Viernes, 24 de octubre de 2014

| 2007/05/16 00:00

Historia de un Cacique muerto

La muerte de Alvaro Salón Archila revela uno de los tantos dramas ocultos en Colombia: la muerte de indìgenas. Al menos siete líderes han sido asesinados en las últimas semanas.

Álvaro Salón tenía cuarenta y dos años y dejó quince hijos – once propios y cuatro hijastros-, “todos son míos”, se le oía decir. Fotos: Rosalba Jiménez, Actualidad Étnica

Hablar de Álvaro Salón Archila en Casanare, es como hablar de Berito Cobaría en Boyacá o Ismael Uncacía en Arauca. Son caciques, son líderes indígenas de gran estatura moral y política, son los líderes naturales de sus comunidades. Por eso la gravedad del asesinato de este líder indígena U’wa el pasado 23 de abril, en su propio territorio, el resguardo Chaparral Barro Negro.

Todos lo recuerdan como un hombre alto, fornido, carismático, serio en la palabra, dedicado y comprometido con su comunidad. Tenía cuarenta y dos años y dejó quince hijos – once propios y cuatro hijastros-, “todos son míos”, se le oía decir. Combinaba su trabajo en el conuco –chagra-, donde cultivaba la yuca, con labores de ganadería en pequeña escala.

Era una persona que sabía reconocer sus errores y no vaciló en someterse a la sanción de la comunidad, que castigó sus amoríos con una mujer por fuera de la comunidad. Fue la propia comunidad quien lo llamó, después de seis meses de sanción, para que manejara los destinos de su pueblo.

Él era un líder tradicional, su padre había sido cacique y a su muerte debía sucederlo en el gobierno de la comunidad su hermano Jeremías Salón. Como éste también había fallecido, la responsabilidad cayó sobre Álvaro, pues el cacicazgo en esta comunidad se hereda, al decir de Rosalba Jiménez, una líder indígena Sicuani que compartió con Alvaro muchas experiencias de trabajo.

¿Incidente por mina “quiebra pata”, o asesinato?

Entre los departamentos de Arauca y Casanare se encuentra el Resguardo de Chaparral Barro Negro y Sabanas de Curipao. Para los indígenas U’wa de la región, se trata de su territorio, así esté cruzado por el Río Casanare. Para los mestizos y autoridades administrativas de uno y otro lado del río, son jurisdicciones departamentales diferentes.

Álvaro Salón Archila y Marleny Camargo Salón, él montando una mula y ella un burro, se desplazaban la tarde del 23 de abril –3:30 p.m. aproximadamente-, a su conuco a recoger la yuca para su sustento. Acababan de cruzar un retén militar de la Brigada 16 que cuida la carretera que de Tame conduce a Bogotá, cuando en circunstancias aún no claras cayó muerto el líder indígena.

Las versiones sobre su muerte son confusas. Según una fuente oficial, los militares respondieron al llamado de una mujer que pedía ayuda. En el lugar del incidente, la mujer contó a los militares que oyó una explosión fuerte y cuando volvió a mirar, pues iba unos metros adelante, vio a su marido caído. Fue en ese momento cuando pidió ayuda. Los militares le ayudaron a buscar una ambulancia del Hospital de Tame, a unos 40 minutos del lugar, donde fueron trasladados ella y el cadáver del indígena. Allí, en presencia del Inspector de policía, una médica, el fiscal y el gobernador indígena, se levantó un acta –la Nro. 026-, donde se relatan los hechos. Según esta primera versión, el indígena habría sido víctima de una mina quiebra pata. La señora estaba conmocionada, “atolondrada”, como en “shock”, agregó la fuente.

