, lo que pasa es que se acabó la Guerra Fría y tanto en Oriente como fuera de Occidente empezaron a salir a la luz una serie de problemas que ya se manifestaban o estaban tapados por la Guerra Fría. Pero el problema ha estado ahí durante mucho tiempo.

SEMANA.COM: Frente a eso, algunas versiones señalan que Estados Unidos siempre necesita encontrar un enemigo. Al terminar la Guerra Fría desapareció el comunismo, entonces tuvo que buscar otro que resultó ser el Islam.

E.S.: La sociedad norteamericana por su misma naturaleza busca enemigos, entre otras razones porque es una sociedad que se concibe como triunfante. Esa condición permite el surgimiento de enemigos, ya sean imaginarios o reales. Obviamente, la Unión Soviética era un gran enemigo en el sentido material, un desafío dentro del espectro de Occidente, una manera distinta de ver la sociedad por su economía, cultura y política. Pero fracasó y quedó el vacío, y Estados Unidos como única superpotencia mundial se vio en ese momento obligado a consolidar su poder en el supuesto mundo unipolar. Desafortunadamente, como lo demuestra Paul Kennedy, esa perspectiva de poder también va en un declive relativo y Estados Unidos es cada vez menos poderoso. Eso se nota porque se rebelan contra él, porque hay muchos más intereses que ya no están bajo el control de Estados Unidos y porque dentro de Estados Unidos hay fuerzas que disuelven en alguna medida la tradicional manera de entender el mundo de los gringos.

Además resulta interesante que Estados Unidos se ha estrellado contra actores no estatales como grupos, religiones, empresas y agremiaciones de muy diverso género que no necesariamente son Estados. Pero prefiere limitarse a los Estados enemigos, como Irak. Pero Al Qaeda es diferente a Irak, a Pakistán o a cualquier otro Estado. Bombardear Irak, bombardear Afganistán no resuelve el problema del terrorismo, al contrario, lo acicatea, lo cambia de escenario, pero sigue existiendo como una amenaza potencial que se refina y se sofistica al cabo del tiempo y que adquiere claridad y conocimiento sobre sus propios objetivos. Entonces se desgasta mucho más tirando contra un enemigo abstracto que está en todas partes, que es difícil de detectar. Eso es lo que ha pasado en los últimos años del gobierno de Bush: Estados Unidos se está debilitando no sólo frente a la Unión Europea y otros actores del mundo como China e India. Ya no es el hegemón que era hasta hace 12 años.

Entonces, la tensión entre Islam y Occidente incluye, además de Estados Unidos, a Europa occidental, la Unión Europea de hoy, incluso otros actores de Europa.

SEMANA.COM: ¿A qué razones se le atribuye esa tensión?

E.S.: La tensión continúa por tres razones básicas. Primero, Occidente no crece demográficamente mientras que el Islam lo hace de un modo exorbitante. Mientras Occidente está cada vez más envejecido, el Islam está cada vez más fortalecido, rejuvenecido y renovado. Segundo, actualmente hay un desplazamiento geopolítico, las poblaciones ya no se quedan quietas en sus países si estos tienen problemas, ese desplazamiento tiene repercusiones mundiales inmediatas. El tercer gran problema es que los musulmanes quieren mejorar sus condiciones de vida de manera relativamente rápida, por lo que se están occidentalizando.

SEMANA.COM: ¿Eso implica que cambien su cultura y religión?

E.S.: El Islam admira a Occidente, pero no quiere ser exactamente como Occidente, quiere seguir siendo una sociedad esencialmente religiosa. Esas condiciones crean un mundo necesariamente inestable. No digo yo un ambiente de guerra, pero sí un ambiente inestable.

SEMANA.COM: ¿Esa inestabilidad se puede convertir en un conflicto de grandes dimensiones?

E.S.: Yo creo que no. La guerra de hordas de musulmanes contra ejércitos occidentales no es posible. Lo que se puede dar es una tensión cada vez mayor que produzca terrorismo a mayor escala, la caída de regímenes y gobiernos moderados en estos países para ser reemplazados por gobiernos radicales o aun más radicales que los existentes. Eso generaría, por ende, la necesidad de que Occidente intervenga.

SEMANA.COM: ¿Cómo se manifiesta el cambio en el Islam del que usted habla?

E.S.: Se manifiesta esencialmente porque los jóvenes empiezan a chocar con sus antepasados sobre la forma como se asume la religión en la vida cotidiana. El Islam es una religión que se manifiesta de modo muy intenso en la vida cotidiana, entonces hay determinados grupos que quieren mantenerse al margen de los aspectos religiosos más visibles o más relevantes para ser un poquito más occidentales, para iniciar una transición. Sin embargo, eso choca con dos problemas. Primero, que las sociedades son casi en su totalidad rurales y allí un cambio demora más tiempo en evidenciarse. Segundo, incluso en las grandes ciudades, la vieja generación (de 35 años para arriba) ya nació y creció en un escenario en el que el Islam es absolutamente vital. Entonces no se quiere abandonar de buenas a primeras lo que ha sido y es.

Pero al joven de 18 años le gusta el rock y quiere bailar tecno. Pero eso no lo hace olvidar lo que es y lo convierte en un híbrido. En ese sentido, el Islam tiene problemas porque una buena parte de su población es joven. Esa condición produce una sensación de incertidumbre y pérdida relativa de identidad que revuelve incluso el ambiente político de los países. Un país como Argelia lo sufre desde hace años, mientras que los jóvenes de las grandes ciudades son pro franceses y pro occidentales; la mayor parte de los campesinos y los ancianos son musulmanes pro árabes. Entonces hasta la lengua en la que hablan, cómo viven y cómo se visten refleja un choque cultural. Algo similar ocurre en Marruecos y Egipto. Esos cambios involucran a mucha gente y tienen efectos inmediatos sobre la vida política de los países, por lo que se tiene la sensación de un mundo agitado.

Esa agitación durará décadas y viene gestándose desde hace décadas. Yo creo que la única manera como esto se puede resolver es cuando se pueda crear una cultura simbiótica entre el secularismo occidental y el confesionalismo islámico.

SEMANA.COM: ¿Qué tan conflictiva puede ser esa simbiosis?

E.S.: Bastante. Cambiará el régimen político en Arabia Saudita y empezará a transformar la estructura política de todos los países árabes y de Asia Central. Estos tendrán ejércitos profesionales, gobiernos tecnocráticos, avances tecnológicos y sin embargo, sociedades islámicas. Eso último no va a morir tan rápido como Occidente se imagina. La posición radical de Occidente (sobre todo de los republicanos de Estados Unidos) es errónea al exigirle al Islam que sea tan laico o tan secular como presume que son ellos. Resulta que ellos no son laicos ni seculares, son confesionalistas protestantes. Entonces un tipo tan radical como Bush no se puede entender con un líder musulmán porque lo considera un loco y un fanático, y el líder considera a Bush un loco y un fanático.

SEMANA.COM: Eso obedece un poco a los

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