Para los indígenas U’wa de esta comunidad, los hechos no son claros. La muerte del líder indígena ocurrió a pocos metros del retén militar. En una versión posterior, más reposada, la esposa de Álvaro Salón contó que escuchó primero como un silbido y después una explosión que la dejó aturdida, y cuando volvió en si, vio a su esposo inconsciente tirado entre las piedras del camino. Ella, como pudo, cogió el burro y trató de salir del lugar y “aparecieron de forma inmediata los señores del Ejército de Colombia, de la brigada que por allí opera y quienes pidieron por radio dos ambulancias para trasladar a los heridos y socorrerlos"…

La esposa de Salón también dijo que mientras ella estaba en el hospital le contaron que su esposo había fallecido por efecto de las heridas causadas por "una mina antipersonal o "quiebra patas", de esas que pone o coloca la guerrilla.

La versión sobre la muerte del líder indígena no era clara. ¿Muerto por una mina quiebra patas, cuando el cadáver estaba intacto, sin ninguna mutilación aparente? Esta sola duda fue suficiente para que Marleny Camargo, en compañía del gobernador indígena de esta comunidad, Flaminio Camargo, se opusieran a la realización de la autopsia.

“…Yo, Marlene Camargo Salón… esposa del occiso Álvaro Salón Archila, de 42 años, me opongo, por creencias de nuestra tribu, a la realización de la revisión interna de órganos, haciéndome responsable de posibles complicaciones y exceptuando al médico y director encargado de toda responsabilidad y se proceda a la entrega del cadáver”. Así reza el acta levantada a mano alzada en el hospital de Tame. De esta manera, el cadáver fue llevado a la comunidad para que bajo su responsabilidad se hicieran los trámites jurídicos correspondientes. Lo grave del hecho, fue que el cadáver estaba siendo trasladado de jurisdicción, sin haberse realizado la autopsia.

En Ato de Corozal, pasaron dos días sin que se realizara la autopsia. Sin embargo y ante la posibilidad de que la muerte del líder indígena quedara como un simple incidente de guerra, posiblemente a causa de una mina antipersonal abandonada por algún actor armado, -presumiblemente la guerrilla de las FARC-, los indígenas, acompañados de algunos profesionales comenzaron a revisar con detenimiento el cadáver ya putrefacto del líder indígena, ratificándose su primera impresión: su muerte no había sido causada por ninguna mina antipersonal, que era la versión difundida.

El día miércoles en la noche, el cadáver fue trasladado en una volqueta a la morgue de la cabecera municipal para su autopsia. Inexplicablemente, nadie quería hacer el procedimiento: no había energía eléctrica, la cámara fotográfica “se perdió”. Los indígenas exigieron que se levantara un acta sobre la situación, luego de hacerse el compromiso de que la necropsia se realizaría en las horas de la mañana del día jueves. Así, un grupo de indígenas se quedaron esa noche custodiando el cadáver de su líder, que había quedado solo, desnudo y putrefacto, en la mitad de una morgue.

Al día siguiente, el Fiscal 19 de la Seccional de Paz de Ariporo (Casanare), realizó la diligencia de necropsia por comisión que recibiera del Fiscal Único de Tame (Arauca) en la "Morgue" de Hato Corozal, y acto seguido, el cadáver fue entregado a la comunidad para su entierro.

El médico que realizó el procedimiento no entregó copia del acto a los deudos, comprometiéndose a entregarla a la fiscalía. No obstante, algunos testigos sostienen que el occiso presentaba un orificio de fuego a la altura de la cien y que también presentaba una serie de impactos de perdigones o esquirlas en su cuerpo. Dicen que de ello debe haber constancia en el acta que se levantó por parte de la comunidad y que reposa en los documentos que tiene el Gobernador del Resguardo. Sin embargo, una fuente oficial dijo que al parecer el documento de la autopsia estaba perdido, aunque era posible que el ejército tuviera alguna copia.

¿Qué hay detrás de la muerte de Álvaro Salón?

Álvaro Salón era sin lugar a dudas el más carismático e importante líder indígena del pueblo U’wa de Casanare. Aunque los U’wa son un solo pueblo, localizado en los departamentos de Santander, Boyacá, Norte de Santander, Arauca y Casanare, podría asegurarse que políticamente están más cerca de los clanes U’wa del departamento de Arauca, adscritos a ASCATIDAR, que a los clanes de Boyacá y los Santanderes. Esta cercanía se explica por las reuniones que su comunidad sostuvo a finales del 2006 con un facilitador que actuaba en representación del gobierno nacional, buscando la realización de la consulta previa para la exploración de petróleo en los territorios indígenas de Casanare, y específicamente para el desarrollo del Proyecto Mundo Nuevo.

Como se recordará, luego de concluido el proceso de ECOPETROL con la OXY, el antiguo bloque Samoré fue reestructurado en tres proyectos independientes: Uno, para los alrededores de Gibraltar, denominado Sirirí 3D, operado directamente por ECOPETROL, dados los condicionamientos puestos por las empresas petroleras que no querían revivir en forma alguna el viejo conflicto con los U’was de ASOU’WA; un segundo proyecto, el Catleya 2D, para ser desarrollado por ECOPETROL en asocio con la REPSOL en los departamentos de Arauca y Boyacá, en una proporción del cincuenta por ciento; y un tercer proyecto, el Bloque Mundo Nuevo, que se desarrollará en asocio con la multinacional francesa HOCOL, en los departamentos de Casanare y Arauca, en un contrato de riesgo compartidos.

Justamente, para la implementación de este proyecto se venían realizando las reuniones con la comunidad U’wa de Casanare, en las cuales el líder indígena asesinado era una pieza fundamental. Este hecho poco conocido dejaría fuera de toda sospecha a los miembros de la fuerza pública, a no ser por las amenazas que algunos de sus miembros habían proferido en contra Álvaro Salón, acusándolo de ser colaborador de la guerrilla, según relatan algunos miembros de su comunidad.

Al parecer, los miembros del ejército desconocían el proceso que los indígenas sostenían con el gobierno e interpretaban equivocadamente la gestión de miembros de esta comunidad con el grupo guerrillero para facilitar el tránsito de los facilitadores por su territorio. Por eso, las palabras de un miembro del ejército al llegar al hospital de Tame fueron: “es un colaborador de la guerrilla”, según relató un testigo.

Según Álvaro Salón, el tema de la explotación petrolera había que asumirlo con cierto pragmatismo: “El territorio es uno solo. El suelo y el subsuelo son nuestros, pero frente a los intereses de las empresas petroleras, eso resulta una ficción. Una cosa es realizar la consulta, saber qué tenemos, conocer nuestra riqueza, y otra bien distinta es permitir que la saquen”. Así recuerda un viejo amigo sus opiniones sobre el tema petrolero. Esa misma fuente argumenta que las FARC no tenían ninguna razón para asesinar al líder indígena, pues se hubieran opuesto a las gestiones de esa comunidad con los facilitadores del gobierno.

Otros miembros de la comunidad agregaron que Álvaro Salón había propuesto al gobierno y a ECOPETROL la creación de una Comisión que ayudara en el proceso de saneamiento del resguardo, tanto en la parte de Arauca “Sabanas de Curipao”, como en Chaparral Barro Negro de Casanare.

Por eso tienen sentido las preguntas reiteradas de miembros de estas comunidades, durante el largo viacrusis de su velación:¿Por qué la guerrilla va a colocar una mina de ese tipo en ese camino del resguardo, cuando hace ya bastante tiempo "esos" (sic) están desterrados de la zona, fruto del Plan Patriota, Plan Colombia, Plan de Seguridad Democrática y otros?

Aunque en el conjunto de la región se han presentado incidentes por mina antipersonal, algunos funcionarios consultados y los propios indígenas sostienen que “…el ejército se encuentra allí acantonado hace varios años, y en ese sector nunca se ha escuchado de personas o animales muertos o heridos por esos artefactos explosivos. Que los U´wa nunca han escuchado de eso". Además, “ese camino es un recorrido habitual de los U´wa desde hace muchos años y nunca se han encontrado con una mina antipersonal”.

Frente a las sindicaciones de que Salón era un colaborador de la guerrilla, los indígenas además de negarlas rotundamente hicieron reiterados pronunciamientos manifestando su interés de mantenerse al margen del conflicto armado, reivindicando “que su lucha es por la paz y no hacerle daño a ningún ser humano ni a la madre tierra, e incluso ante la guerrilla también se han parado firmes en esa posición de paz, y han pedido siempre que les respeten su territorio y sus vidas”.

Las consecuencias de esta muerte

Analizando la posibilidad de que la muerte del indígena hubiera sido causada por una mina antipersonal, los líderes indígenas encuentran inexplicable que ni el burro ni la mula hubieran recibido heridas de consideración, “salvo algunos desparramados perdigones en sus cuerpos, que algunos se atrevieron a decir son perdigones de granada de mano”. Aunque el burro apareció desde el día del incidente, la mula sólo fue encontrada el día que los indígenas se desplazaron al lugar a realizar un ritual, una ceremonia en homenaje a su líder muerto, a pocos metros de allí, amarrada y con leves heridas.

Son muchas las dudas que existen alrededor de la muerte de Álvaro Salón, pero ¿cuales son las consecuencias inmediatas de este hecho? Los indígenas de la comunidad del líder inmolado fueron contundentes: “Los u’was de Casanare no entraremos a consulta mientras no se aclare la muerte del cacique”.

Posición similar podrían estar asumiendo los indígenas de Arauca, para quien el líder asesinado es uno de sus principales pilares. Los dirigentes de Asou’wa, aunque todavía no se ha expresado una posición oficial al respecto, han venido impulsando la realización de un congreso de todo el pueblo u’wa, que aparte de ayudar al fortalecimiento de su proceso organizativo, les permita proyectar su estrategia petrolera a los U’was de Arauca y Casanare.

El crimen de Álvaro Salón no puede mirarse como un simple homicidio. Su condición de cacique y líder indígena, su pertenencia a una comunidad que hoy presenta los más altos niveles de confrontación con el gobierno, los testimonios de posibles amenazas contra su vida, su condición de interlocutor con el gobierno para viabilizar la realización de la consulta previa en su territorio, la presencia del ejercito a poca distancia del acto criminal, en fin, su condición de persona para la cual el estado debe contar con las mas amplias medidas de protección, convierten este caso en un verdadero talón de Aquiles para el gobierno, pues su muerte bien puede ser calificada como un verdadero genocidio, dadas sus condiciones de autoridad indígena destacada.

Lo cierto es que este hecho se produce en un momento poco afortunado para los propósitos del gobierno. Para el mes de julio está programada la audiencia de la CIDH, convocada a instancias del gobierno colombiano para entregar los avances del estado colombiano en la aplicación de las recomendaciones de la Comisión OEA-Harvard, y que fue acogida como propia por la Comisión.

En un informe especial de la Fundación Hemera, se evidenció la posición de los u’was de hacer hincapié en la situación de los derechos humanos en su territorio, aunque ese punto, según el gobierno, no hace parte de las recomendaciones. No obstante, los u'was no desaprovecharan la ocasion para llevar este caso a la CIDH, buscando que la Comision, como minimo, delegue una comision a su territorio para compilar pruebas que permitan el esclarecimiento de los hechos.

Esta es una nueva piedra en el zapato que le sale al gobierno en este proceso, y si quiere manejar con solvencia la situación tendrá que tener respuestas claras frente a los señalamientos de responsabilidad en la muerte del líder indígena U’wa que se le hacen a los miembros de la fuerza pública. Del esclarecimiento de estos hechos, dependerá el proceso con los U’was en el inmediato futuro

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